domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 27.

*Narra Lucía*

Cada uno había llegado ya a su casa. Al final la tarde no había sido tal y como esperábamos... Yo confiaba en que esto se arreglara pronto. La verdad es que todos estamos bastante preocupados. Me sentía mal por Elena, ella no había hecho nada y yo la creía. Al fin y al cabo conozco a Sergio y sabíamos que algún día acabaría liándola. También me siento mal por Álvaro. Seguramente es el que peor lo está pasando. Ha visto a Elena y a ese chico besándose y encima después de que le contáramos todas esas cosas de Sergio. Sabíamos que no iba a ser fácil que habláramos con Álvaro pero lo teníamos que conseguir. Por el bien de la pareja. Las cinco siempre nos ayudábamos muchísimo y, si ayer Álvaro también me ayudó a mí con el resto del grupo a que Adrián se fuera, ahora me tocaba a mí poner de mi parte para que todo volviera a la normalidad.
Terminé de lavarme los dientes y escuché de fondo una musiquita. Era mi móvil, me estaban llamando. Miré la pantalla y, sonriendo, descolgué.

*Llamada telefónica*

- ¡Hola David! ¿Habéis llegado bien a casa?
- Sí, perfectamente. Ahora estoy con Dani, se va a quedar a dormir a mi casa.
- Qué graciosillos. ¡Como nosotras el otro día! - Reí al recordar aquella noche. Lo pasamos genial.
- ¡Hombre claro! Menuda fiesta que vamos a montar... 
- No creo que sea mejor que la nuestra, que está muy animada la cosa cuando queremos ponernos a ver alguna película. Porque tenemos a Clara, que es como tú y quiere verse todas las películas de Disney. Por otro lado a Rocío, que quiere las de amor, Ana que quiere una sangrienta y de miedo, Elena que se da golpes o se cae y yo que me como las palomitas.
- ¡Menudo plan! Oye y ahora que has dicho lo de Elena, ¿se sabe algo más del tema?
- No... La verdad es que creo que no han vuelto a hablar. ¿Álvaro a hablado con alguno de vosotros?
- No, no le hemos vuelto a llamar. Creo que mañana lo intentará Blas.
- Mira lo que acaba de poner... - Escuché a Dani de fondo.
- Lucía, te pongo en altavoz, ¿vale? Que está por aquí el otro.
- ¡Vale!
- ¡Hola Lucía! - Me dijo el rubio.
- ¡Danielo! - Le contesté.
- ¿Has visto lo que ha puesto Álvaro?
- No. ¿Dónde? ¿En Twitter?
- Sí... Te leo. ' Tened cuidado, uno ya no puede fiarse de nadie...'
- Madre mía. ¿Por qué no es capaz de escucharnos?
- Porque no es la primera vez...
- ¿Qué dices David?
- Bueno... A ver... Antes de que los dos salieran juntos Álvaro estuvo dándole vueltas sin parar a decirle lo que sentía, callárselo, decírselo más tarde... Todo eso era porque él, desde que estuvo con su antigua novia, Sofía, es bastante inseguro en ese tema. Ella le engañó. Le pasó lo mismo que con Elena pero esta vez siendo verdad. Los dos quedaron un día y él pilló a su ex besándose con otro. Fue distinto, ella ni siquiera le echó la culpa al otro chico, dijo que sí, que llevaba un tiempo engañándole y claro... Ahora él lo debe estar pasando aún peor. 
- Vaya... Pero, de todas formas, ¿no debería confiar un poco en Elena? Él ya sabía antes de que pasara todo esto que el chico no era de fiar...
- Ya, pero también hay que entenderle, no es fácil. 
- ¿Tú que piensas Dani? - Pregunté.
- Yo estoy pensando en cómo podemos ayudar a que esto se arregle. Está claro que algo tenemos que hacer, ¿no?
- Sí pero... ¿El qué?
- No sé... Mañana lo hablaremos con los demás, tenemos una firma en Cuenca y con suerte hasta Álvaro nos dejará hablarle del tema. Con mucha suerte.
- Como no quedemos los diez sin que él lo sepa...
- No creo que fuera lo mejor. Él seguro que se enfadaría. Tiene motivos para no querer hablarla.
- Desde el punto de vista en que él lo ve tiene motivos para no hablarla y para no volver a hablarla nunca más. Pero si la escuchara sabría que las cosas no son así.
- ¡Pues espero que tengamos suerte! Mañana te llamo y te contamos cómo nos a ido.
- Vale chicos. ¡Y que se os dé bien la firma. ¡Un beso! 
- ¡Adiós Lucía! - Me respondieron los dos a la vez.

*Narra Blas*

Pf... Yo diría que es demasiado pronto aún para levantarse. Eran casi las nueve y no podía seguir durmiendo. Decidí levantarme de la cama y prepararme algo para desayunar. Al terminar aún era demasiado pronto así que me vestí y salí a correr un rato, seguramente me sentaría bien. Escuchaba música mientras daba vueltas por un campo enorme que había cerca de mi casa. No había mucha gente. Normal. Era verano, las personas estarían durmiendo aún o preparándose para ir a la piscina o de vacaciones. Un rato después miré el reloj. Eran las doce menos cuarto. Vaya, ¡qué rápido se me había pasado! Decidí volver a casa, ya era hora. Entré y sin dudarlo me pegué una buena ducha. Salí del baño y me vestí. Esta tarde teníamos firma. Habíamos quedado todos a las tres. La verdad es que iríamos un poco justos de tiempo pero al final seguro que llegaríamos bien. Cogí el móvil y, tal y como le prometí a todos ayer, llamaría a Álvaro.

