*Narra David*
Y seguíamos de fiesta. Creo que eran casi las nueve. Empezaba a tener hambre ya que no quedaba nada de lo que habíamos preparado entre todos para la comida. Pero bueno, lo estábamos pasando genial, sobre todo Lucía, ¡se la veía tan contenta! A mí se me había pasado el día muy rápido, desde que quedamos todos por la mañana para prepararlo, recogí a Lucía y llegamos al local alquilado, parecía que había pasado mucho menos tiempo. Por desgracia, la cumpleañera y yo estuvimos un poco distantes en la fiesta, quizás por lo que sucedió en el parque...
- ¡Bueno chicos! Como tenemos hambre y ya sabéis que la pizzería está aquí al lado, hemos pensado Rocío y yo que podíamos cogernos unas pizzas y comer algo, ¿no? ¡Que la verdad es que ya hay hambre! - Dijo Dani.
- ¡Por fin alguien que lo dice! No quería ser yo el primero en proponerlo, que luego os pensáis que como todo el rato... - Respondió Carlos.
- ¿Y no es así? - Preguntó Rocío.
- Creo que todos sabemos perfectamente la respuesta. - Contesté.
- Bueno, pues como son bastantes que se queden aquí un par de personas apartando un poco las cosas de la mesa y los demás vamos a pedir la comida, ¿os parece? - Dijo Ana.
- Vale, Lucía y yo nos quedamos aquí, id vosotros a por las pizzas. - Dije antes de que nadie dijera nada, quería estar con Lucía.
- ¡Perfecto! ¡Ahora venimos! - Todos salieron de la sala en dirección a la pizzería que había a escasos metros. Me levanté de la silla en la que estaba sentado y ayudé a Lucía a apartar todos los regalos y platos vacíos que había sobre la mesa.
*Narra Clara*
Llegamos al telepizza. El olor de la comida nos dio a todos muchísima más hambre y no tardamos en pedir todas las pizzas necesarias. Nos dijeron que tardarían unos veinte minutos, así que tomamos asiento en una mesa grande que había frente al mostrador.
- ¡Al final todo ha salido bien! - Exclamé.
- Bueno, falta el toque final, ¿no? - Al parecer ninguno entendió lo que quiso decir Álvaro.
- ¿El toque final? - Preguntó Blas.
- Me refiero a David y Lucía.
- ¡Ah! Bueno, ahora que están ellos dos solos quizá se lance. - Dijo Carlos.
- Si no se ha lanzado antes de venir...
- Es verdad. Por cierto, ¿qué sorpresa le había dado David? - Preguntó Rocío mirando a su pareja. Dani explicó todo lo que su compañero había organizado esa mañana para sorprender a Lucía.
- Yo creo que ya tienen algo... - Dije.
- Pues yo pienso que se lo estará diciendo ahora. - Contestó Ana.
- ¿Segura? No sé yo si se lo va a decir esta noche. - Dijo Blas.
- ¿Ya empezamos con el marujeo? - Elena cogió asiento al lado de Álvaro, había ido a pagar la comida.
- Ya sabes que somos así, ¿tú que opinas del tema? - La pregunté.
- Yo creo que ahora estarán hablado y espero que se lo diga ya.
*Narra Lucía*
No sabía por qué pero estaba hasta nerviosa. Sólo un poco pero lo estaba. Me prometí a mí misma que olvidara lo que había sucedido esta mañana y me comportara de manera normal, pero no había manera, parecía como cuando era pequeña y pasaba delante de mí el chico que me gustaba.
- Bueno, esto ya está ordenado. Dime, ¿te está gustando lo que te hemos preparado? - Comenzó a hablar él.
- Sí, la verdad es que todo esto está genial, lo habéis preparado muy bien, la sala está preciosa, los regalos han sido perfectos y que cantarais ha sido lo mejor. - Respondí sonriendo.
- ¿Y lo de esta mañana? - Sabía que en algún momento acabaríamos hablando del tema.
- ¿Tú sorpresa? - Me hice la despistada.
- Sí, lo del parque.
- Ha estado genial. - Intenté arreglar mi frase tan sosa con una tímida sonrisa.
