*Narra Clara*
Sentí el aliento de alguien cerca de mi cara. No sabía quién o qué era eso que me había despertado, así que simplemente abrí los ojos.
Entre algunos de los peluches que había colocados sobre mi cama vi cómo Blas intentaba hacer hueco para colocar... ¿Una bandeja?
- ¿Blas? - Pregunté mientras seguía extrañada de que él estuviera en mi casa.
- ¿Te he despertado?
- Bueno... Más bien sí, pero supongo que será tarde, así que no pasa nada. - Me incorporé y le di un pequeño beso. - ¿Qué haces aquí?
- ¿No lo ves? - Dijo mostrándome la bandeja que llevaba cogida. En ella estaba lo que supongo que sería mi desayuno.
- ¡Vaya! ¿Todo eso es para mí?
- Bueno, si quieres podemos compartir algo, tengo que reconocer que sólo me ha dado tiempo a tomar un café.
- Entonces todo esto para los dos. - Respondí con una gran sonrisa. Él siempre sorprendiéndome.
- Bueno, el plan era que lo tomaras en la cama, pero creo que acabaríamos manchándolo todo.
- ¿Vamos al salón?
- Va a ser mejor. - Rió.
Él salió primero de la habitación, yo me cambié y salí varios minutos después, entré en el baño para peinarme y cuando ya estaba lista fui al salón con Blas.
- ¿Qué quieres que hagamos esta tarde? - Me preguntó una vez que comenzamos a desayunar.
- ¿Hoy no ibais al estudio?
- Al final es en un par de días cuando tenemos que empezar a trabajar otra vez. Por eso he venido hoy, para poder aprovechar estas últimas horas.
- Si quieres hoy pasamos la tarde juntos y mañana con el resto.
- ¡Vale! ¿Y qué te apetece hacer esta tarde?
- Pues no sé, ¡lo que tú quieras!
- ¿Vamos al Retiro?
- ¡Vale! La verdad es que hace bastante tiempo que no voy.
- Si quieres comemos aquí y vamos por la tarde.
- Mejor, porque sabes que hasta que me arregle... - Me levanté de la mesa recogiendo el desayuno y dejándolo en la cocina. Seguro que hoy sería un buen día.
*Narra Ana*
Poco después de comer cogí el coche y fui a casa de Carlos. Él no sabía que llegaría tan temprano, pero me apetecía verle. Pronto tendrían que empezar a trabajar duro de nuevo y había que aprovechar los últimos días.
Una vez que ya estaba allí llamé al timbre y Carlos, bastante despeinado, abrió la puerta.
- ¡Vaya! ¿Tan pronto? - Dijo al abrir la puerta con una gran sonrisa.
- ¡Sí! No quería esperar más, me apetecía verte.
- Bueno, ayer me viste. - Respondió dejando que pasara dentro del piso.
- ¿Acaso eso importa?
- Ven anda. - Me acerqué a él, que me dio un dulce beso. - Antes de nada, me tienes que dejar que intente arreglar esto. - Dijo señalando el pelo rubio bastante revuelto que le caía por la frente.
- Va a ser mejor. - Dije riendo.
Acto seguido él entró al baño para peinarse y yo di una vuelta por la casa. Me paré en una gran vitrina. Ahí estaban todos los discos, álbumes, tazas y derivados con el logotipo de Auryn y cualquier foto de los cinco. ¡Habían conseguido tanto!
Seguí andando por el piso hasta llegar a su habitación, era una de las pocas veces que estaba realmente ordenada. En ella había varios marcos y algún que otro álbum de fotos sobre la mesa. Decidí abrir el primero. Ahí estaban todas las fotos de los diez, desde la primera hace años hasta la última de hace escasos días. Cogí el otro álbum que había al lado. Al abrirlo me vinieron miles de recuerdos, aquella era la foto de mi primera firma, mi primera foto con Carlos. Seguí pasando las páginas. ¡Había tantas fotos! Lo mejor de estos últimos años había sido haberlos compartido con él. Comprobé que una pequeña lágrima comenzaba a resbalar por mi mejilla, ¡eran tantos recuerdos! Poco después llegué a la última página, en ella había un pequeño mensaje:
'Por todo esto y mucho más. Estoy seguro de que aún quedan miles de historias por vivir, pero eso sólo si son a tu lado. Te quiero rubia.'
