*Narra Lucía*
Cada uno había llegado ya a su casa. Al final la tarde no había sido tal y como esperábamos... Yo confiaba en que esto se arreglara pronto. La verdad es que todos estamos bastante preocupados. Me sentía mal por Elena, ella no había hecho nada y yo la creía. Al fin y al cabo conozco a Sergio y sabíamos que algún día acabaría liándola. También me siento mal por Álvaro. Seguramente es el que peor lo está pasando. Ha visto a Elena y a ese chico besándose y encima después de que le contáramos todas esas cosas de Sergio. Sabíamos que no iba a ser fácil que habláramos con Álvaro pero lo teníamos que conseguir. Por el bien de la pareja. Las cinco siempre nos ayudábamos muchísimo y, si ayer Álvaro también me ayudó a mí con el resto del grupo a que Adrián se fuera, ahora me tocaba a mí poner de mi parte para que todo volviera a la normalidad.
Terminé de lavarme los dientes y escuché de fondo una musiquita. Era mi móvil, me estaban llamando. Miré la pantalla y, sonriendo, descolgué.
*Llamada telefónica*
- ¡Hola David! ¿Habéis llegado bien a casa?
- Sí, perfectamente. Ahora estoy con Dani, se va a quedar a dormir a mi casa.
- Qué graciosillos. ¡Como nosotras el otro día! - Reí al recordar aquella noche. Lo pasamos genial.
- ¡Hombre claro! Menuda fiesta que vamos a montar...
- No creo que sea mejor que la nuestra, que está muy animada la cosa cuando queremos ponernos a ver alguna película. Porque tenemos a Clara, que es como tú y quiere verse todas las películas de Disney. Por otro lado a Rocío, que quiere las de amor, Ana que quiere una sangrienta y de miedo, Elena que se da golpes o se cae y yo que me como las palomitas.
- ¡Menudo plan! Oye y ahora que has dicho lo de Elena, ¿se sabe algo más del tema?
- No... La verdad es que creo que no han vuelto a hablar. ¿Álvaro a hablado con alguno de vosotros?
- No, no le hemos vuelto a llamar. Creo que mañana lo intentará Blas.
- Mira lo que acaba de poner... - Escuché a Dani de fondo.
- Lucía, te pongo en altavoz, ¿vale? Que está por aquí el otro.
- ¡Vale!
- ¡Hola Lucía! - Me dijo el rubio.
- ¡Danielo! - Le contesté.
- ¿Has visto lo que ha puesto Álvaro?
- No. ¿Dónde? ¿En Twitter?
- Sí... Te leo. ' Tened cuidado, uno ya no puede fiarse de nadie...'
- Madre mía. ¿Por qué no es capaz de escucharnos?
- Porque no es la primera vez...
- ¿Qué dices David?
- Bueno... A ver... Antes de que los dos salieran juntos Álvaro estuvo dándole vueltas sin parar a decirle lo que sentía, callárselo, decírselo más tarde... Todo eso era porque él, desde que estuvo con su antigua novia, Sofía, es bastante inseguro en ese tema. Ella le engañó. Le pasó lo mismo que con Elena pero esta vez siendo verdad. Los dos quedaron un día y él pilló a su ex besándose con otro. Fue distinto, ella ni siquiera le echó la culpa al otro chico, dijo que sí, que llevaba un tiempo engañándole y claro... Ahora él lo debe estar pasando aún peor.
- Vaya... Pero, de todas formas, ¿no debería confiar un poco en Elena? Él ya sabía antes de que pasara todo esto que el chico no era de fiar...
- Ya, pero también hay que entenderle, no es fácil.
- ¿Tú que piensas Dani? - Pregunté.
- Yo estoy pensando en cómo podemos ayudar a que esto se arregle. Está claro que algo tenemos que hacer, ¿no?
- Sí pero... ¿El qué?
- No sé... Mañana lo hablaremos con los demás, tenemos una firma en Cuenca y con suerte hasta Álvaro nos dejará hablarle del tema. Con mucha suerte.
- Como no quedemos los diez sin que él lo sepa...
- No creo que fuera lo mejor. Él seguro que se enfadaría. Tiene motivos para no querer hablarla.
- Desde el punto de vista en que él lo ve tiene motivos para no hablarla y para no volver a hablarla nunca más. Pero si la escuchara sabría que las cosas no son así.