*Llamada telefónica*

- ¿Qué haces llamando a estas horas? - Por su voz pude intuir que le acababa de despertar.
- ¿A estas horas? Creo que ya deberías estar despierto. ¿Qué haces durmiendo aún?
- Dime algo mejor que pueda hacer.
- Pues... No sé...
- ¿Ves? Mejor seguir durmiendo.
- Bueno, pero ya no. Ahora tú y yo vamos a hablar.
- ¿He hecho algo malo? Ni que me fueras a hacer algo Blas... - La verdad es que tenía algo de razón. Me pasé un poco en la manera de decírselo.
- Ahora sólo escucha lo que voy a decirte, ¿vale?
- Vale.
- Ayer todos estuvimos hablando. Nos pareció buena idea que hoy antes de vernos te llamara para explicarte lo que queríamos decirte. O... Lo que ella querría decirte.
- Espera, ¿ya empezáis con el tema de ayer?
- Álvaro, escúchame.
- Vale, vale. - Suspiró.
- Para empezar tengo que hacerte una pregunta.
- Dime.
- ¿Por qué no la crees?
- ¿Y por qué tú si? Ninguno de los dos estuvimos presentes antes de que sucediera todo.
- Ya, pero ellas conocen al chaval ese y ya te dijeron que también él intentó separarlas...
- Ya.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces qué? ¿Que tengo que ir ahora corriendo a llamarla y decirla cuanto la quiero y que no sé como puedo estar enfadado? 
- Álvaro nadie te ha dicho nada de eso.
- Pero es lo que queréis todos, ¿no?
- Lo único que queremos es que nos escuches.
- Pues habla, habla.
- Sé que no lo estás pasando bien. Los cuatro ya sabemos todo lo que te ha pasado y sólo queremos decirte que nos vas a tener para ayudarte pero que tienes que aceptar esa ayuda. Ayer el resto de la tarde estuvimos hablando con Elena. Nos contó toda la historia paso por paso y la verdad es que todos la creemos. ¿Sabes por qué?
- ¡Sorpréndeme! - Me contestó irónicamente.
- Porque confiamos en ella.
- Espera, que todavía el malo soy yo...
- No es eso Álvaro.
- Pues parece que lo único que queréis decirme es que tengo que ir a perdonarla.
- Si la hubieras escuchado no tendríais ninguno de los dos que pedir perdón. ¿Ella te ha vuelto a decir algo?
- Ayer por la noche me puso un mensaje.
- ¿Y qué te dijo?
- Se disculpaba y bueno, es que era un poco largo.
- ¿Qué la contestaste?
- Que puede pedirme perdón las veces que quiera pero que el daño ya está hecho.
- Eres un poco bruto, ¿no te parece?
- ¿Ya estás otra vez contra mí?
- Te empeñas en saldar las deudas que otro amor te ha dejado... - Entoné. Él permaneció callado.- ¿Por qué no hablas con ella?
- ¿Por qué debería hacerlo?
- Porque la quieres.

sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 26.

*Narra Álvaro*

- Álvaro no...
- Sergio, ¿no? - La interrumpí.
- Sí, su novio. ¿Tienes algún problema? - Me contestó ese chico repulsivo.
- ¿¡Pero de que vas!? - Chilló Elena girándose y hablando con Sergio.
- Vamos Elena, llevas diciéndome toda la tarde que me quieres. ¿Encima que por fin te lanzas ahora lo niegas?
- Ah, bueno, ¡que encima le has besado tú! - Grité sobresaltado.
- Álvaro te está mintiendo. - Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas pero no sentía pena. Me había engañado, aquí el único que sentía dolor era yo. - Sergio es sólo mi amigo.
- Elena sé sincera, me acabas de decir que le ibas a dejar por mí. Bueno Álvaro, ya te he dado yo la sorpresa. 
- Olvídame. - Pronuncié mirando a Elena fijamente. Me di la vuelta y fui alejándome.
- ¡Álvaro, te está mintiendo! - Volvió a gritar ella. Ahora a penas la escuchaba. ¿Por qué me había hecho esto? Lo único que oía eran las miles de preguntas que me rondaban por la cabeza. No era capaz de creerme lo que acababa de ver. ¿Había sido un sueño? No. Por desgracia era la realidad.

*Narra Elena*

- ¿Por qué me haces esto? - Pregunté a Sergio llorando cada vez más.
- Anda Elena, pero si los dos sabemos que me quieres.
- ¿Que te quiero? Él único al que quería se acaba de ir por tu culpa. ¿Por qué eres tan imbécil? ¿Por qué le has mentido? - Terminé de hablar y le pegué en la cara, no aguantaba más, acababa de destrozar mi relación con Álvaro.
- A ver si me entiendes, - Me agarró los dos brazos para que no le pudiera volver a hacer nada. - tú a mí no me vas a volver a pegar, ¿vale? Y ahora quédate llorando por el chaval ese, que tendrá miles de chicas detrás y mañana ya estará con otra, pero yo... Yo te seguiré queriendo. - Tras decir esto Sergio se marchó. Me daba igual lo que me acababa de decir. Si de verdad me quisiera no me habría hecho daño. 
Saqué el móvil y miré el último mensaje de Ana.

'Estamos en el bar que hay bajando de la plaza.'

Fui corriendo a buscarles. Con suerte Álvaro habría vuelto con ellos y podría explicarle todo. Dos minutos después, llegué. Me costaba respirar, quizás de la carrera que me acababa de dar, a lo mejor porque él ahora mismo me odia. Entré y les vi a todos hablando y riendo. Miré para los lados, ni rastro de él. Me acerqué a la mesa en la que estaban sentados los demás.

