lunes, 2 de septiembre de 2013

Capítulo 11.

*Narra Álvaro*

Miré el reloj. Eran casi las cinco. Me había despertado, no me podía dormir y sabía perfectamente el motivo. Había quedado con ella por la mañana. Pero no era como las otras veces, siempre que hemos quedado ha sido con los demás. Esta vez podría hablar con ella más tiempo, pasar con ella una mañana entera. Por la tarde quedaríamos con los demás e iríamos a visitar el parque Europa, espero que para esa visita ya estemos juntos. Me imagino yendo a los dos de la mano, como hacían Carlos y Ana y ahora Blas y Clara. Yo también quería estar así con Elena. Las palabras que me dijo Blas me hicieron reflexionar. Él tenía razón. 

Ya había llegado la hora, llegué puntual, a las doce y media. Ella no llegaba y me estaba poniendo muy nervioso. ¿La habrá pasado algo? Marqué su número de teléfono ya que ya era casi la una. En ese momento la vi llegar algo sofocada, venía corriendo.
- Lo siento Álvaro, había perdido el autobús. - Me dio dos besos.
- Tranquila. ¿Vamos a dar una vuelta? Me gustaría decirte una cosa.
- Vale. - Comenzamos a andar en dirección a ninguna parte en concreto. 
- Elena... No aguanto más. Te quiero y quiero estar...
- ¡Cielo! ¿Qué haces aquí? - Elena salió corriendo y abrazó a un chico. Lo abrazó y lo besó. ¿Qué? En ese momento sentía que me moría.
- Mira Álvaro, este es Raúl, es el vecino de Ana y hemos empezado a salir hace poco.
- ¿Quién es este? - Dijo Raúl extrañado.
- Nadie cariño, sólo es un amigo. - Y le volvió a besar.

Me desperté, maldita pesadilla. 'Sólo es un amigo'. Esa frase se me quedó grabada. Yo tenía la culpa de eso, de que sólo fuéramos amigos. Volví a mirar el reloj. Eran casi las diez. Vaya, si que había dormido. Me levanté de la cama y fui a ducharme, cuando terminé me vestí y fui a tomar algo para desayunar. No paraba de darle vueltas a lo que acababa de soñar, lo había pasado realmente mal. En ese momento sonó mi móvil. Miré la pantalla y era un mensaje de Elena. Tres, dos, uno y... Ya estaba otra vez esa inevitable sonrisa.
' ¡Buenos días pequeño! Aunque la pequeña sea yo... Jajaja. ¡No llegues tarde eh! ¡Que luego me aso de calor!
Me voy a desayunar algo, ¡te veo en breve! (: '

Ese mensaje ya me había hecho olvidar todo. Esa pesadilla, mis miedos, ahora estaba mucho mejor. 

*Narra Elena*

Ese día si que me había levantado temprano, bueno temprano para mí. Me desperté a las nueve y media cuando tranquilamente puedo dormir hasta la una, sí, duermo mucho, demasiado.
Ya me había duchado y arreglado. Terminé de desayunar y fui al baño a lavarme los dientes. Entré en mi habitación. ¿Dónde había dejado mi móvil? Ya estaba como siempre... ¿En la cama? No. ¿En la mesa de mi cuarto? Nada. ¿En el baño? Tampoco. Entonces oí como sonó, me habían mandado un mensaje. Fui al salón y ahí estaba, debajo de los cojines del sofá. Mi cabeza y yo, era un despiste de verdad. Miré qué había sido lo que hizo sonar mi móvil hace escasos segundos.

'¡Buenos días ENANA! Yo soy muy puntual, no llegues tarde tú :P
Ahora te veo PEQUEÑA. Para qué veas que aquí el mayor soy yo!!! Muakaaaa'

Qué graciosillo... La verdad es que consiguió sacarme esa sonrisa otra vez, miré la pantalla del móvil y eran casi las once y media. Como no saliera de casa ya si que llegaría tarde. Cogí el bolso y fui a la parada de autobús más cercana. Tenía muchas ganas de verle. 
Saqué los cascos ya montada en el autobús y empecé a escuchar música. 
Una hora después ya estaba allí, en la puerta del Retiro en la que habíamos quedado. No le veía. Miré el reloj, faltaba un minuto para que fueran y media. 'Aún no habrá llegado' pensé. Poco tiempo después alguien me abrazó. Era él.
- ¡Álvaro! Al final he sido yo quien ha llegado antes. - Le saqué la lengua.
- Bueno, perdón, que he llegado - Miró el reloj. - Tres minutos tarde. ¿Me disculpa señorita? - Nos dimos dos besos.
- Bueno... Si me compras un helado puede que sí. - Los dos reímos y fuimos a un puesto en el que vendían helados.
- ¿De qué lo quieres? - Me miró.
- Mmm... Creo que me voy a coger el cono de nata.
- Pues otro para mí.
- Copiota...
- ¡Encima que te voy a invitar! - Dijo mientras pagó los helados.
- ¿Te recuerdo quién ha llegado tarde?
- Es verdad, lo siento. No sé en que estaba pensando dejándote tres minutos esperando en la puerta. - Carcajadas y más carcajadas.
- ¿Vamos a algún banco?
- ¿Ya estás cansada? Mal, muy mal. 
- Hace calor, mucho calor. ¿Quieres dar una vuelta mientras el sol acecha?
- Tienes razón, busquemos un banco.
- A la sombra.
- A la sombra.
- Copiota.
- Enana. 
- No vale, jo.
- Yo te quiero igual, pequeña.
- Mira que eres mono Smiler. - Le abracé.

