domingo, 22 de septiembre de 2013

Capítulo 18.

*Narra Rocío*

Esta tarde trabajaban mis padres y tenía la casa para mí sola. Antes solía invitar a todas y hablar de nuestras cosas, hacernos fotos o cualquier chorrada. Pero hoy era diferente, había invitado a Dani para ver una película juntos, aún no sabía cual, él me dijo que era una que le gustaba mucho y con un final que me iba a sorprender. ¿Qué sería? ¿Romántica? ¿De acción? ¿De miedo? No, de miedo mejor no, que luego me asusto y chillo. Aunque bueno, para chillar con las películas de miedo ya están Elena y Ana, menudos pulmones que tienen... Recuerdo la vez que fuimos todas a ver Saw en casa de Ana, daban más miedo los gritos de esas dos que la película.
Terminé de comer y recogí la mesa. Fui al baño a lavarme los dientes y empecé a pensar en qué podía ponerme. Tampoco iba a ir arreglada, tan sólo Dani venía a mi casa, pero no quería ir de andar por casa.
- Rocío, nos vamos ya. Llegaremos un poco tarde a casa, que tu padre y yo cenaremos fuera. - Dijo mi madre mientras recorría el pasillo para entrar en el baño en el que estaba.
- Vale, luego os veo. - Dije aclarando mi cepillo de dientes.
- ¡Hasta luego hija! - Escuché decir a mi padre de fondo.
- Adiós papá. - Y tras esto los dos salieron de casa.
Cogí mi iPod y el altavoz que tenía, lo enchufé y, poniendo la música en aleatorio, comenzó a sonar 'Sentado en el banco'. Se me escapó una sonrisa mientras abría el armario.
- No imaginabas que soñaba en secreto que te comía la sonrisa a besos. - Comencé a cantar mientras revolvía las perchas e investigaba la ropa que había colocada en mis cajones. Justo después, mi móvil comenzó a sonar.

*Llamada telefónica*

- ¡Feo!
- Cuando apareciste corriendo hacia mí. - Empezó diciendo Dani.
- ¿Lo escuchas? - Respondí.
- Feliz como una niña comenzaste a decir. - Ignoró mi pregunta.
- Vale, eso es un sí.
- Cielo, ¿a qué hora voy? - Acabó diciendo.
- Mis padres se acaban de ir así que...
- ¿Salgo ya de casa? - Me interrumpió Dani.
- No, aún no. - Contesté rápido. Aún tenía que arreglarme, recoger lo que había dejado por el salón y mi habitación, no me había dado tiempo antes y no quería que viera así la casa.
- ¿Y eso? 
- Ya te explicaré luego bobo, ahora me tengo que vestir y eso, ¿vienes a las cinco y media?
- Ya entiendo, la chicas tardáis mucho en arreglaros. Rocío que no vamos a salir a la calle, no pasa nada, - Rió. - pero bueno, a esa hora me parece bien.
- ¡Pero tampoco te voy a recibir en pijama! - Dani soltó una carcajada.
- Bueno, así aprovecho para echarme la siesta, que hoy estoy muy cansado.
- ¿Eres el bello durmiente? - Pregunté riendo.
- ¿Y tú eres mi princesa?
- Qué tonto eres. Anda, que duermas mucho. ¡Pero luego no llegues tarde!
- Eso intentaré... ¡Te quiero muchísimo!
- Está claro que yo más. - Contesté con una sonrisa tonta que conseguía sacarme cada vez que hablábamos.
- No sé, fíjate que yo creo que no...
- Hazme caso Danielo...
- Lo que diga la princesita. - Reímos y un par de minutos después 'discutiendo' el tema, los dos colgamos.
Como no sabía qué ponerme preferí recoger primero y luego ya decidirme. Quité todas las carpetas y apuntes que tenía en mi mesa y que había utilizado este curso y las guardé en una estantería con los demás libros y cuadernos. Fui al salón y coloqué un poco los cojines del sofá, lo que había de por medio y me volví a mi habitación. Abrí el armario de nuevo y unos veinte minutos más tarde, después de haberme probado varias cosas y haberme mirado en el espejo muchísimas veces, encontré la ropa que me iba a poner. Me vestí y fui al baño. Ese día aún no me había maquillado y ya era hora. Un rato después salí lista para cuando mi rubio viniera.
Me puse a leer algunos tweets que había puesto la gente. Encontré uno de Carlos en el que nombraba a Ana, Álvaro y Elena y ponía el enlace de una foto en la que salían los cuatro. También vi otro de Clara 'Ya echo de menos al bobo este. Quererle es poco.' Creo que hoy todos teníamos los mismos planes o muy parecidos, quedar con nuestra pareja.
Apagué el ordenador en el que estaba cotilleando Twitter y miré el reloj. Faltaban menos de diez minutos para que Dani llegara. Fui a la cocina para ver si había algo para picar mientras viéramos la película. Encontré una bolsa de palomitas de esas que se hacen en el microondas. Decidí calentarla ya para que cuando Dani viniera estuviera todo preparado.
'Pi pi, pi pi', ya estaban listas. Las volqué en un cuenco bastante grande y lo llevé a la mesa del salón, en ese momento alguien llamó al timbre. Miré por la mirilla y vi que detrás de esa puerta estaba mi rubio preferido.
- ¡Dani! - Dije abriendo la puerta.
- Hola cariño. - Tras esto me dio un beso. - ¡Qué bien huele!
- Serán las palomitas. - Dije señalando el cuenco que había dejado en la mesa.
- ¡Palomitas! - Dani corrió hasta el sofá y cogió un puñado de palomitas.
- Creo que no hace falta decir a quién me recuerdas... - Me acerqué hasta él recordando la pequeña obsesión que tiene Carlos con la comida. Bueno, ¡de pequeña nada!
- Mira, esta es la película. - Dani extendió su brazo cogiendo la película que íbamos a ver.
- Presencias extrañas. - Leí la carátula. - ¿De miedo? ¡Qué luego no duermo!
- Ya verás que te gusta, está muy bien.
Pusimos la película y comenzamos a verla. Minutos después ya me había asustado un par de veces.
- Anda, ven aquí. - Me acerqué a Dani y me abrazó. Los dos continuamos viendo aquella película acurrucados.