- ¿Dónde está Álvaro? - Pregunté mientras mis lágrimas no dejaban de caer.
- Elena, ¿estás bien? ¿Qué te ha pasado? - El primero en hablar fue Blas.
- ¿Le habéis visto? ¿Dónde está Álvaro? - Volví a preguntar ignorándole, ya lo explicaría más tarde.
- Elena relájate. Hace un rato ha ido a buscarte pero ahora no sabemos dónde está. ¿Ha pasado algo? - Me contó Ana.
- Joder. ¡Joder! - Salí del establecimiento y me senté en un banco que había al lado. Necesitaba estar sola. Por detrás escuché pasos de alguien que se acercaba a mí. Mis segundos de soledad habían acabado.

- A ver, cuéntame. ¿Qué ha pasado? - David se sentó a mi lado.
- Álvaro nos ha visto a Sergio y a mí... Besándonos.
- ¿Qué? Pero, ¿por qué? - Con la respuesta que le di le alteré.
- No sé, Sergio me agarró y me besó. Intenté apartarme pero me estaba agarrando y no podía. Entonces apareció Álvaro y el que decía ser mi amigo empezó a decirle que no negara que le quería y que éramos novios, que iba a dejar a Álvaro para estar con él.
- ¿Y eso es verdad?
- ¿Qué va a ser verdad David? ¡Yo quiero a Álvaro joder!
- ¿Y él que ha contestado?
- Olvídame. Me ha dicho olvídame y... Y se ha ido. - Empecé a llorar más y más. David me abrazó.
- Voy a llamarle para explicárselo. Quizás a mí me coja el teléfono.
- ¿Tú me crees? - Levanté la vista y le miré.
- Claro que te creo. Además... Ana no nos ha contado precisamente maravillas de ese chico. Tengo motivos suficientes para creerte. 
- Gracias. 

David llamó a Álvaro una vez. Él no contestó así que lo volvió a intentar. Esta vez si que obtuvo una respuesta.

*Llamada telefónica*

- David, voy de camino a casa, he cogido un autobús y me he ido. Ahora no tengo muchas ganas de hablar... - Se notaba que él también lloraba.
- Álvaro lo sé todo. Elena me lo ha contado.
- ¿Estás con ella?
- Sí y me ha dicho que...
- Me da igual lo que te haya dicho. Dila de mi parte que le de recuerdos a Sergio y que sean felices.
- Álvaro no lo entiendes, ella no...
- También dila que se la da genial mentir. Me había creído que me quería y bueno... Ya veo que no es así . Adiós.
- No, Álvaro. No cuel... - Álvaro colgó. Yo seguía llorando. ¿Haber mentido a Álvaro? No era capaz de hacer eso... Me dolía que no me creyera. También me ponía en su situación. No era fácil para ninguno de los dos...

- ¿Por qué no volvemos con los demás y se lo explicas? Están preocupados...
- Vale. - Dije de manera que a penas se me escuchó. Nos levantamos del banco y pasamos de nuevo con los demás.
- ¿Estás bien? - Ana se levantó y me abrazó. Los demás lo hicieron a continuación. 
- Siento haberme ido así. No debí haberlo hecho. - Me disculpé una vez que todos estábamos sentados y me escuchaban.
- No pasa nada tonta. Pero, ¿qué te pasa? ¿Por qué lloras? - Preguntó Clara preocupada al igual que el resto.
- Pues... - Les conté toda la historia con todo tipo de detalles. Algunos miraban asombrados, otros parecían que ya se lo esperaban. De vez en cuando, en mitad de alguna frase me paraba, me secaba las lágrimas y seguía hablando. Pero daba igual, mis mejillas volvían a estar empapadas segundos después.
- Sabía que intentaría hacer algo. - Murmuró Ana.
- Ana ahora no... - Carlos la cogió una mano.
- ¡Es que como me lo encuentre le mato! ¿De qué va haciéndote daño? Ya verás como le vea...
- Ana relájate anda... - Carlos la abrazó. 
- Ven aquí Elena. - Me acerqué a Lucía y me dio un abrazó.
- ¿Qué hago? - La dije mientras seguía abrazada a ella.
- Elena esto se va a arreglar. Tiene que creerte. Ana ya le dijo antes que Sergio no era de fiar...
- ¿Y si no me cree? 
- Tranquila, lo hará.

Nos separamos y seguimos un rato más sentados y hablando del tema. Intentaban animarme. Estaba orgullosa de poder tenerles a mi lado.

*Narra Álvaro*

Miré la hora de nuevo. Las doce y veinte. Ya era hora de irme a dormir. No quería saber nada de nadie porque, seguro que si los chicos o las demás me hablaban era para preguntarme sobre lo de esta tarde o para intentar convencerme para que creyese a Elena. Elena. Elena. Ahora esa era la palabras que más daño me podía hacer. ¿Cómo había sido capaz de engañarme? Lo había visto perfectamente. Se estaban besando y eso no me lo podía negar nadie.
Fui al baño y me miré en el espejo. Tenía los ojos rojos. Había llorado mucho, demasiado. Que estuviera enfadado no significaba que ya no la quisiera. Lo seguía haciendo y mucho. Pero me había destrozado. Lo mejor sería dormir y mañana ver las cosas de otra manera. Volví a mi habitación  y cogí el móvil por última vez. Tenía mensajes de Blas, Carlos, Dani, David, Rocío, Ana, Clara y Lucía. No respondí ninguno. Dejé el móvil en la mesilla y  volvieron a mandarme otro mensaje. Esta vez era de ella. Miré la pantalla del móvil detenidamente. Tenía una de nuestras fotos de fondo. Dolía, dolía mucho. Decidí leer su mensaje. 