*Narra Álvaro*

Fuimos hacia el primer banco que encontramos a la sombra. Estaba nervioso por decírselo. Muy nervioso.
- Eso por llamarme enana. - Elena me manchó la nariz con su helado.
- Bueno... ¿Guerra?
- No, es sólo como venganza. - La manché la cara mientras terminaba la frase.
- ¡Pero no me manches! 
- Muy bonito, muy bonito. ¿Tú a mi me puedes manchar y yo a ti no? - Elena sacó un pañuelo y se limpió el helado de la cara.
- Efectivamente. Y ahora, si me prometes no volver a mancharme te dejo que te limpies con este precioso clinex.
- ¡Qué honor! - Me encantaba hacer el tonto con ella, siempre acabábamos riendo.
- Ya lo sé, ya lo sé, creo que soy demasiado buena. - Me acercó el pañuelo y me limpié yo también.
Llegamos al banco que estábamos buscando y nos sentamos.
- Esto me recuerda a nuestra canción.
- Cuando apareciste corriendo hacia mí. - Elena empezó a entonar la canción.
- Feliz como una niña comenzaste a decir. - La seguí cantando.
- Serás el primero en saber que por fin me he enamorado. - Acabó diciendo. Eso me recordaba varias cosas. La primera, que yo me había enamorado y se lo tenía que decir, la segunda, me recordaba al sueño, aún seguía guardando esa imagen de Elena besando a ese chico. - Esta canción siempre la canto con Ana, nos gusta mucho. - Yo aún seguía pensando. - ¿Hola? ¿Álvaro?
- Perdón. Estaba a lo mío. - Reí. - Voy un momento a por una botella de agua, ahora vengo.
- Espera, voy yo, que me voy a comprar algo para comer.
- Te acompaño. - Dije casi levantándome del banco.
- No, enserio no hace falta. A demás se te ha puesto un poco de mala cara, será por el calor que hace. Yo no tardo nada, el puesto está aquí al lado.
- Bueno, vale. - Tras esto vi como Elena se alejaba a comprar algo. Se lo tenía que decir ya. Sí, se lo diría cuando volviera, será lo mejor.
Cinco minutos, diez, quince... ¿Dónde estaba Elena? Esperé un poco más y como no llegaba fui a buscarla. Caminé hacia un puesto que estaba no muy lejos de aquel banco y la vi. Estaba sonriente hablando con un chico. ¿Soñando otra vez? No, esta vez era verdad. No me vio así que me quedé observándoles un rato, hablaban y reían hasta que Elena miró el reloj, pronto reaccionó y se despidió de aquel chico. Nada, sólo un pequeño abrazo. Volví al banco antes de que se diera cuenta. Puede que una pequeña lágrima resbalara por mi mejilla, sí, simplemente por verla con otro, por el sueño que había tenido, por las palabras que me había dicho Blas. No podía más. Sabía que debía decírselo, pero no podía. Ahora sí que no. No tenía ni ganas ni fuerzas.
Vi como Elena vino hacia mí y se sentó en el banco con un par de botellas de agua y una bolsa de palomitas.
- Lo siento Álvaro, me he encontrado con un amigo, nos hemos puesto a hablar y se me ha ido la hora.
- No pasa nada. - Creo que soné algo seco.
- ¿Pasa algo? - Siempre notaba cuando estaba mal. Bueno, no era tan difícil averiguarlo.
- No, nada, hace mucho calor... Y eso...
- Álvaro a mi no me mientas. ¿Qué te pasa? - ¿Que qué me pasa? Que me gustas, desde hace casi un mes. Que no soporto cuando estás al lado de otro chico aunque sólo sea hablando porque sois amigos. Que me gustaría poderte coger de la mano y no soltarte nunca. Pero no, no podía decírselo. 
- Nada en serio, es que... Me encuentro un poco mal.
- ¿Quieres que vayamos a comer algo? - Miró el reloj. - Son casi las dos y a las cuatro hemos quedado en casa de Dani para ir juntos al parque Europa, si comemos ya nos da tiempo. - Me sonrió, no podía resistirme a aquella sonrisa y, aunque me pareciera imposible, consiguió que yo también sonriera.
- Sí, mejor vamos ya que luego no nos da tiempo. ¿Dónde comemos? - Los dos nos levantamos del banco.
- A mi me da igual, donde tú quieras.
- Mmm... Creo que por aquí cerca hay un Vips, podemos ir.
- Por mi encantada.
Fuimos al restaurante y una hora después ya habíamos comido. Yo ya estaba mejor, gracias a ella. Era muy raro, estaba mal por ella y ahora bien también por ella, sí, muy raro. Cogimos un autobús y en poco menos de una hora ya estábamos en casa de Dani. Ahí ya estaban todos, bueno, Lucía esta vez tampoco había venido y vi a David un poco triste. Pero aquella tarde prometía, iba a ser genial, lo sabíamos todos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario