*Narra Ana*
Apagué el despertador, ya eran las diez y media. Me levanté rápido y me preparé el desayuno. Café con leche y dos tostadas. Terminé y me fui a lavar los dientes, me hice una coleta y llegó la hora de elegir bikini. Tenía como siete u ocho, Lucía siempre me decía que la diera alguno, que tenía bastantes, y siempre acabábamos riéndonos. Al final escogí uno que era rosa con flecos, me lo había puesto un par de veces y me parecía una buena elección. Me puse una camiseta blanca de tirantes, unos vaqueros cortos, las chanclas e hice la cama antes de que llegara Carlos a por mí.
*Narra Carlos*
Eran las once y media, ya estaba en su portal así que llamé al telefonillo, un par de segundos y obtuve una respuesta.
- ¿Si?
- ¡Rubia soy Carlos!
- ¡Ya bajo!
Esa sonrisa tonta se apoderaba de mi otra vez, ya era el tercer día que quedaba con ella y cada vez me gustaba más.
- ¡Hey sombrerito!
- ¡Hola preciosa! - La di un abrazo, después, dos besos.
- ¿Vamos?
- Claro, te sigo.
A pocos metros de su portal había una puerta blanca, Ana la abrió y pasamos dentro. Ahí había dos piscinas una grande en la que se bañaban los adultos y otra más pequeña, para niños.
- ¿Te has traído los manguitos? - Bromeé.
- ¡Uy! ¿Qué te crees, que no sé nadar? - Reímos.
- No sé yo eh...
- Bueno, si me ahogo tú me salvas ¿no?
- Claro que sí enana. - Sonreí y ella se acercó a mi, me dio un beso en la mejilla.
Colocamos nuestras toallas en el césped y nos quedamos en bañador.
- A mi aún no me apetece bañarme, ¿jugamos a las cartas? - Abrió el bolso que traía y sacó una baraja de cartas.
- Vale, ¡pero luego nos metemos en la piscina eh! - Hacía mucho calor, yo me quería bañar.
- Que si... - Los dos nos reímos.
Después de una media hora y de que Ana me ganara un par de veces a las cartas, nos fuimos a bañar.
- ¡No vale empujar! - Pero casi antes de terminar la frase, ya la había tirado al agua.
- Rubio, eres muy malo. ¡Encima que te invito a mi piscina! - Nos empezamos a reír y me tiré al agua.
- Lo siento pero.. - Y antes de que me diera cuenta ya estaba debajo del agua, Ana se vengaba de mí.
- A vale, vale, ya me has ahogado, estamos en paz. - Dije cogiendo aire.
*Narra Álvaro*
Estaba aburrido, no tenía nada que hacer y no dejaba de pensar en ella. ¿Cómo podía estar así si la vi hace un par de días? Vale, me gusta. Lo admito pero, no había estado así nunca. ¿Por qué me pasa esto a mi? Encima tiene cinco años menos que yo... 'La edad no importa si de verdad sientes amor' me acuerdo que mi padre me repetía esto continuamente cuando era pequeño.
Ahora mismo sólo quiero que sea lunes. Suena un poco raro ¿no? Nadie quiere que llegue el lunes pero, yo lo único que quiero es verla.
Miré el reloj, era la una y media, empezaba a tener hambre así que me puse a preparar algo aunque fuera para picar. Pero había una pregunta que no paraba de surgirme continuamente. ¿Qué estaría haciendo ella ahora? Supongo que estudiar o prepararse para comer pero, ¿habría pensado en mí? A ver, es Auryner, es Smiler, ¡hasta se puso a llorar cuando nos vio! Pero no creo que piense tanto en mi como yo en ella este fin de semana, se me esta haciendo eterno.
*Narra Elena*
Llevaba toda la mañana estudiando, para esto soy muy exigente así que me lo sabía bastante bien, creo que hasta me iba a tomar por lo menos una hora para dormir después de comer.
Busqué mi móvil por la habitación, otra vez que no sabía donde estaba, siempre me pasaba eso y me ponía de los nervios. Levanté un poco la sábana de la cama y ahí estaba, ¿qué hace ahí? Soy el despiste en persona de verdad. Desbloqueé el móvil y no pude evitar una sonrisa, ese fondo de pantalla, esa foto, él, el que me sacaba una sonrisa, al que vi hace un par de días en el instituto. Era increíble poder tener una foto con Álvaro. Le quiero tanto. Espero poder verle mañana otra vez en el recreo o en alguna clase. ¿Se acordará de mi? Eso espero. Es que es increíble, ¡le voy a ver mañana!
- ¡Elena a comer!
- Ya voy mamá.
Fui a comer, mejor que dejara de pensar en eso porque me ponía muy nerviosa sólo de imaginarlo.
*Narra Ana*
Llevábamos un bien rato en las toallas, hacía bastante calor y creo que Carlos se había quedado dormido en la toalla.
- Carlos. - Le susurré en el oído. Nada, no había respuesta.
- Venga despierta, que te vas a poner como un tomate de tanto tomar el sol. - Frito, frito, yo creo que hasta estaba soñando.
Cogí la crema, le iba a echar un poco en la espalda si no se quemaría. Abrí el bote, le eché un poco en la espalda y...
- ¡Ay! ¡Que está fría! - Carlos se levantó rápido.
- ¡Carlos que te vas a quemar!
- Que va, yo controlo, yo controlo.
- ¡Pero si llevas media hora dormido! Anda ven, que ahora tienes un pegote de crema en la espalda. - Menudo numerito que estábamos montando, creo que la gente empezaba a mirarnos.
Al final me dejó que le pusiera la crema, era por su bien. Volvimos a jugar un poco a las cartas, esta vez me ganó él. Y como hacía mucho calor volvimos al agua.
- No vale que me tires ¿vale?
- Bueno, pero porque me has dado crema que si no... - Nos reímos y nos tiramos al agua.
- Ana, tengo que hablar contigo...
- ¡Dime! Pero vamos a ese bordillo, que aquí no hago pie. -Los dos nos volvimos a reír.
Nadamos hacia el bordillo y Carlos empezó a hablar.
- A ver... Es que esto no es fácil de decir, me estoy poniendo muy nervioso la verdad.
- Carlos, nerviosa me estoy poniendo yo. - Conseguí que sonriera.
- Lo siento Ana. Yo... Lo único que quiero es... - Se fue acercando lentamente a mi. ¿Me iba a besar? ¿Carlos Marco me iba a besar?
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