'Álvaro, te pido perdón. No sé muy bien por qué. Lo que viste no fue culpa mía, ya sabes perfectamente lo que quiero decir. Tienes que saber que no soy capaz de mentir a la gente que quiero. Y menos de mentirte a ti. ¿No crees que ese imbécil ya nos ha hecho demasiado daño? Perdón. Perdón por pensar que esta tarde no iba a suceder nada. Las chicas ya me advirtieron muchas cosas. ¿Pero sabes por qué decidí verle? Porque me dijera lo que me dijera te iba a seguir eligiendo a ti. Porque te quiero. Y eso no va a poder cambiarlo nadie.'

No terminaba de creerla. No podía. Quizás ella si que mereciera una respuesta así que la respondí.

' Puedes pedir perdón las veces que quieras. El daño ya está hecho. '

jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 25.

*Narra Sergio*

Había llegado unos diez minutos antes. Me daba igual esperar, quería verla. ¿Desde hace cuánto tiempo me llevaba gustando? Mucho, la verdad es que muchísimo. No hacía falta que nadie me dijera que ella ya tenía novio, ese tal Álvaro del que no paraba de hablar con sus amigas y que tenía en cualquier cuaderno. Cuando me enteré de la noticia me molestó bastante pero, ¿qué más da? Tiene novio pero a mí me va a seguir gustando. He cambiado. Seguramente por la gente con la que me junto últimamente. Adrián me ha hecho ver las cosas de otra manera. ¿Qué más da hacer daño a la gente por conseguir lo que de verdad quieres? Aquí lo único que me importa soy yo. Ese chico ya se puede ir alejando de Elena, si no, ya me encargaré.
Miré hacía los lados para ver si ella venía y efectivamente, ya se estaba acercando hacia el lugar en el que habíamos quedado.

- ¡Hola! ¿Qué tal todo? - Dije una vez que Elena ya estaba a mi lado.
- ¡Hola! Muy bien, ¿y tú? - Nos dimos dos besos y comenzamos a dar una vuelta.
- ¿Yo? Genial la verdad.
- ¡Me alegro! - Ella me sonrió. - Una cosa, no me voy a poder quedar hasta muy tarde porque le había dicho a unos amigos que iría a verles. No te importa, ¿no? 
- Eh... No, no pasa nada. - Sonreí yo también para disimular. Como fuera a ver a su estúpido novio dejarían de ser pareja esa misma tarde. Era mi plan.

*Narra Carlos*

Cogí un sombrero, salí de casa y fui al lugar en el que habíamos quedado nosotros, los chicos me estaban esperando.
- ¡Vamos! ¡Tardón! - Así me recibió Blas.
- ¿Y Álvaro? - Pregunté al comprobar que no estaba.
- Otro que llega tarde... - Me respondió David.
- Es ese, ¿no? - Dani señaló a un chico moreno que se acercaba a nosotros. Sí, era nuestro amigo.
- Creo que un día os vamos a tener que enseñar un poquito de puntualidad a vosotros dos. - Habló Blas señalándonos a Álvaro, que ya estaba con nosotros, y a mí.
- Lo siento, ¿a qué hora hemos quedado con las demás? - Preguntó el de la barba.
- A las seis. - Respondió David.
- ¿Y son las? - Pregunté.
- Las... Seis y - Alvaro miró su reloj. - cinco.
- Vamos, ¡que llegamos tarde!
- ¡Pero si estamos aquí al lado! - Dije defendiéndome.
- ¡Pero llegamos tarde de todas formas! - Me respondió Daniel.
- En eso tienes razón. - Le dije. Los cinco seguimos caminando y llegamos a la plaza en la que nos estaban esperando.

-¡Mira que sois tardones! - Dijo Lucía al vernos.
- ¡Perdónanos! Espero que estos ocho minutos de larga espera no te hayan resultado aburridos. - Le contestó David. - Y que conste que la culpa ha sido de Carlos y de Álvaro.
- Oye, ¿y Elena? - Es verdad, hoy también había sólo cuatro chicas, esta vez faltaba la pareja de Álvaro.
 - Me ha llamando diciendo que había quedado con un amigo suyo.  - Contestó Rocío.
- ¿Con Sergio? - Clara la interrumpió.
- Sí, él le había mandado un mensaje diciendo que hacía tiempo que no quedaban o algo así. Pero más tarde Elena vendrá con nosotros.
- ¿Con Sergio? ¿En serio? Madre mía que mal que cae ese chico... - Ana hablaba enfadada.
 - ¿Y eso? - Se podía ver a Álvaro algo triste y preocupado. Lucía miró a Ana haciendo un gesto como para que se cayara.
- No... Nada... No me cae bien. Nada más.
- ¡Bueno! ¿Vamos a algún bar a tomar algo? - Propuso Clara cambiando de tema.
- ¡Por mí vale! - Contestó primero Blas.
- ¡Vale! - Dije.

*Narra Álvaro*

Entramos en el bar más cercano que encontramos. Cada uno pidió su bebida y nos quedamos hablando. Miraba la hora continuamente esperado a que Elena llegara. Los chicos, que saben perfectamente como soy, sabían que a la mínima me ponía celoso. Como al principio, cuando tuve celos de Dani. Sé perfectamente que no había ningún motivo por el que pudiera ponerme celoso en esta ocasión, era un amigo de ella, nada más. Pero me preocupó el comentario que hizo Ana.

