domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 23.

*Narra Blas*

El concierto ya había acabado. Esta vez había mucha más gente que de costumbre. Sin darnos cuenta íbamos creciendo más y más. Nuestra música iba llegando cada vez a más gente.
Fuimos al hotel en el que estábamos alojados. Álvaro y yo estábamos en la misma habitación. Entramos y cada uno llamamos a nuestra pareja.

*Llamada telefónica*

- ¡Hola cielo! ¿Qué tal el concierto?
- ¡Genial! Había muchísima gente, ha estado muy bien.
- Me alegro chiquitito, a ver si al próximo podemos ir a veros. - De fondo escuché muchas risas, estaría con las demás.
- ¿Estás con las chicas? - La pregunté.
- Sí, se van a quedar a dormir a mi casa. Mis padres no están y las he invitado.
- ¡Menuda fiesta tendréis montada!
- Ya sabes que somos muy escandalosas. Ahora estamos haciendo el tonto, como de costumbre... - Entonces se escuchó un golpe y después más y más risas.
- ¿Qué ha pasado? - Ahora sólo escuchaba la risa de Clara al otro lado del teléfono y bueno, también algunos '¿Estás bien?' que terminaban en más carcajadas.
- Ay... Madre mía... ¡Pero mira que eres torpe hija! - Clara hablaba con las demás.
- Mm... ¿Hola?
- Perdón cielo, es que Elena se acaba de escurrir y por poco se come el suelo... - Volvió a reír al recordarlo.
- ¿Otra vez? Pero, ¿no estaba con el tobillo mal?
- Dice que eso ya está bien, que no era nada.
- Esta niña yo no sé como sigue aún entera... - Reímos los dos.
- Bueno, ¡que yo también soy torpe!
- ¡Pero no tanto!
- Vale, eso es verdad...
- Cariño, me tengo que ir, que en nada nos vamos a dormir.
- ¡Vale cielo! Te quiero mucho.
- ¡Y yo! Mañana te veo. - Los dos colgamos.

*Narra Elena*

- ¡Elena! - Gritó Ana desde la habitación de Clara. - ¡Tienes una llamada perdida!
- ¡Voy! - Grité yo también.
- Tsss. ¡No chilléis! Que ya es tarde chicas. - Lucía nos regañó. Al final con ella había salido todo bien. Hablamos con Sonia, la ex de Adrián, y nos dijo que él hablaba mucho y se iba haciendo el malo, pero que normalmente luego no hacía nada. A ella la dijo algo parecido y desde entonces no ha vuelto a suceder nada. Como consejo nos dijo que intentemos alejarnos de Adrián, que a este en dos días ya se le habrá olvidado lo que dijo.
Fui a la habitación de Clara, donde tenía mi móvil, y vi una llamada perdida de Álvaro, seguro que ya habían terminado el concierto. Marqué su número y le llamé.

