martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo 30.

*Narra Dani*

Ya habíamos llegado todos al local que habíamos alquilado para la fiesta de Lucía. Eran más de las doce y teníamos casi todo listo. David había ido a recoger a Lucía, nos dijo que tenía que ir a darle otra sorpresa a ella.

- Globos, ¿dónde están los globos? - Preguntó Clara.
- ¿No están en una de las bolsas que he traído? - Respondió Elena con otra pregunta.
- Los he cogido yo, ¡están aquí! - Las dos miraron a Ana, que con Carlos empezó a inflar todos los globos.
- Vale, entonces no queda nada, ¿no? Están los globos, la comida y la bebida, todo lo del escenario está listo, los regalos están ahí... ¿Falta algo?
- Falta que te relajes un poco Clara. - Blas se acercó a ella y la besó. Sí, seguramente ahora ella estaría mucho mejor.
- ¿Para qué se ha ido tan pronto David? - Preguntó Ana.
- Me dijo que iba a darle una pequeña sorpresa a Lucía. Ella ya sabe que íbamos a estar aquí un rato, así que quería hacerla algo de lo que no sospechara nada. - Respondí.
- ¡Qué mono! - Dijo Rocío.
- ¿Y yo soy mono? - Pregunté poniendo morritos.
- ¿Tú me has hecho alguna sorpresa por mi cumple? 
- ¡Pero si fue en marzo! ¡Ni siquiera estábamos saliendo!
- Excusas. Podríais haber dado un concierto en mi casa tranquilamente...
- ¡Qué boba que eres!
- Pero me quieres.
- No sabes tú cuánto...
- ¿Mucho?
- ¿Sólo mucho? - Pregunté.
- ¡Y luego decís de Elena y de mí! - Interrumpió Álvaro desde el otro lado de la sala.
- ¡Tú a inflar globos con Carlos! ¡Venga, venga! - Respondí.

*Narra Lucía*

- ¡David! - Le abracé nada más verle.
-¡Ay! ¡Que te me haces mayor! - Dijo achuchándome.

Seguimos hablando como de costumbre y llegamos a ese parque cercano a mi casa que tanto me gustaba, había muchas flores de distintos colores y siempre me había parecido precioso. Hoy no había nadie, quizás pasaban un par de personas de vez en cuando, pero en ese momento sólo estábamos David y yo.
- Necesito que te tapes los ojos. - Se paró y me dio un pañuelo para poder tapármelos.
- ¿Para qué? - Pregunté extrañada.
- Es una sorpresa... - Le hice caso y me puse el pañuelo de manera que, lo poco que podía ver, lo veía negro. - Dame la mano, no te vayas a caer. - Volví a hacerle caso y entrelacé sus dedos con los míos. Ya estaba en las nubes.
- ¿Falta mucho? - Me agobiaba esa sensación de no poder ver nada.
- ¡Ya hemos llegado! - David se puso detrás de mí y me desabrochó el pañuelo que llevaba atado en la cabeza. Abrí los ojos y vi que, en la enorme parte de césped, David había colocado una gran sábana, sobre ella había varias velas encendidas y también había preparado fresas con chocolate para que los dos las comiéramos.
- ¡Es precioso David! Muchísimas gracias. - Nos volvimos a abrazar.
- No se dan. ¡Muchas felicidades tonta!
Nos pusimos a comer las fresas, ¡había muchísimas! Lo estábamos pasando genial y entonces... David cogió chocolate y me manchó en la cara, muy cerca de la boca.
- ¡No vale! - Nos 'peleamos' hasta que conseguí acabar encima de David para que no se moviera.
- ¿Te crees que has ganado? - Preguntó desafiante.
- Yo creo que sí, ¿no crees? - Respondí segura.
- No, porque puedo... ¡Hacerte cosquillas! - Él comenzó a hacerme cosquillas. Yo intentaba escabullirme, pero me resultaba imposible.
- ¡Para! ¡Que ya me duele la tripa de tanto reír! - Solté otra carcajada más.
- Pero porque es tu cumpleaños, ¡si no no te librabas!  - Los dos nos volvimos a sentar sobre la manta, recuperando la posición que teníamos al llegar. - Espera, te he manchado aquí. - Se fue acercando lentamente hacia mí hasta quitarme el chocolate de la cara besándome. Nuestros labios habían estado demasiado cerca. El móvil de David comenzó a sonar. Lo cogió y se alejó para hablar tranquilamente. Al terminar la conversación que tuvo por teléfono, volvió al lugar en el que estaba sentada.