- Álvaro, ¿qué te pasa? - Me dijo Rocío.
- Parece que estás en otro lado... - Lucía se dirigió a mí también.
- Nada, nada, estoy bien. - Respondí de manera algo creíble.
- Álvaro, que ahora viene, no te preocupes. - Blas me dio una palmada en la espalda.
- Es que como para no preocuparse... Ese chaval me revienta... - Ana volvió a sacar su ira.
- Ana cállate... - Clara la miró seria.
- ¿Qué te pasa con ese chico? - Pregunté más preocupado.
- Que siempre está ahí en medio. Cuando vino al instituto todo el rato intentando estar con ella.
- La estás cagando Ana... - Susurró Clara.
- ¿Cagándola por qué? Todas sabemos que nos intentaba separar de ella. 
- Bueno pero... ¿Eso hace cuánto fue? - Yo seguía haciendo preguntas.
- Pues ahora en junio no estuvo molestando tanto, a mí me ha extrañado que hubieran quedado cuando lo ha dicho Rocío. - Lucía me respondió.
- Pero que no pasa nada. Es porque de pequeños eran muy amigos, por eso querrá pasar tiempo con ella. - Clara intentaba relajar un poco a Ana.
- No, Clara no... Todas sabemos por qué... - Ana cada vez hablaba más enfadada.
- ¿Y entonces por qué?
- Álvaro, ¿por qué va a ser? ¡Ese chico está loquito por Elena! Y no me hace ninguna gracia que esté ahora con ella... - Creo que todos se dieron cuenta de como mi rostro iba cambiando a cada palabra que decía Ana. Había sido sincera pero, ahora si que estaba más preocupado.
- ¿Pero a ella le gusta él?
- Ella siempre decía que él no podía estar por ella, que llevaban mucho tiempo siendo amigos y que nunca tendrían nada. Pero yo tampoco me fío de ese chico. - Rocío ignoró mi pregunta y se puso de lado de Ana. Me lavanté de la mesa y salí del bar a tomar aire. ¿Y si ese chico está intentando algo con Elena? Pero... ¿Y si Elena también sentía algo por él? No, no, no, debía confiar en ella.

- Venga bro, no te preocupes. - Dani salió fuera conmigo. 
- No, Daniel, me preocupo joder.
- A ver piensa, ¿Elena va a hacer algo que no deba? ¡Pero si sois la pareja más empalagosa por dios!
- No sé... El caso es que ese chico quiera intentar algo...
- ¿Por qué no la llamas? Así a lo mejor te tranquilizas algo. 
- Vale... - Saqué mi móvil del bolsillo y marqué su teléfono.

*Llamada telefónica*

- ¡Hola bobo! - Respondió alegre.
- Hola cariño... 
- ¿Te pasa algo Álv?
- No, sólo quería saber si vas a tardar mucho en llegar.
- ¿Ya me hechas de menos?
- Bastante... - Consiguió que riera.
- Anda tonto, paso a mi casa un momento y voy con vosotros, no te preocupes.
- Vale pequeña. Te quiero mucho, ¿vale?
- Yo más, ¿entendido? 
- Por dios... Venga, os quiero yo más. - Dani apareció en la conversación.
- ¡Rubio! ¡Tú con Rocío! - Dani sonrió. - Bueno, ahora os veo chicos.
- Hasta luego cielo. - Colgué un poco aliviado.

- ¿Mejor? - Dani abrió la puerta del bar para que pasara dentro con él.
- Voy a ir a por ella Dani. 
- ¡Álvaro pero que ya viene! - Comencé a andar en dirección a casa de Elena.
- ¡Dile a los demás que ahora vuelvo!

*Narra Elena*

- Sergio, me tengo que ir ya, que me están esperando mis amigos. - Estábamos al lado de mi casa.
- Vale, no pasa nada...
- Bueno, pues... Ya nos veremos otro día... - Miró algo que había detrás de mí. Fui a girarme pero me agarró fuertemente del cuello acercándome a él. - ¿Qué haces? - Le dije enfadada. Él me acercó aún más y comenzó a besarme, intentaba apartarme pero era imposible, me agarraba contra él con mucha fuerza.
- Este es tu amigo, ¿no? - Escuché detrás de mí a esa persona que era capaz de hacerme la más feliz del mundo. Sus palabras mostraban dolor y a mí me dolieron escucharlas.

martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo 24.