*Narra Clara*

- ¿Bajas ya chiquitito? - Dije respondiendo cuando Blas descolgó su telefonillo.
- Ya voy, no tardo. - Minutos más tarde Blas ya estaba a mi lado. - ¡Princesa! - Se acercó y me besó.
- ¿Qué tal todo hoy? - Pregunté mientras me cogía de la mano y comenzábamos a andar.
- Muy bien. Magí nos ha dicho varias fechas más de conciertos, ¡en esta gira vamos a ir a todas partes!
- Me alegro cielo. Me encanta que los cinco estéis cumpliendo vuestro sueño.
- ¿Sabes lo que me encanta a mí? Poder estar cumpliendo mi sueño a tu lado.
- Te quiero. - Me aproximé a sus labios y le besé. Probablemente fue el mejor beso de todos.
- ¿Quieres que nos acerquemos al Retiro a dar una vuelta? Está aquí al lado. - Asentí y unos diez minutos más tarde ya estábamos allí.
- Esto lo digo por ti, yo creo que sería mejor que me soltaras la mano. Aquí puede haber auryners y, hablando desde la experiencia, lo primero que sospecharían es que somos pareja. No quiero que ahora empiecen con rumores ni cosas de esas... - Y casi antes de terminar la frase un grupo de adolescentes se acercó a nosotros y le pidieron varias fotos a Blas.
- ¿Cómo te llamas? - Me preguntó una de ellas.
- Clara. - Dije sonriendo.
- ¿Sois pareja? - Preguntó otra de las adolescentes. Me quedé bloqueada y fue Blas quién contestó.
- No, no, es una amiga mía. - Poco después el grupo de chicas se fue y los dos seguimos dando una vuelta. - Creo que esa ha sido la frase que más me ha dolido decir en mi vida.
- No sabía que había gente que fuera tan directa y preguntara tan... De sopetón. - Blas rió, ya estaría acostumbrado pero claro, era la primera vez que me pasaba a mí.
- Ven, vamos a un  parque que hay aquí cerca. - Me volvió a dar la mano y llegamos a un parque bastante retirado. No había nadie y nos sentamos en el banco más próximo. - Aquí no nos molestará nadie.
- Blas... Te voy a echar de menos cuando os vayáis a todos los lugares en los que tenéis conciertos... - Dije bajando la cabeza.
- Anda, mírame. - Levanté la mirada y me encontré con sus ojos, los más bonitos que existían, y con su sonrisa. Me aliviaban, pero no me curaban. - Probablemente en muchos de los lugares a los que vayamos nos podréis acompañar, a las demás les pasará lo mismo y también querrán estar con los chicos. A mí tampoco me gustará estar lejos de ti, sin tu sonrisa, tus abrazos, tus besos. Tengo que decirte que eres perfecta, o al menos para mí, que aunque estemos separados te voy a querer incluso más. - Una pequeña lágrima resbaló por mi mejilla.
- Eres increíble. - Blas me abrazó y consiguió que me olvidara de todo.
- No pequeña, no me parezco tanto a ti. - Me sonrió y nos fundimos en un largo beso.

