*Narra Elena*
Pasaban las horas, los días y los meses. Nada. Ninguna palabra más, ningún abrazo, ningún beso. Hacía tiempo que no le veía y, aunque no estuviéramos juntos desde aquel verano en el que acabaron sucediendo tantas cosas, le echaba de menos. No conseguía olvidarle. Olvidar su mirada, su sonrisa... Todo había cambiado, había cambiado demasiado en tan poco tiempo. Ninguno de los dos lo habría imaginado pero, nadie sabe nunca lo que pasará en un futuro. ¿Dónde estará? ¿Pensará en mí? ¿Qué estará haciendo? Esas preguntas me las hacía continuamente a mi misma y nunca obtenía una respuesta.
Sabía perfectamente que le podía mandar un mensaje, llamarle o preguntar a cualquier amigo suyo. Pero el problema es que me faltaba ese empujón, ese 'venga, tú puedes'. Ya no tenía a nadie que me lo dijera porque, no sólo cambiaron las cosas con él, cambiaron con todo el mundo. Quizás la que había cambiado era yo. ¿Por qué? Otra pregunta de la que no sabía la respuesta. Lo único que tenía claro era que junto a él había pasado los mejores meses de mi vida, aunque hubieran sido muy pocos, fueron y punto.
Puede que las cosas vuelvan algún día a su estado inicial o, al menos que mejoren un poco. Que caminando por cualquier calle nos crucemos y miles de sentimientos nos invadan. Puede que vuelva a quererme o que otra persona lo haga por él. Pero sabía que como a aquel chico no querría a ninguno más.
Me incorporé y cerré el libro que acaba de terminar de leer. Tenía la piel de gallina y hasta me había emocionado pero, miré a mi derecha y ahí estaba él, dormido desde hace un rato. Miré el reloj y me di cuenta de que ya era tarde, mis padres volverían a casa dentro de poco.
- Venga dormilón, ¡despierta! - Dije dándole un beso en la mejilla. Él abrió los ojos con cara de sueño y los volvió a cerrar.
- Un poco más, que se está muy a gusto.
- Álvaro, que ya te han visto hasta mis padres, creo que ya es hora de levantarse... - Bromeé.
- ¿Qué? ¿Tus padres ya han llegado? - Álvaro se incorporó rápidamente y me miró preocupado. Yo no pude evitar estallar en carcajadas. - Muy bonito, ya es la segunda vez que me lo dices. Eres cruel. - Se levantó de la cama y salió de la habitación.
- ¡No te enfades! - Dije saliendo tras él. Cojeando aunque mi tobillo había mejorado bastante.
- Sabes que me molesta que bromees con eso...
- ¡Pero es que estás muy mono cuando te asustas! - Dije intentado abrazarle.
- Déjame. - Álvaro me apartó y salió de mi casa dando un portazo.
- ¿En serio? - Dije susurrando sin entender del todo su reacción. Un par de segundos después sonó el timbre y abrí la puerta.
- ¡Qué guapa estás cuando te asustas! - Dijo Álvaro volviendo a entrar en mi casa.
- Serás...
- ¡Perfecto! Lo sé. - Se colocó las manos en la cadera y puso cara de chulito.
- Sí, sí... Eso, eso... - Álvaro me cogió y me subió a uno de sus hombros. Típica escena de película. - ¡Suéltame! - Chillé.
- Antes prométeme algo.
- ¿El qué? - Álvaro pensó unos instantes. - ¡Pero rápido! ¡Que me estás haciendo daño!
- Prométeme que no vas a bromear más con eso, que sabes que me asusto.
- Bueno, bueno, ya veremos...
- ¿Segura? - Dijo mientras hacía el amago de soltarme para tirarme al suelo.
- No, no, no. Te lo prometo. Pero venga, ¡suéltame ya!
- ¿Me lo juras?
- Sí, venga te lo juro. - Álvaro me bajó al suelo y me observó sonriente.
- Luego dices que yo soy cruel... - Me toqué la cintura, me dolía.
- ¿En serio te he hecho daño?
- No, que va. - Ironía.
- ¿Me perdonas? - Álvaro hizo pucheros.
- Venga, pero porque te quier... - Me interrumpió el sonido de la puerta de mi casa abriéndose. Álvaro salió disparado a mi habitación, como si quisiera refugiarse.
- ¡Hola mamá! - Mi madre entró en casa. - ¿Y Fátima? - Pregunté algo extrañada, ya era tarde y aún no estaba en casa.
- Se ha quedado a dormir a casa de una de sus amigas. Ya sabes como es, pasa todas las vacaciones quedando. - Tenía razón, mi hermana y yo siempre aprovechábamos las vacaciones al máximo. - ¿Qué te ha pasado en el pie? - Mi madre observó que a penas lo apoyaba y que llevaba la tobillera.
- Que he quedado con unos amigos y me he caído.
- Sigues siendo la misma torpe de siempre...
- ¡Al parecer eso no cambiará! - Las dos reímos y yo me fui a la habitación para ver qué le había pasado a Álvaro. No le dije nada a mi madre, de manera que se pensaba que no había nadie más en casa.