*Narra Lucía*

Ya me vale, intento despejarme después de cenar dando una vuelta y me encuentro a este. Encima viene borracho. Empezó a decirme que volviera con él y que dejara a David. ¡Encima se cree que estamos saliendo! Este chico cada vez me sorprende más...
- Por favor Lucía. - Me repitió de nuevo.
- ¡Que me sueltes te he dicho! ¡Déjame ya en paz! - Por más que intentaba soltarme no podía.
- ¿Segura?
- Segurísima.
- Luego vendrás a mí pidiéndome perdón. Diciéndome que me quieres y que no puedes vivir sin mí. Entonces seré yo el que me ría de ti. - Cada vez me iba apretando más y más la muñeca que me había agarrado. Ahora estaba muy serio.
- Me encanta el discurso pero suéltame, ¿vale? ¡Qué me haces daño! - Seguía intentando soltarme pero nada, no había manera.
- ¿Entonces estás contra mí? Pues a ver que va a pasar...
- ¡Que me sueltes ya joder! - Grité.
- ¡Déjala en paz! - Reconocía esa voz. Era David. Miré hacia un lado y vi un grupo de gente, al haber oscurecido no reconocía las caras.
Adrián salió corriendo asustado. Menudo personaje... Me viene de chulito y ahora sale corriendo... Aún así tengo miedo de que me pueda hacer algo a mí o a alguno de los chicos o mis amigas.
- ¿Qué hacía ese aquí? - El grupo se acercó hacia mí y pude ver que eran los chicos acompañados de Clara y Rocío.
- No sé... Fui a dar una vuelta después de cenar para ver si estaría mejor y me lo encontré.
- ¿Y qué te ha dicho? - Clara me seguía preguntando.
- Creo que venía de un botellón. Olía muchísimo a alcohol. Me ha empezado a decir que volviera con él, que... Que me arrepentiría de haberle dejado.
- ¿Y qué le has dicho? - Esta vez fue David el que preguntó.
- Que me soltara. Estaba harta de oír sus tonterías.
- ¿Y te ha dicho algo de lo del otro día? - Preguntó Rocío. Al instante se dio cuenta de que no quería que nadie sacara el tema delante de los chicos.
- Eh... Bueno, no...
- ¿Qué te dijo? - David estaba realmente interesado.
- Nada... Sólo bobadas... Como hoy...
- Lucía, ¿por qué no lo dices? A ver, con la pregunta de Rocío la respuesta que nos acabas de dar no cuela y, creo que deberían saberlo...
- Clara no es tan fácil...
- Lucía, me estoy empezando a preocupar. - Dijo Blas.
- Pues a ver... - Suspiré.- Adrián se piensa que David y yo tenemos algo, - Vi como Dani le dio un codazo  David.- nos vio el otro día juntos por la tarde y cree que estamos saliendo. Cuando estábamos tomando algo en Starbucks me mandó un mensaje diciendo que tenía que verme, por la noche me llamó y me dijo que me tenía que decir algo importante. A la mañana siguiente quedamos. Me dijo que me alejara de ti - Miré a David.- que no me volviera a acercar o que me pasaría algo malo o... - Comencé a llorar.- O que te pasaría a ti...

Él se acercó y me abrazó. Se lo agradecía. Necesitaba un abrazo suyo.
- No te preocupes Lucía. Ese chaval no te va a tocar a ti ni a ninguno de nosotros. - Me acarició la mejilla.
- Mira como ha salido corriendo. Sonia tenía razón. - Dijo Rocío.
- ¿Quién es Sonia? - Preguntó Carlos. Se me olvidó contar esa parte de la historia.
- La exnovia de Adrián. Es amiga nuestra y la llamamos para pedirla consejo y que nos dijera si realmente era capaz de hacernos daño. Nos dijo que a ella la dijo algo parecido y que no la pasó absolutamente nada. Simplemente debíamos pasar de él y alejarnos lo más posible de él y su grupito de amigos.
- Pues no te preocupes Lucía, nos tienes a los cinco y a las chicas también, ¿vale? - Álvaro se acercó y también me abrazó. Debí haber salido con ellos, lo habría pasado bien, aunque, la verdad es que sí que me había encontrado bastante mal esta tarde. Quizás por pensar demasiado en este tema.
Los cinco nos acompañaron a nosotras tres a casa y, al llegar a la urbanización, nos despedimos. Repartí dos besos a cada uno y David se acercó en último lugar.

- Lucía, prométeme que no vas a tener miedo. Te juro que ese no se va a meter en la vida de ninguno de nosotros. - Me abrazó de nuevo.
- De todas formas tened cuidado por favor David.
- Tranquila boba. ¡Y ahora a dormir eh! - Reí.
- Adiós tonto, ¡te quiero!
- Y... Yo Lucía. - Me sonrió y los cinco se alejaron.

Creo que me encontraba mucho mejor por el simple hecho de haberle visto. 

*Narra Ana*

- Estos tienen que acabar ya  juntos. Se ve venir. - Contesté a Carlos. Cada uno de los chicos ya había llegado a su casa y, para avisarme, Carlos me llamó por teléfono.
- Yo creo que a David le gusta, ayer estuvo hablando un buen rato con Dani y yo creo que era sobre ese tema.
- Seguro. Yo creo que por parte de Lucía se nota que le gusta...
- Todos los chicos nos hemos dado cuenta. Todos menos David.
- Como no, casi siempre es así.
- Y encima nos hemos encontrado hoy con el chico ese. ¿Alberto se llama?
- ¿¡Con Adrián!? - Soné alterada.
- Eso. Ya sabía yo que empezaba por 'A'.
- ¿Y qué ha pasado? - Carlos me narró toda la historia y me tranquilicé al saber que a ella no la había pasado nada finalmente. Espero que Adrián no siguiera yendo a por ella pero, ¿y si iba a por alguno de nosotros? Sí, eso también podría pasar...
- Más vale que ese tipo se mantenga lejos... - Acabó diciendo mi rubio.
- Pff... No sé yo. A lo mejor a Sonia no le pasó nada pero, no creo que con ella insistiera tanto como con Lucía. ¿Y si va a por David? Ese chico conoce a muchísima gente y no muy buena precisamente... No quiero que nos pase nada a ninguno de nosotros.
- No te preocupes cariño. Además, ¡siempre puede atacar Dani haciendo karate!
- Si, ¿no? Anda, vete ya a dormir que empiezas a delirar.
- Pues iba en serio... - No pude evitar reírme y al final acabamos los dos estallando en carcajadas.
- Bueno cielo, yo me voy y a dormir. ¡Que descanses!
- Buenas noches princesa. Te quiero.

*Narra Elena* 

Terminé mi desayuno y aclaré la taza y el plato en la pila. Después fui a la habitación, la ordené un poco y me puse música. Encendí el ordenador y me metí en Twitter. Vi que tenía un mensaje directo y lo leí. 