*Narra Ana*

Íbamos los cuatro caminando y haciendo el tonto, eso era muy normal en nosotros.
- Carlos... ¿Me dejas que me pruebe tu sombrero? - Dijo Elena poniendo sonrisa de niña buena, era raro que no se lo hubiera pedido antes, a ella le gusta mucho probarse sombreros, gafas y cosas así.
- ¿Y quieres que mi hermoso cabello despeinado vea la luz?
- ¡Sí! - Elena se acercó a Carlos y le quitó el sombrero.
- ¡Dámelo! - Elena salió corriendo y Carlos detrás de ella.
- ¡A que no me pillas! - Dijo Elena dándose la vuelta y sacándole la lengua.
- Es como una cría... - Dijo Álvaro sonriendo.
- Y te aviso, está como una cabra. - Le contesté.
- ¿Y tú no? - Me preguntó levantando las cejas.
- Es por su culpa, ¡es una mala influencia!
- Excusas...
- Sí, más bien. - Los dos reímos y vimos como a lo lejos Elena se tropezaba y caía al suelo, seguía siendo la misma torpe de siempre.
Álvaro parecía algo preocupado, la verdad es que se había pegado un buen golpe. Andando rápido nos acercamos hacia ella.
- ¿Estás bien? - Pregunté. Elena no paraba de reír, esa era la primera fase cuando se caía, primero reía, luego explicaba su caída y después se quejaba de lo que le dolía.
- ¿Te has he hecho daño? - Preguntó Álvaro. Mientras Carlos cogía su sombrero y se lo colocaba.
- La tienes que dejar un par de minutos más y se la pasa el ataque de risa. - Dije yo.
- Ay, que golpe más tonto. Creo que me he tropezado con algo y me he caído. - Acabó diciendo Elena, acto seguido se levantó e intentó ponerse de pie. - Pff... Me duele bastante. - Dijo señalando el tobillo izquierdo.
- A lo mejor te lo has torcido. - Dijo el rubio mirándola el pie.
- ¡Otra vez! - Dijimos mi mejor amiga y yo a la vez y nos reímos como si lo hubiera mañana.
- ¿Te lo habías torcido antes? - Preguntó Álvaro ayudándola a incorporarse.
- Sí, dos veces, estoy acostumbrada. Pero que esto luego se me pasa, ¡que yo no me voy a quedar sin piscina!
- Anda, sube. - Dijo Álvaro mientras se disponía a cogerla a caballito.
- Esto lo tengo que tuitear ya... - Dijo Carlos sacándose el móvil de su bolsillo.
Los cuatro acompañamos a Elena a su casa mientras su tobillo cada vez se hinchaba más.

*Narra Lucía*

Ya casi era la hora, yo llegué unos minutos antes, quizás por lo nerviosa que estaba, porque no me gustaba llegar tarde y menos si era porque había quedado con él. Podía sentir como mi pulso cada vez se aceleraba más. Sabía el porqué. Ese chico se estaba aproximando a mí con esa sonrisa de la que, ya segura, estaba enamorada.
- ¡Hola David!

No hay comentarios:

Publicar un comentario