- ¿Qué pasa? ¿No te ha gustado? - Eso digo yo. ¿Qué pasa? ¿Qué me pasa? Ahora mismo tendría que estar contenta, algo histérica, pero no, tenía delante al chico que me gusta, que casi me besa y estoy nerviosa e incómoda.
- Sí, sí que me ha gustado. - Seguía sonriendo pero no funcionaba. Sabía que ya no podía salir de aquella conversación así que lo mejor sería volver a ser como soy, es decir, estar tranquila y dejarme de preocupaciones.
- No se te ve muy convencida.
- No es eso... - Me giré para colocar una silla.
- ¿Y entonces qué es? - David me abrazó detrás de mí por la cintura y apoyó su cabeza en uno de mis hombros.
- No... No sé.
- Yo creo que sí lo sabes, creo que lo sé hasta yo.
- No creo... - Contesté insegura.
- Anda Lucía, date la vuelta y mírame. - Le hice caso.- No llegó a ser un beso. - Vale, sí que lo sabía.
- No sé... A... A qué... Te refieres. - Tartamudeé.
- No entiendo por qué te pones así. - David se alejó pensativo un par de metros de mí.
- Lo siento. - Me acerqué a él. Mi estúpido comportamiento no me estaba ayudando mucho.
- No, lo siento yo, por hacerme ilusiones.
- ¿A qué te refieres?
- Venga Lucía, lo sabes perfectamente.
- ¿Yo qué voy a saber?
- ¿Qué va a ser? ¡Que me gustas! ¿Acaso no te has dado cuenta? ¿No lo has pensado alguna vez? No sé, cuando me ponía celoso del estúpido ese, siendo siempre el más cercano, antes... En el parque.
- ¿Y por qué no me lo has dicho antes? - Fue lo primero que se me ocurrió, no sabía qué decirle.
- ¿Cuándo? ¿Cuándo estabas con Adrián?- Ahora esto se asemejaba a una pelea. ¿Una pelea con declaración? No sé, pero nuestro tono de voz era bastante elevado. Sólo podía hacer una cosa.
- Lo siento. - Y sin más me acerqué a él hasta besarle, él aceptó y tras un largo beso, nos separamos.
- Te quiero Lucía.
- ¡Pizza a domicilio! - Dani abrió la puerta cargando varias cajas de pizza. - Ups, ¿interrumpo?- Dijo mirándonos.
- ¿Cuántas de nuestras declaraciones no han sido interrumpidas? - Carlos apareció detrás de él.
- Anda, pasad. - Dije.
Los chicos y mis amigas entraron dentro con un montón de comida. Llevaban muchas pizzas, más bebida y más bolsas de patatas fritas o gusanitos. No sé si pretendían que nos acabáramos todo eso, pero algunos parecían que no habían comido en días.
- ¡Me pido el más grande! - Dijo Ana.
- Como se nota que te influyo, pero no, el más grande es para mí. - Pidió Carlos mirando apetitoso la pizza que Álvaro acababa de cortar.
- Yo creo que el más grande es para Lucía, ¿no? Que ella es la del cumple. - Me dijo Elena.
- A mí me da igual, como queráis chicos. - Dije.
Comenzamos a comer mientras hablábamos de diversos temas, la noche acababa y todos lo estábamos pasando genial.
- Y ahora... ¡La tarta! - Exclamó Rocío.
- ¡Por fin! - Carlos y Ana aplaudieron. Sí, tal para cual.
Blas trajo un enorme pastel con dos velas indicando el número dieciocho. Los chicos cantaron el cumpleaños feliz esta vez también acompañados de las voces de las chicas y, sin poder remediarlo, me emocioné.
- Muchas gracias, de verdad.
- De nada tonta. Anda, pide un deseo. - Y, de la mano de David, cerré los ojos y soplé las velas, estas se apagaron haciendo que todos aplaudieran. Sin duda, esa noche la iba a recordar toda la vida.
Siento no haber podido subir capítulo todo este tiempo. ¡En cuanto termine todos los exámenes os recompensaré con un montón!
¡Muchísimas gracias por leer mi novela! ¡Un beso!
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