*Narra David*
Lucía estaba tan guapa como siempre. ¿Qué digo? Lo estaba más que nunca. Me fui acercando al lugar en el que habíamos quedado y escuché como ella me saludó.
- ¡Hola guapísima! - Contesté ya a su lado.
- ¿Qué tal todo? - Me preguntó mientras recorríamos aquellas calles.
- Muy bien, por la mañana he estado con los chicos y tal. ¿Qué tal tú?
- Bueno, un día un poco aburrido, pero ahora bien. - Al terminar la frase me mostró aquella sonrisa.
Estuvimos caminando mientras nos contábamos lo que nos había pasado estos días y, a la media hora, decidimos entrar en un Starbucks a tomar algo.
- ¿Subimos a la parte de arriba? - Pregunté y ella asintió. Subimos las escaleras hasta llegar al piso de arriba y, ya con nuestros cafés, nos sentamos en la mesa más cercana.
- Ven, vamos a hacernos una foto con los vasos y la subimos a Instagram. - Lucía se levantó después de decirme esto y, como estaba sentada enfrente de mí, se colocó a mi lado para la foto. - Ya está.
- Me encanta, salimos muy bien. - Contesté al ver en la pantalla del móvil la foto que nos acabábamos de hacer.
- Ya está subida. - Los dos dimos un sorbo a nuestras bebidas. - Espérame un momento, voy al baño, ahora vengo. - Dejó el móvil sobre la mesa y se marchó. La pantalla se iluminó, era un WhatsApp. 'Mi pequeño'. ¿Quién era? No quería mirar, pero necesitaba saber qué la había dicho. No hizo falta desbloquear el móvil para mirar aquel mensaje, eso me facilitó la tarea. 'Cielo, necesito hablar contigo cuanto antes... Te amo.' Increíble. ¿No se supone que lo habían dejado?
- Ya estoy aquí. - Dijo Lucía sentándose sonriente.
- Me tengo que ir Lucía, tengo que ir a ver a un amigo. Lo siento. - No quería estar con ella el resto de la tarde si me había mentido.
- No pasa nada, por lo menos he podido estar contigo este ratito. - Los dos nos levantamos, ella para despedirse, yo para irme a mi casa.
- ¡Adiós! - Dije moviendo la mano ya alejado de ella.
*Narra Álvaro*
- Ya hemos llegado. - Dijo mi pequeña.
- Elena, mira tu pie, ponte hielo ahora mismo. - Dijo Ana señalando el tobillo de la morena del flequillo.
- Sí mamá, no te preocupes. - Los cuatro reímos.
- Bueno chicos, nosotros nos vamos ya. ¡Mejórate! - Dijo Carlos agarrando la mano de Ana para ir a dar una vuelta.
- ¡Hasta mañana! - Dijimos Elena y yo a la vez.
Los dos entramos en la casa. No había nadie más. Mientras ella se tumbaba en su cama yo fui a la cocina para coger el hielo.
- No lo veo. - Dije elevando la voz para que me escuchara.
- Está arriba en el cajón pequeñito del congelador. - Abrí el cajón que ella me indicó y saqué el hielo. Lo envolví en un trapo y me dirigí a su cuarto.
- ¿Te duele mucho? - Dije acercándola el hielo.
- Bueno, un poco. - El paño rozó su tobillo. - ¡Ay!
- ¿Qué pasa? - Dije extrañado.
- Jo, que está muy frío.
- Creo que eso es normal, pero no estoy muy seguro... - Me acerqué a ella y probé sus labios una vez más.
- ¿Me haces un favor? - Me preguntó incorporándose para hacerme un hueco en el colchón.
- Dime cariño.
- Necesito que abras ese cajón, - Señaló uno de los cajones que había en la cómoda de su habitación. - y me traigas la tobillera.
- ¿Me vas a tener de sirviente?
- Si quieres me levanto yo... - Me dijo bromeando.
- ¡A ver quién llega antes!
- ¿Pretendes que vaya a la pata coja?
- Anda, ya voy yo, pero porque eres tú que si no... - Antes de terminar la frase Elena ya me había callado con un beso. Con un beso perfecto.
- Te quiero. - Me dijo.
- ¿Pero sólo por ser tu sirviente?
- Simplemente por ser tú, el chico del que estoy enamorada. ¿Te parece poco?
- Me parece que te tengo que decir algo. - Me puse serio para asustarla.
- Álvaro, ¿qué pasa? Cuándo te pones así me asustas...