- ¿Así mejor? - Dijo Carlos asomándose por la puerta. Me giré y le vi, esta vez peinado. Corriendo fui a abrazarle. - ¿Eso es un sí?
- Gracias por todo Charlie. - Vio cómo encima de su escritorio permanecían los dos álbumes que había dejado, aunque esta vez uno de ellos estaba abierto, entonces lo entendió.
- Quería regalártelo luego, pero bueno, me da que te has adelantado. - Me llevó con el hasta la pequeña mesa y me dio el álbum. - Para ti pequeña. - Nos fundimos en un tierno beso y poco después comenzamos a hacer los planes para esta tarde.
- ¿Y si damos una vuelta por el Retiro? Hoy no hace tanto calor y se está genial en la calle. - Propuse.
- ¡Vale! Si quieres salimos ya y aprovechamos toda la tarde.
- Pues vamos entonces. - Recogí mi bolso, que había dejado en el sofá, y minutos después los dos entramos en mi coche.
Una vez que habíamos llegado, sin pensarlo dos veces nos acercamos a uno de los puestos en los que vendían helados. Cada uno no compramos uno y seguimos andando.
Llegamos a la parte del parque en la que la gente solía pagar una entrada para coger su barca y remar por un pequeño lago. La mayoría eran parejas o padres acompañados de sus hijos. Me quedé mirando una pareja que me resultaba bastante familiar.
- ¿Esa no es Clara? - Pregunté a Carlos que estaba a punto de terminar su helado.
*Narra Blas*
- Cariño, sabes que te quiero mucho, pero creo que lo de remar se me da mejor a mí, llevamos dando vueltas en círculos un buen rato. - Me dijo Clara que, sinceramente, tenía razón.
- Tú remas cuando toque remar y yo escalo cuando toque escalar, va a ser mejor así.
- ¿Me lo vas a estar recordando toda la vida? - Preguntó riendo.
- ¡Sólo unos cuantos días!
- Bueno, algo es algo.
- ¡Venga Blas, tú puedes! - Escuché gritar a alguien de fondo.
- ¿Carlos? - Preguntó Clara achinando los ojos para poder localizarlo.
- ¡Parece que hoy todos tenemos los mismos planes! - Dije mientras la barca de nuestros amigos se acercaba a la nuestra.
- ¡Me da que aquí cualquiera rema mejor que tú, eh! - Me dijo Carlos una vez que estábamos cerca.
- ¡Oye, que yo lo he intentado! - Contesté mientras Clara reía.
- Otra cosa es que te haya salido bien. - Opinó Ana, que también comenzaba a reír.
Unos diez minutos más tarde, las dos parejas abandonábamos nuestro pequeño paseo en barca para seguirlo a pie.
Horas después los cuatro acabamos cenando en un restaurante cercano.
- Mañana deberíamos quedar otra vez los diez juntos. Es vuestro último día. - Dijo Ana mientras acababa su plato.
- Eso me ha dicho antes Clara. Podríamos ir a algún sitio.
- ¡Yo sé uno perfecto! - Exclamó Carlos.
- Verás... - Murmuró Clara.
- No, de verdad, está genial. Fui una vez y me encantó.
- ¿Cómo se llama? - Pregunté.
- Mañana lo veréis. ¡Os va a encantar!
- ¿Soy la única que tiene miedo? - Preguntó Clara bromeando.
- Me da que no. - Respondió Ana.
- Confiad en mí, vamos a pasarlo genial.
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