*Narra Lucía*
Cogí mi pijama y me lo puse rápidamente, hoy el sueño podía notarse. Cogí mi móvil junto con el cargador y lo enchufé al lado de la cama para que cargara. Lo desbloqueé y leí algunos de los últimos mensajes. La mayoría eran del grupo que teníamos los diez juntos.
'Carlos, temo por el lugar al que nos lleves' - Clara.
'Seguro que es algo en plan chocolatelandia o algo así' - Ana.
'Eso seguro' - David.
'Vosotros venid, os va a encantar de verdad.' - Carlos.
'No, si yo eso no lo pongo en duda, pero el miedo sigue ahí. Jajaja' - Elena.
'Tranquila, no habrá que escalar' - Carlos.
'Uh...' - Blas.
'Rubiales, eso ha sido muy cruel' - Clara.
'Él es cruel' - Rocío.
'Encima que os voy a llevar de excursión...' - Carlos.
'No intentes hacerte la víctima, el daño ya está hecho' - Elena.
'¡Anda que no sois pavas Clara y tú! - Dije al terminar de leer la conversación.
'¿Acaso lo dudabas? - Clara.
'Eso es imposible dudarlo' - Blas.
'Qué triste todo, nadie nos defiende' - Elena.
'Pobrecillas, encima que Carlos "las hiere"' -Álvaro.
'¡Pelota, pelota, pelota!' - Dani.
'Ya empezamos...' - Álvaro.
'Bueno, ahora hablando como personas normales y civilizadas... ¿A qué hora quedamos?' - Dije intentando poner orden.
'Quedamos en mi casa a las once' - Carlos.
'¿Tan pronto?' - Ana.
'Una cosa es pronto Ana, y otra muy distinta que a ti te lo parezca porque te levantes a horas no muy decentes' - David.
'¿Entonces me toca madrugar?' - Ana.
'Va a ser que sí' - Rocío.
'Bueno, pues si me permitís, me pongo la alarma y me duermo. ¡Buenas noches!' - Escribí para despedirme.
Tras enviar esto y poner la alarma para el día siguiente tal y como les dije a los demás, dejé el móvil sobre la mesilla y me dormí.
*Narra Ana*
Creo que ya era la cuarta alarma que apagaba, aunque según mi rutina mañanera, hasta que no apagaba siete no me despertaba. Y así fue, en cuanto apagué la última alarma y tras varios comentarios quejándome, me estiré y salí de la cama. Subí la persiana, sol, más sol y ni una sola nube que estropeara el claro cielo.
Fui al baño y en cuanto me duché entré en la habitación para escoger la ropa. Pero, ¿cómo tendría que ir? ¡No sabía ni el lugar al que íbamos! ¿Tendría que ir arreglada? ¿Con ropa cómoda? Como mis preguntas aumentaban por momentos decidí que lo mejor sería preguntarle a Carlos y, minutos después, obtuve la respuesta.
'No hace falta que vayas arreglada, vístete normal aunque te aconsejo que lleves calzado cómodo y sobretodo sé puntual, que ya nos conocemos.
¡Te quiero rubia!'
Vale, ahora sí que podría elegir la ropa con tranquilidad. De nuevo volví a abrir el armario y saqué una de mis camisetas preferidas junto con unos vaqueros cortos de color negro.
Me dirigí a la cocina para tomar algo de desayuno. Esto casi parecía algo nuevo, llevaba casi todo el verano levantándome a la hora de comer o incluso más tarde. Me preparé un par de tostadas y un café. Lo tomé rápido y con ganas, aún ume quedaba maquillarme y secarme y arreglarme el pelo. Recogí la mesa y rápidamente cogí el estuche de maquillaje, una vez que estuve lista me arreglé el pelo. Me sobraron incluso quince minutos, así salí de casa cogiendo el coche para llegar la primera a casa de Carlos.
*Narra Carlos*
Antes de lo previsto el timbre sonó y fui a abrir. Me asomé por la mirilla y tras la puerta se encontraba Ana.
- Parece mentira que haya llegado antes y todo, ¿verdad? - Me dijo bromeando en cuanto abrí la puerta.
- La verdad es que no es muy normal. - Reí. Ana se inclinó para darme un beso y los dos entramos dentro de mi piso.
- Bueno, ¿a dónde nos vas a llevar? - Me preguntó en cuanto pudo.
- Ya dije que es una sorpresa.
- ¿Pero tiene algo de especial?
- A mí me llevaron una vez hace años y la verdad es que me encantó.
- ¿Habrá chocolate? - Me preguntó levantando las cejas.
- Sólo digo que habrá que llevar todo eso. - Dije señalando varias mochilas que había sobre el sofá.
- ¿Ahí que hay?
- Básicamente es comida. La necesitaremos.
- ¿Hablas por ti o por todos?
- ¡Ni que comiera tanto! Es para todos, ya lo verás...
- Pero... - El timbre volvió a sonar interrumpiéndola. El resto del grupo empezaba a llegar.
Unos quince minutos más tarde los diez estábamos listos para salir así que, en diferentes coches empezamos lo que sería una pequeña excursión.
*Narra David*
- ¿Falta mucho? - Preguntó Álvaro desde unos de los asientos de la parte de atrás del coche.
- No lo sé, yo sólo me limito a seguir a Carlos, el sabrá cuándo parar, ¿no? - Contestó Lucía, que dirigía el vehículo.
- ¿Cuánto tiempo llevamos de viaje? - Nos preguntó Elena que dejaba caer su cabeza sobre uno de los hombros de Álvaro.
- Más de una hora. - Contesté después de mirar el reloj.
- ¡Mirad! ¡Ya para! - Exclamó Rocío al ver que el coche del rubio aparcaba en un pequeño parking.
Los cinco bajamos del coche y nos acercamos al otro grupo. Miré a mi alrededor y sólo veía varias montañas y campo, mucho campo.
- Pues yo me esperaba que nos llevara a un bufet libre... - Dijo Clara mirando a Carlos.
- No es tan bueno como eso pero os aseguro que valdrá la pena. - Contestó él.
- ¿Y ahora qué hacemos?
- Blas, ahora nos toca andar.
- Pues venga, vamos.
Tras dos largas horas que parecieron eternas el grupo entero seguíamos un pequeño camino marcado en una de las pequeñas montañas. Hacía bastante calor y teníamos que cargar con el peso de la mochila que Carlos había preparado libremente para cada uno de nosotros.
- ¿Vamos a parar pronto? - Preguntó Rocío.
- Ya no queda nada, tranquilos.
Efectivamente, tan sólo diez minutos después llegamos a lo que sería la cima. Aunque la montaña no era alta las vistas eran increíbles.
- Me trajeron hace varios años aquí y por muy cansado y pesado que fuera el viaje siempre había querido volver. Y puesto que ahora nos toca volver al trabajo, quería compartir todo esto con los nueve. - Nos contó Carlos sin apartar la vista del grupo.
- La verdad es que todo esto es increíble. - Dijo Dani, que miraba asombrado a su alrededor.
Un rato después cada uno comprobamos que dentro de las mochilas había bocatas y bebidas para cada uno de nosotros. Así que, extendiendo varias mantas, nos sentamos a comer disfrutando del paisaje. Era algo que ninguno de nosotros nos esperábamos y que, sinceramente, nos había encantado.
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