sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 26.

*Narra Álvaro*

- Álvaro no...
- Sergio, ¿no? - La interrumpí.
- Sí, su novio. ¿Tienes algún problema? - Me contestó ese chico repulsivo.
- ¿¡Pero de que vas!? - Chilló Elena girándose y hablando con Sergio.
- Vamos Elena, llevas diciéndome toda la tarde que me quieres. ¿Encima que por fin te lanzas ahora lo niegas?
- Ah, bueno, ¡que encima le has besado tú! - Grité sobresaltado.
- Álvaro te está mintiendo. - Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas pero no sentía pena. Me había engañado, aquí el único que sentía dolor era yo. - Sergio es sólo mi amigo.
- Elena sé sincera, me acabas de decir que le ibas a dejar por mí. Bueno Álvaro, ya te he dado yo la sorpresa. 
- Olvídame. - Pronuncié mirando a Elena fijamente. Me di la vuelta y fui alejándome.
- ¡Álvaro, te está mintiendo! - Volvió a gritar ella. Ahora a penas la escuchaba. ¿Por qué me había hecho esto? Lo único que oía eran las miles de preguntas que me rondaban por la cabeza. No era capaz de creerme lo que acababa de ver. ¿Había sido un sueño? No. Por desgracia era la realidad.

*Narra Elena*

- ¿Por qué me haces esto? - Pregunté a Sergio llorando cada vez más.
- Anda Elena, pero si los dos sabemos que me quieres.
- ¿Que te quiero? Él único al que quería se acaba de ir por tu culpa. ¿Por qué eres tan imbécil? ¿Por qué le has mentido? - Terminé de hablar y le pegué en la cara, no aguantaba más, acababa de destrozar mi relación con Álvaro.
- A ver si me entiendes, - Me agarró los dos brazos para que no le pudiera volver a hacer nada. - tú a mí no me vas a volver a pegar, ¿vale? Y ahora quédate llorando por el chaval ese, que tendrá miles de chicas detrás y mañana ya estará con otra, pero yo... Yo te seguiré queriendo. - Tras decir esto Sergio se marchó. Me daba igual lo que me acababa de decir. Si de verdad me quisiera no me habría hecho daño. 
Saqué el móvil y miré el último mensaje de Ana.

'Estamos en el bar que hay bajando de la plaza.'

Fui corriendo a buscarles. Con suerte Álvaro habría vuelto con ellos y podría explicarle todo. Dos minutos después, llegué. Me costaba respirar, quizás de la carrera que me acababa de dar, a lo mejor porque él ahora mismo me odia. Entré y les vi a todos hablando y riendo. Miré para los lados, ni rastro de él. Me acerqué a la mesa en la que estaban sentados los demás.

- ¿Dónde está Álvaro? - Pregunté mientras mis lágrimas no dejaban de caer.
- Elena, ¿estás bien? ¿Qué te ha pasado? - El primero en hablar fue Blas.
- ¿Le habéis visto? ¿Dónde está Álvaro? - Volví a preguntar ignorándole, ya lo explicaría más tarde.
- Elena relájate. Hace un rato ha ido a buscarte pero ahora no sabemos dónde está. ¿Ha pasado algo? - Me contó Ana.
- Joder. ¡Joder! - Salí del establecimiento y me senté en un banco que había al lado. Necesitaba estar sola. Por detrás escuché pasos de alguien que se acercaba a mí. Mis segundos de soledad habían acabado.

- A ver, cuéntame. ¿Qué ha pasado? - David se sentó a mi lado.
- Álvaro nos ha visto a Sergio y a mí... Besándonos.
- ¿Qué? Pero, ¿por qué? - Con la respuesta que le di le alteré.
- No sé, Sergio me agarró y me besó. Intenté apartarme pero me estaba agarrando y no podía. Entonces apareció Álvaro y el que decía ser mi amigo empezó a decirle que no negara que le quería y que éramos novios, que iba a dejar a Álvaro para estar con él.
- ¿Y eso es verdad?
- ¿Qué va a ser verdad David? ¡Yo quiero a Álvaro joder!
- ¿Y él que ha contestado?
- Olvídame. Me ha dicho olvídame y... Y se ha ido. - Empecé a llorar más y más. David me abrazó.
- Voy a llamarle para explicárselo. Quizás a mí me coja el teléfono.
- ¿Tú me crees? - Levanté la vista y le miré.
- Claro que te creo. Además... Ana no nos ha contado precisamente maravillas de ese chico. Tengo motivos suficientes para creerte. 
- Gracias. 