'Hola Elena! Cuanto tiempo no? Jajajaja. Sales esta tarde? que hace mucho que no nos vemooos! Un beso'

¿Hola? No me esperaba para nada ese mensaje. ¿Le habrá pasado algo? Bueno, no creo, si no me lo habría dicho. Él era mi mejor amigo. Me acuerdo cuando íbamos al colegio, en primero o segundo, y éramos 'novios', simplemente se lo íbamos contando a los profesores que nos decían que no éramos novios, si no amigos, que aún éramos muy pequeños para esas cosas. El caso es que durante todos estos años nos distanciamos un poco. Toda la ESO él se la pasó en otro instituto pero para bachillerato, vino al que íbamos las chicas y yo. No volvimos a ser igual de amigos como antes pero nos llevábamos genial. Ellas siempre me decían que le gustaba. Que por qué no salíamos. La respuesta era fácil, él era mi mejor amigo, nada más. Aunque se comportara genial conmigo y me hiciera reír. Yo creo que a una persona que conozco tanto desde tan pequeña, esa idea de ser novios pero, esta vez de verdad, no se me ocurriría. Decidí responder el mensaje afirmativamente. Podríamos quedar por la tarde pero temprano y luego iría a ver a Álvaro y los demás.

'Hooola! Por mí perfecto, a las cinco y media en mi calle?'

Mandé el mensaje. Unos segundos después obtuve una respuesta. Vaya, sí que tenía ganas.

' Valee. Estaré puntual  un beeso (: '

Fui a llamar a casa de Ana pero comunicaba así que llamé a Rocío.

*Llamada telefónica*

- ¡Invalida! - Así de original era ella saludándome.
- Y dale. ¡Que ya estoy perfectamente!
- Si, si. Pero ya verás cuánto tardas en caerte otra vez...
- Muchísimas gracias por los ánimos. Como se nota que me quieres.
- ¡Uy! ¿Yo? Muchísimo, muchísimo.
- Bueno, a lo que iba. ¿Habéis quedado esta tarde?
- Sí, lo hablamos ayer por la noche cuando nos acompañaron los chicos a casa. A las seis en la plaza de casa de Ana.
- Yo iré más tarde, ¿vale?
- ¿Y eso?
- Me ha mandado un mensaje Sergio. Dice que si quedaba con él, me parecía buena idea, que luego siempre decimos de vernos y nunca quedamos.
- Pues que no os vea Álvaro...
- ¿Qué dices? Sabes que Sergio es como mi mejor amigo. Le conozco desde que éramos enanos. 
- Ya... Pero Álvaro es celoso.
- Pues hombre, si él queda con su mejor amiga una tarde y después se viene con nosotros a mí no me importaría. Confío en él.
- Tú verás...
- A ver Rocío, cariño mío. ¿Me estás diciendo que porque ahora esté con Álvaro no voy a poder ver a ningún amigo mío? Porque por esa regla de tres tampoco puedo ver a los chicos... - Rocío se empezó a reír al otro lado del teléfono. - Claro, claro, ¡si es que tengo una chispa! Yo también me río. - Hice que me reía falsamente.
- ¡Me encanta picarte!
- Mira que eres tonta. - Siempre lo hacía y acababa creyéndola.
- ¡Es que siempre te lo crees!
- Muy gracioso todo eh...
- Bueno, que sí, que yo luego se lo sigo a los demás. Llámanos cuando vayas a venir y te decimos donde estamos.
- Vale. ¡Hasta luego!
- ¡Adiós! Pero ten cuidado, no se te vaya a declarar Sergio.
- ¿Ya empiezas con la bromita? Anda, adiós.
- ¡Adiós! - Colgué. Menuda tonta. Ya me estaba asustando. Aunque claro, lo que yo no sabía es que esa tarde no iba a ser tal y como yo esperaba...

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 23.

*Narra Blas*

El concierto ya había acabado. Esta vez había mucha más gente que de costumbre. Sin darnos cuenta íbamos creciendo más y más. Nuestra música iba llegando cada vez a más gente.
Fuimos al hotel en el que estábamos alojados. Álvaro y yo estábamos en la misma habitación. Entramos y cada uno llamamos a nuestra pareja.

*Llamada telefónica*

- ¡Hola cielo! ¿Qué tal el concierto?
- ¡Genial! Había muchísima gente, ha estado muy bien.
- Me alegro chiquitito, a ver si al próximo podemos ir a veros. - De fondo escuché muchas risas, estaría con las demás.
- ¿Estás con las chicas? - La pregunté.
- Sí, se van a quedar a dormir a mi casa. Mis padres no están y las he invitado.
- ¡Menuda fiesta tendréis montada!
- Ya sabes que somos muy escandalosas. Ahora estamos haciendo el tonto, como de costumbre... - Entonces se escuchó un golpe y después más y más risas.
- ¿Qué ha pasado? - Ahora sólo escuchaba la risa de Clara al otro lado del teléfono y bueno, también algunos '¿Estás bien?' que terminaban en más carcajadas.
- Ay... Madre mía... ¡Pero mira que eres torpe hija! - Clara hablaba con las demás.
- Mm... ¿Hola?
- Perdón cielo, es que Elena se acaba de escurrir y por poco se come el suelo... - Volvió a reír al recordarlo.
- ¿Otra vez? Pero, ¿no estaba con el tobillo mal?
- Dice que eso ya está bien, que no era nada.
- Esta niña yo no sé como sigue aún entera... - Reímos los dos.
- Bueno, ¡que yo también soy torpe!
- ¡Pero no tanto!
- Vale, eso es verdad...
- Cariño, me tengo que ir, que en nada nos vamos a dormir.
- ¡Vale cielo! Te quiero mucho.
- ¡Y yo! Mañana te veo. - Los dos colgamos.