*Narra Lucía*
Terminé contestando aquel mensaje. No quería que sucedieran cosas entre Adrián y yo pero, tampoco era plan de no volverle a hablar, al fin y al cabo la que había cometido el error había sido yo y no él.
Mi teléfono comenzó a sonar, sabía que sería él, estaba claro.
*Llamada telefónica*
- ¡Lucía! ¿Qué tal todo?
- Muy bien. ¿Tú qué tal?
- ¿Tú qué crees? - Mantuve silencio unos segundos, no quería contestarle, parecía muy enfadado. - Contesta, ¿no?
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Yo te quiero Adrián, pero como amigo, confundí mis sentimientos, lo siento. - Dijo imitando mi voz.- Quizás eso te ayude a saber cómo estoy.
- Adrián no quiero hablar más de esto, olvídame.
- Dame una oportunidad.
- No te voy a dar nada.
- ¿Qué pasa? ¿Ya tienes a otro mejor?
- Olvídame.
- Sólo dame la oportunidad de verte mañana. Necesito decirte una cosa Lucía.
- Pues dímela ahora. - Contesté en un tono bastante borde.
- No, necesito que sea en persona. Es algo importante.
- Pff... - Suspiré.
- A las doce y media paso a recogerte. - No sabía qué quería pero al final acepté.
- Vale, mañana nos vemos.
- Adiós. - Colgó.
Me fui a dormir hecha un buen lío. No dejaba de pensar en David pero también en Adrián. De este último sólo pensaba en lo que me querría decir, no se me pasaba por la cabeza volver con él. A demás las chicas también me lo advirtieron, ya que muchas veces de juntaba con gente bastante... Desagradable.
*Narra Álvaro*
- ¿Sabe que estoy aquí? - Susurré.
- No pero, ¿por qué te has escondido?
- Porque... Em...
- ¿Te dan miedo los padres? - Elena se rió y se pudo notar en toda la casa.
- ¿Pasa algo Elena? - Escuché decir a su madre de fondo.
- No, nada mamá, era... Un mensaje que me han mandado las chicas. - Disimuló como pudo.
- A ver... Es que... - Yo seguía intentando buscar alguna respuesta.
- Que si Álv, que te da cosa ver a mis padres aún. Eres... Raro, muy raro.
- ¿Y yo ahora qué hago?
- Pues te vas a tener que ir cuando mis padres se vayan a dormir, escóndete aquí y ahora te traigo algo de comida. - Elena salió de su habitación cerrando la puerta.
Encendí una pequeña lámpara que había encima del escritorio y cotilleé un poco lo que tenía por encima. Fotos con sus amigas, fotos nuestras en firmas... Abrí un cajón y vi que estaba lleno de pancartas que traían ella y las demás a nuestros conciertos. Estaban muy decoradas y eran bastante originales. Varias me sonaban de haberlas visto. Mi móvil sonó y vi que Elena me había escrito un mensaje.
'Acabo de coger un bol de cereales con leche, ahora lo llevo a la habitación para que puedas cenar algo. Te quiero.'
Cerré el cajón y me alejé de la puerta para que cuando Elena entrara nadie viera que yo estaba dentro.
- Aquí estoy. - Ella entró susurrando en la habitación con los cereales tal y como me había dicho. - Esto va a ser muy gracioso... - Otro ataque de risa se apoderó de ella, casi tira la comida al suelo, pero la cogí a tiempo.
- ¡Calla que tu madre se va a dar cuenta y va a entrar! - Contesté algo molesto. La verdad es que al principio no sabía por qué reaccioné así cuando su madre entró en casa, pero lo malo es que ahora no podía salir de esa habitación.
- O mi padre, también a llegado...
- Dios mío... Como me pillen aquí me matan...
- ¡La culpa es tuya! Si no te hubieras encerrado... - Volvió a reír, ella se lo tomaba a cachondeo, ¡feliz que estaba riéndose de mí!
- Elena, ¿qué te pasa? - Preguntó su padre mientras oíamos unos pasos que se acercaban a la puerta de la habitación. Los dos nos miramos y me metí como pude en el armario. Elena cogió el teléfono e hizo como que hablaba con alguna amiga. La puerta de la habitación se abrió y entró su padre.
- Papá, que estoy hablando por teléfono.
- Ah, vale. ¡Perdona hija! - La puerta se volvió a cerrar y Elena abrió el armario y me ayudó a salir de tanta percha.
- ¡Buen escondite! - Aplaudió suavemente. - Anda, tómate esto que tengo que ir a dejarlo en la cocina antes de que sospechen algo... - Elena me acercó el cuenco de cereales con leche.
La hice caso y poco después ya había 'cenado'. Toda esta situación era muy rara. ¡La que estaba liando! Me sentía un poco mal por hacer pasar por todo esto a Elena, pero a ella no paraban de darle ataques de risa.
Todo iba bien pero aún faltaba lo más difícil, salir de su casa sin que nadie me viera. Hicimos un pequeño plan. Iba a ser divertido...
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