David llamó a Álvaro una vez. Él no contestó así que lo volvió a intentar. Esta vez si que obtuvo una respuesta.

*Llamada telefónica*

- David, voy de camino a casa, he cogido un autobús y me he ido. Ahora no tengo muchas ganas de hablar... - Se notaba que él también lloraba.
- Álvaro lo sé todo. Elena me lo ha contado.
- ¿Estás con ella?
- Sí y me ha dicho que...
- Me da igual lo que te haya dicho. Dila de mi parte que le de recuerdos a Sergio y que sean felices.
- Álvaro no lo entiendes, ella no...
- También dila que se la da genial mentir. Me había creído que me quería y bueno... Ya veo que no es así . Adiós.
- No, Álvaro. No cuel... - Álvaro colgó. Yo seguía llorando. ¿Haber mentido a Álvaro? No era capaz de hacer eso... Me dolía que no me creyera. También me ponía en su situación. No era fácil para ninguno de los dos...

- ¿Por qué no volvemos con los demás y se lo explicas? Están preocupados...
- Vale. - Dije de manera que a penas se me escuchó. Nos levantamos del banco y pasamos de nuevo con los demás.
- ¿Estás bien? - Ana se levantó y me abrazó. Los demás lo hicieron a continuación. 
- Siento haberme ido así. No debí haberlo hecho. - Me disculpé una vez que todos estábamos sentados y me escuchaban.
- No pasa nada tonta. Pero, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras? - Preguntó Clara preocupada al igual que el resto.
- Pues... - Les conté toda la historia con todo tipo de detalles. Algunos miraban asombrados, otros parecían que ya se lo esperaban. De vez en cuando, en mitad de alguna frase me paraba, me secaba las lágrimas y seguía hablando. Pero daba igual, mis mejillas volvían a estar empapadas segundos después.
- Sabía que intentaría hacer algo. - Murmuró Ana.
- Ana ahora no... - Carlos la cogió una mano.
- ¡Es que como me lo encuentre le mato! ¿De qué va haciéndote daño? Ya verás como le vea...
- Ana relájate anda... - Carlos la abrazó. 
- Ven aquí Elena. - Me acerqué a Lucía y me dio un abrazó.
- ¿Qué hago? - La dije mientras seguía abrazada a ella.
- Elena esto se va a arreglar. Tiene que creerte. Ana ya le dijo antes que Sergio no era de fiar...
- ¿Y si no me cree? 
- Tranquila, lo hará.

Nos separamos y seguimos un rato más sentados y hablando del tema. Intentaban animarme. Estaba orgullosa de poder tenerles a mi lado.

*Narra Álvaro*

Miré la hora de nuevo. Las doce y veinte. Ya era hora de irme a dormir. No quería saber nada de nadie porque, seguro que si los chicos o las demás me hablaban era para preguntarme sobre lo de esta tarde o para intentar convencerme para que creyese a Elena. Elena. Elena. Ahora esa era la palabras que más daño me podía hacer. ¿Cómo había sido capaz de engañarme? Lo había visto perfectamente. Se estaban besando y eso no me lo podía negar nadie.
Fui al baño y me miré en el espejo. Tenía los ojos rojos. Había llorado mucho, demasiado. Que estuviera enfadado no significaba que ya no la quisiera. Lo seguía haciendo y mucho. Pero me había destrozado. Lo mejor sería dormir y mañana ver las cosas de otra manera. Volví a mi habitación  y cogí el móvil por última vez. Tenía mensajes de Blas, Carlos, Dani, David, Rocío, Ana, Clara y Lucía. No respondí ninguno. Dejé el móvil en la mesilla y  volvieron a mandarme otro mensaje. Esta vez era de ella. Miré la pantalla del móvil detenidamente. Tenía una de nuestras fotos de fondo. Dolía, dolía mucho. Decidí leer su mensaje. 

'Álvaro, te pido perdón. No sé muy bien por qué. Lo que viste no fue culpa mía, ya sabes perfectamente lo que quiero decir. Tienes que saber que no soy capaz de mentir a la gente que quiero. Y menos de mentirte a ti. ¿No crees que ese imbécil ya nos ha hecho demasiado daño? Perdón. Perdón por pensar que esta tarde no iba a suceder nada. Las chicas ya me advirtieron muchas cosas. ¿Pero sabes por qué decidí verle? Porque me dijera lo que me dijera te iba a seguir eligiendo a ti. Porque te quiero. Y eso no va a poder cambiarlo nadie.'

No terminaba de creerla. No podía. Quizás ella si que mereciera una respuesta así que la respondí.

' Puedes pedir perdón las veces que quieras. El daño ya está hecho. '

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