*Narra Elena*

- ¡Elena! - Gritó Ana desde la habitación de Clara. - ¡Tienes una llamada perdida!
- ¡Voy! - Grité yo también.
- Tsss. ¡No chilléis! Que ya es tarde chicas. - Lucía nos regañó. Al final con ella había salido todo bien. Hablamos con Sonia, la ex de Adrián, y nos dijo que él hablaba mucho y se iba haciendo el malo, pero que normalmente luego no hacía nada. A ella la dijo algo parecido y desde entonces no ha vuelto a suceder nada. Como consejo nos dijo que intentemos alejarnos de Adrián, que a este en dos días ya se le habrá olvidado lo que dijo.
Fui a la habitación de Clara, donde tenía mi móvil, y vi una llamada perdida de Álvaro, seguro que ya habían terminado el concierto. Marqué su número y le llamé.

*Llamada telefónica*

- ¡Pero bueno! ¡Si sigues consciente después de la caída!
- ¡Mira qué gracioso el niño! Oye, ¿y tú cómo lo sabes? - Estaba extrañada.
- Me lo acaba de decir Blas, estaba hablando con Clara y  justo te has caído. ¿Qué te ha pasado esta vez?
- Nada, que estaba andando y me he escurrido porque iba con los calcetines y me he pegado un buen golpe. 
- Vamos, como de costumbre...
- ¡Efectivamente! - Yo estaba tranquila. ¿Quién no se ha caído alguna vez? Bueno, pues yo lo hacía constantemente. Ya estaba acostumbrada.
- Deberías tener más cuidado. ¡Ayer te torciste un tobillo y hoy te caes otra vez!
- Bueno, lo del tobillo ya está bien, un poquito de hielo y listo. ¡ Y que caerme me caigo todos los días!
- Repito, deberías tener más cuidado...
- Que sí... ¡A partir de ahora voy con casco y rodilleras! - Escuché como al otro lado del teléfono Álvaro reía.
- Qué torpe que eres...
- Ya, ya lo sé, pero da igual, algún día se me pasará, ¿no? Bueno, ¿vosotros qué tal el concierto?
- Muy bien. Los cinco lo hemos disfrutado un montón.
- Es que tenéis unas voces increíbles Álv. - Recordé el primer concierto al que fui. Sí, realmente sus voces eran increíbles.
- Como tú, enana.
- Vais a llegar lejos... Aunque me asuste la idea, llegaréis muy lejos...
- ¿Asustarte? ¿Por qué?
- Porque no podré estar contigo...
- ¡No seas tonta anda! Tu vas a seguir conmigo pase lo que pase, ¿vale? No te preocupes por nada, pequeña torpe. - No pude evitar reírme. 'Pequeña torpe'. Me encantaba.
- Cielo, me tengo que ir, que me dejan sin palomitas.
- ¿Palomitas? ¿A estas horas?
- Vamos a ver una película y hemos hecho palomitas.
- Pues a ver si no se te caen... - Álvaro se rió. Yo mientras recordaba una de las múltiples veces que fui con las chicas al cine y, como no, se me cayeron las palomitas. La más torpe de las torpes, sí señor.
- Adiós cielo, ¡te quiero!
- ¡Y yo pequeña!

*Narra David*

Ya habíamos llegado a Madrid. Estábamos en casa de Carlos esperando a que llegaran las demás. Que yo sepa vendrían las cinco. No dejaba de darle vueltas a lo que hablé con Dani. ¿De verdad me gustaba Lucía? No lo tenía claro. Ahora estaba hecho un lío y seguir pensando en el tema no ayudaba.

- ¿A qué hora venían? - Pregunté.
- A las seis y media. - Contestó Carlos. Saqué mi móvil y miré la hora.
Las 18:34. Estarían a punto de llegar.
- ¿Qué pasa David? ¿Tienes ganas de ver a Lucía? - Me susurró Dani.
- Cállate. - Le di un codazo.
- Ay, David. - Dijo esta vez en un tono que todos pudieron oír.
- ¿Qué pasa? - Preguntó Blas.
- Él sabrá. - Le contestó Dani. 

Justo sonó el timbre y las chicas pasaron. Una, dos, tres, cuatro y... Nadie más. Sólo estaban cuatro y, como no, la que faltaba era Lucía. Todos nos saludamos y decidimos salir a dar una vuelta.
- Lucía no ha podido venir, se encontraba mal. No habrá dormido bien esta noche y todas las palomitas, patatas y chuches que nos comimos ayer no la habrán sentado bien. - Comentó Rocío.
- Y el chocolate, no olvides el chocolate. - Añadió Ana.
- ¡¿Comisteis chocolate?! - Había sido mala idea sacar el tema de la comida con Carlos delante.
- Carlos no te quejes que tú también.- Álvaro tenía razón. Ayer el rubio se quedó bastante a gusto comiendo.
- Ahora tengo hambre... - Dijo Carlos agachando la cabeza.
- Pues te esperas unas horitas. Que te estamos malacostumbrando. Siempre que tienes hambre vamos a por un helado o a comer. - Respondí.
- ¡Señor, sí señor! - Él se puso la mano en la frente haciendo el tonto una vez más.

Cerca de las diez cenamos y decidimos llevar a las chicas a casa. Cogimos los coches de Dani y Blas y las acompañamos.  Subí con Blas, Clara, Ana y Carlos. A los demás los llevaba Dani en su coche.
Eran las once y cuarto pasadas y, después de haber aparcado cada coche, fuimos dejando a las chicas en su casa. Las últimas fueron Clara y Rocío. Íbamos bajando la calle que conducía a la urbanización y de lejos vimos a Lucía intentando soltarse de un chico que la agarraba del brazo.
- Mierda... Es... - Murmuró Rocío.
- Es Adrián. - Clara terminó la frase.