- ¡Pues espero que tengamos suerte! Mañana te llamo y te contamos cómo nos a ido.
- Vale chicos. ¡Y que se os dé bien la firma. ¡Un beso!
- ¡Adiós Lucía! - Me respondieron los dos a la vez.
*Narra Blas*
Pf... Yo diría que es demasiado pronto aún para levantarse. Eran casi las nueve y no podía seguir durmiendo. Decidí levantarme de la cama y prepararme algo para desayunar. Al terminar aún era demasiado pronto así que me vestí y salí a correr un rato, seguramente me sentaría bien. Escuchaba música mientras daba vueltas por un campo enorme que había cerca de mi casa. No había mucha gente. Normal. Era verano, las personas estarían durmiendo aún o preparándose para ir a la piscina o de vacaciones. Un rato después miré el reloj. Eran las doce menos cuarto. Vaya, ¡qué rápido se me había pasado! Decidí volver a casa, ya era hora. Entré y sin dudarlo me pegué una buena ducha. Salí del baño y me vestí. Esta tarde teníamos firma. Habíamos quedado todos a las tres. La verdad es que iríamos un poco justos de tiempo pero al final seguro que llegaríamos bien. Cogí el móvil y, tal y como le prometí a todos ayer, llamaría a Álvaro.
*Llamada telefónica*
- ¿Qué haces llamando a estas horas? - Por su voz pude intuir que le acababa de despertar.
- ¿A estas horas? Creo que ya deberías estar despierto. ¿Qué haces durmiendo aún?
- Dime algo mejor que pueda hacer.
- Pues... No sé...
- ¿Ves? Mejor seguir durmiendo.
- Bueno, pero ya no. Ahora tú y yo vamos a hablar.
- ¿He hecho algo malo? Ni que me fueras a hacer algo Blas... - La verdad es que tenía algo de razón. Me pasé un poco en la manera de decírselo.
- Ahora sólo escucha lo que voy a decirte, ¿vale?
- Vale.
- Ayer todos estuvimos hablando. Nos pareció buena idea que hoy antes de vernos te llamara para explicarte lo que queríamos decirte. O... Lo que ella querría decirte.
- Espera, ¿ya empezáis con el tema de ayer?
- Álvaro, escúchame.
- Vale, vale. - Suspiró.
- Para empezar tengo que hacerte una pregunta.
- Dime.
- ¿Por qué no la crees?
- ¿Y por qué tú si? Ninguno de los dos estuvimos presentes antes de que sucediera todo.
- Ya, pero ellas conocen al chaval ese y ya te dijeron que también él intentó separarlas...
- Ya.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué? ¿Que tengo que ir ahora corriendo a llamarla y decirla cuanto la quiero y que no sé como puedo estar enfadado?
- Álvaro nadie te ha dicho nada de eso.
- Pero es lo que queréis todos, ¿no?
- Lo único que queremos es que nos escuches.
- Pues habla, habla.
- Sé que no lo estás pasando bien. Los cuatro ya sabemos todo lo que te ha pasado y sólo queremos decirte que nos vas a tener para ayudarte pero que tienes que aceptar esa ayuda. Ayer el resto de la tarde estuvimos hablando con Elena. Nos contó toda la historia paso por paso y la verdad es que todos la creemos. ¿Sabes por qué?
- ¡Sorpréndeme! - Me contestó irónicamente.
- Porque confiamos en ella.
- Espera, que todavía el malo soy yo...
- No es eso Álvaro.
- Pues parece que lo único que queréis decirme es que tengo que ir a perdonarla.
- Si la hubieras escuchado no tendríais ninguno de los dos que pedir perdón. ¿Ella te ha vuelto a decir algo?
- Ayer por la noche me puso un mensaje.
- ¿Y qué te dijo?
- Se disculpaba y bueno, es que era un poco largo.
- ¿Qué la contestaste?
- Que puede pedirme perdón las veces que quiera pero que el daño ya está hecho.
- Eres un poco bruto, ¿no te parece?
- ¿Ya estás otra vez contra mí?
- Te empeñas en saldar las deudas que otro amor te ha dejado... - Entoné. Él permaneció callado.- ¿Por qué no hablas con ella?
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque la quieres.