*Llamada telefónica*

- ¡Pero bueno! ¡Si sigues consciente después de la caída!
- ¡Mira qué gracioso el niño! Oye, ¿y tú cómo lo sabes? - Estaba extrañada.
- Me lo acaba de decir Blas, estaba hablando con Clara y  justo te has caído. ¿Qué te ha pasado esta vez?
- Nada, que estaba andando y me he escurrido porque iba con los calcetines y me he pegado un buen golpe. 
- Vamos, como de costumbre...
- ¡Efectivamente! - Yo estaba tranquila. ¿Quién no se ha caído alguna vez? Bueno, pues yo lo hacía constantemente. Ya estaba acostumbrada.
- Deberías tener más cuidado. ¡Ayer te torciste un tobillo y hoy te caes otra vez!
- Bueno, lo del tobillo ya está bien, un poquito de hielo y listo. ¡ Y que caerme me caigo todos los días!
- Repito, deberías tener más cuidado...
- Que sí... ¡A partir de ahora voy con casco y rodilleras! - Escuché como al otro lado del teléfono Álvaro reía.
- Qué torpe que eres...
- Ya, ya lo sé, pero da igual, algún día se me pasará, ¿no? Bueno, ¿vosotros qué tal el concierto?
- Muy bien. Los cinco lo hemos disfrutado un montón.
- Es que tenéis unas voces increíbles Álv. - Recordé el primer concierto al que fui. Sí, realmente sus voces eran increíbles.
- Como tú, enana.
- Vais a llegar lejos... Aunque me asuste la idea, llegaréis muy lejos...
- ¿Asustarte? ¿Por qué?
- Porque no podré estar contigo...
- ¡No seas tonta anda! Tu vas a seguir conmigo pase lo que pase, ¿vale? No te preocupes por nada, pequeña torpe. - No pude evitar reírme. 'Pequeña torpe'. Me encantaba.
- Cielo, me tengo que ir, que me dejan sin palomitas.
- ¿Palomitas? ¿A estas horas?
- Vamos a ver una película y hemos hecho palomitas.
- Pues a ver si no se te caen... - Álvaro se rió. Yo mientras recordaba una de las múltiples veces que fui con las chicas al cine y, como no, se me cayeron las palomitas. La más torpe de las torpes, sí señor.
- Adiós cielo, ¡te quiero!
- ¡Y yo pequeña!

*Narra David*

Ya habíamos llegado a Madrid. Estábamos en casa de Carlos esperando a que llegaran las demás. Que yo sepa vendrían las cinco. No dejaba de darle vueltas a lo que hablé con Dani. ¿De verdad me gustaba Lucía? No lo tenía claro. Ahora estaba hecho un lío y seguir pensando en el tema no ayudaba.

- ¿A qué hora venían? - Pregunté.
- A las seis y media. - Contestó Carlos. Saqué mi móvil y miré la hora.
Las 18:34. Estarían a punto de llegar.
- ¿Qué pasa David? ¿Tienes ganas de ver a Lucía? - Me susurró Dani.
- Cállate. - Le di un codazo.
- Ay, David. - Dijo esta vez en un tono que todos pudieron oír.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Blas.
- Él sabrá. - Le contestó Dani. 

Justo sonó el timbre y las chicas pasaron. Una, dos, tres, cuatro y... Nadie más. Sólo estaban cuatro y, como no, la que faltaba era Lucía. Todos nos saludamos y decidimos salir a dar una vuelta.
- Lucía no ha podido venir, se encontraba mal. No habrá dormido bien esta noche y todas las palomitas, patatas y chuches que nos comimos ayer no la habrán sentado bien. - Comentó Rocío.
- Y el chocolate, no olvides el chocolate. - Añadió Ana.
- ¡¿Comisteis chocolate?! - Había sido mala idea sacar el tema de la comida con Carlos delante.
- Carlos no te quejes que tú también.- Álvaro tenía razón. Ayer el rubio se quedó bastante a gusto comiendo.
- Ahora tengo hambre... - Dijo Carlos agachando la cabeza.
- Pues te esperas unas horitas. Que te estamos malacostumbrando. Siempre que tienes hambre vamos a por un helado o a comer. - Respondí.
- ¡Señor, sí señor! - Él se puso la mano en la frente haciendo el tonto una vez más.

Cerca de las diez cenamos y decidimos llevar a las chicas a casa. Cogimos los coches de Dani y Blas y las acompañamos.  Subí con Blas, Clara, Ana y Carlos. A los demás los llevaba Dani en su coche.
Eran las once y cuarto pasadas y, después de haber aparcado cada coche, fuimos dejando a las chicas en su casa. Las últimas fueron Clara y Rocío. Íbamos bajando la calle que conducía a la urbanización y de lejos vimos a Lucía intentando soltarse de un chico que la agarraba del brazo.
- Mierda... Es... - Murmuró Rocío.
- Es Adrián. - Clara terminó la frase.

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