- Tengo que decirte que yo también me he enamorado. De una chica que por lo menos para mí es perfecta. No es muy alta, es morena y creo que no hay nada que la guste más que bailar. Tiene unas amigas que están un poco locas, como ella, pero no me importa. Al fin y al cabo yo tampoco soy 'muy normal'. - Elena rió. - Quiero decirte que amo con locura a esa chica, que me he enamorado muy rápido de ella y que a su lado la vida es perfecta. Quiero decirte que gracias, gracias por quererme y por estar a mi lado. - Y para terminar, me acerqué a ella hasta que, lentamente uní mi rostro al suyo. - Te amo. - Y la besé.
*Narra Rocío*
- Ah bueno, esta película es muy normal eh... Yo también quiero que me salga una mano de debajo del mueble de la cocina...
- Tss. - Dijo Dani poniéndome un dedo en los labios para que me callara. - Ya verás el final...
- Tú y las películas de miedo que tanto odio...
- No me digas eso... Me haces sentir mal...
- Deberías sentirte mal, ¡esta noche no voy a dormir por tu culpa! - Dije poniendo morritos para hacerme la enfadada.
- ¡Que pava que eres! - Los dos nos reímos y seguimos viendo la película.
Una hora después ya había terminado. La verdad es que tenía razón, el final era bastante bueno, pero no le iba a dar la satisfacción de decírselo para que me dijera 'te lo dije' como solía hacer.
- ¡A que te ha gustado!
- Me ha gustado pasar contigo la tarde, pero la próxima vez elijo yo la película... - Contesté mientras llevaba el cuenco de las palomitas a la cocina.
- Ya veremos... - Dijo siguiéndome y riéndose.
- ¿Cómo que ya veremos?
- Es que luego me pondrás esa de los vampiros y los lobos... - Risa, risa y más risa. Es verdad, la verdad es que pretendía ver Crepúsculo o alguna de la saga. Me encantaban.
- Qué tonto que eres... - Le dije sonriéndole.
- Anda tonta, ven aquí. - Me agarró de la cintura acercándome a él lentamente. - Me encanta tenerte aquí... - Comenzó a entonar susurrando en mi oído.
- ¿Te han dicho alguna vez que eres el rubio más increíble de todos?
- ¿Sólo de todos los rubios?
- Bueno, para qué mentirte, para mí de todos los rubios, morenos, pelirrojos y demás. - Sonrió.
- ¿Tanto me parezco a ti? - Se fue acercando más a mi hasta que mi nariz rozó con la suya. - Yo creo que aquí la única increíble eres tú. - Terminé besándole, no aguantaba ni un segundo más tan cerca de él sin poder besar aquellos labios.
*Narra Blas*
- ¿Mejor princesa? - La pregunté al separarnos.
- Muchísimo mejor. Gracias por poder sacarme una sonrisa chiquitito.
- No se dan boba, para eso estoy. - La cogí las dos manos. - Te quiero.
- Y yo. - Dijo sonriéndome una vez más.
- Pero no tanto como yo cielo.
- ¿Qué no? Bueno, ¡qué mentirosillo!
- ¿Yo? ¿Mentiroso? Voy a llorar... - La di la espalda haciendo el tonto.
- ¡Uy! ¡Pues me enfado yo también!
- No eres capaz. - La dije volviéndola a mirar y la saqué la lengua.
- La verdad es que no... - Reímos y me acerqué a ella. La di un abrazo y me di cuenta de que otra vez estaba pensando en cuándo me mancharía. Resbalaba otra lágrima en su mejilla haciendo que otra igual resbalara por la mía.
- Clara, te juro que no me vas a perder nunca, te quiero, te quiero muchísimo y eso la distancia no lo va a cambiar. Te llevaré a todos los lados que vayamos, a cada lugar. Haré lo que sea para que, si vuelvo a ver otra lágrima tuya, sea sólo de felicidad.
- Me alegro de tener a la mejor persona del mundo a mi lado. - Y esta vez, ella lloraba de emoción. - Gracias. - Y llegó otro beso mejor que el anterior.
* Narra Lucía*
En cuanto terminé mi café me fui a casa. La verdad es que había estado bastante bien poder haber pasado la tarde con David. Le echaba mucho de menos y, aunque sólo hayamos podido estar juntos una hora escasa, me lo había pasado genial. Saque el móvil del bolsillo del pantalón en el que lo había guardado y vi que tenía un WhatsApp.
'Cielo, necesito hablar contigo cuanto antes... Te amo.' Era de Adrián. Mierda, se me había olvidado cambiar el nombre, aún le tenía como 'Mi pequeño'. Decidí no contestarle, ya lo haría más tarde y, después de guardarle como 'Adrián' metí el móvil de nuevo en mi bolsillo. Me quedé pensando en qué querría. Ya le dije que me equivoqué y que no quería estar con él. Espero que no insista pero, nunca se sabe...
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