- Nos tenemos que ir, aún queda alguna sorpresa más... - Asentí y los dos recogimos todo lo que él había traído. Empezamos a caminar, yo le seguía nerviosa. Tenía pinta de ser un cumpleaños perfecto.

*Narra Ana*

- ¿Ya le habéis avisado? - Pregunté.
- Sí, le acabo de llamar. - Respondió Dani.
- Vale. ¿En cuánto tiempo estarán aquí más o menos? 
- Me ha dicho que en unos diez minutos. Así que no tardarán mucho en llegar.
- Vale pues, vosotros cuatro - señalé a los cuatro chicos.- ir preparándos para cantar y nosotras terminamos de colocar esto un poco. - Todos me obedecieron y terminamos de organizar la sorpresa. Esperábamos que a la cumpleañera le gustara y que después de tantos líos estos últimos días, algo saliera bien.
Pocos minutos después vimos como la puerta del local comenzó a abrirse poco a poco. Observamos como entraba Lucía con las manos de David tapándola los ojos para que aún no pudiera ver nada. En ese momento, los cinco empezaron a cantar el cumpleaños feliz con Lucía ya pudiendo ver la sala. Nosotras nos limitábamos a mirar la escena, preferíamos no estropear la canción.

- ¡Cumpleaños feliz! - Terminaron de cantar.
- ¡Muchísimas gracias chicos! - Vimos como una Lucía emocionada fue corriendo a abrazarles, Clara sacó la cámara justo a tiempo para poder inmortalizar el momento, por suerte Rocío había grabado lo demás.
- ¡Mis chicas! - Lucía se giró y esta vez nos abrazó a las cuatro. Intuía que se acercaba una buena noche.

*Narra Lucía*

Globos, serpentinas, comida, bebida, mis cuatro mejores amigas y Auryn cantándome el cumpleaños feliz. Lo mejor de todo era que no, no era un sueño. Aún seguía algo extrañada por lo que había ocurrido antes con David pero, lo mejor sería olvidarlo, no nos llegamos a besar así que no tengo que seguir dando más vueltas a nada.
Pasamos un buen rato hablando y riendo con las bromas de Blas y Carlos y bueno, algún de otro tropiezo de Clara o Elena. Decidí mirar el reloj. Eran casi las cinco y media de la tarde. Entre tanta conversación, tanta risa y tanta comida, se me había pasado volando.

- Bueno, ahora queda lo mejor, ¿no? - Comenzó a decir Elena.
- ¿Todavía hay más? - Pregunté.

Los chicos se levantaron de sus sillas y subieron al pequeño escenario que habían montado entre todos. Cada uno cogió un micrófono.

- Todo esto va para ti Lucía. - Pronunció David.

Empezaron a cantar. Primero Siempre estás ahí, después Still, Me gusta y por suerte, porque si no me quedaba sin lágrimas, empezaron a cantar canciones como Don't give up my game, Heartbreaker o Better than me.
Un rato después terminaron y cada uno me dio su regalo.

- ¡El mío primero! - Pidió Rocío,
- ¡Si hombre! ¡Que yo me lo había pedido antes de que llegara! - Protestó Ana.
- Pues nada, ¡el mío primero! - Elena se abrió paso entre el corrillo que habían hecho a mi alrededor y consiguió darme su regalo. Parecía como cuando éramos pequeñas y siempre nos peleábamos por ver de quién abríamos primero el regalo.

- ¡Muchísimas gracias! - Dije al comprobar que Elena me había regalado mi colonia favorita. Seguidamente fui abriendo todos los regalos. Al final la mayoría era ropa que me encantaba, todos habían acertado. Sin duda, estaba siendo el mejor cumpleaños de mi vida y eso que aún faltaba lo mejor.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Capítulo 29.

*Narra Ana*

Álvaro se acercó a abrir la puerta. En los demás se podía comprobar que estábamos bastante nerviosos, tanto por la reacción que pudiera tener Álvaro, como por la que pudiera tener la persona que esperaba al otro lado de la puerta.

- Hol... ¿Tú qué haces aquí? - Menudo recibimiento daba Elena...
- No, más bien, ¿qué haces tú aquí? Yo he llegado hace un rato. - Estábamos atentos a la conversación, que escuchábamos todos desde el salón.
- Pues mira, mejor me voy. - Perfecto, el plan ha fallado. O no...

Después de que Elena dijera eso escuchamos pasos, pero la puerta no se cerraba. Segundos después oímos un portazo. Todos esperábamos que Álvaro volviera a entrar en el salón, pero no fue así.

- ¿Se han ido los dos? - Preguntó Clara.
- No sé, espera. - Blas se levantó de la silla que había ocupado y se asomó a la puerta. - Efectivamente, Álvaro también se ha ido.
- Uh... La que se va a liar... - Dije.
- ¿Liar? ¿Por qué? Se reconcilian, seguro. - Apostó David.
- ¿Pero tú has visto lo enfadada que venía Elena? Si salen bien las cosas van a estar hablando un buen rato... - Contesté.

*Narra Elena*

Precioso todo. Perfecto de verdad. Yo que vengo felizmente a intentar pasar una buena tarde con los demás y me lo encuentro. Estaba claro, lo habían planeado ellos. 
Iba metida en el ascensor, descendiendo hasta la planta cero. No sé qué haría después. Supongo que aprovecharía que Carlos vivía en el centro y me iría a ver alguna que otra tienda.
Llegué al piso deseado y alguien me abrió la puerta.
- Vaya, graci... ¿Y ahora por qué me sigues? 
- ¿Por qué no?
- Que me contestes. ¿Por qué me sigues?
- Necesito una respuesta.
- Vamos a ver Sergio, ¿no te quedó claro que no te quiero volver a ver nunca más?
- Anda ya, ¡pero si ya no estás con el chico ese!
- ¡Que me da igual! Gracias a ti no estoy con Álvaro, fue por tu culpa.
- Ya, ya lo sé.
- Ah, ¿y lo dices tan tranquilo?
- ¿No ves que eres lo único que quiero?
- Pues yo también, así que yo me iría yendo...
- ¿Álvaro? - Salí del ascensor.
- Vaya, ¿así que ya está otra vez unida la pareja feliz?
- Vamos a ver Sergio... Tú quieres que te vuelva a dar, ¿no?
- ¿Sabes qué? Paso. Ya lo dejaréis y vendrás llorando a mí.
- Más quisieras. - Murmuré. Y así, sin más, Sergio salió del edificio dejándonos a Álvaro y a mí solos en el rellano.
- Vamos. - Álvaro abrió la puerta del ascensor indicando que pasara dentro con él.
- Yo me voy, ya me has oído antes.
- Vamos, he dicho. - Me repitió.
- Ya te he dicho que me voy.
- Pues nada, te obligo. - Él me agarró del brazo y me metió en el ascensor. En el fondo, por muy enfadada que pudiera estar por lo que me dijo, me apetecía pasar un rato con él.
- El cuarto. - Álvaro buscó el botón que indicaba el cuarto piso y lo pulsó. Yo, apoyada sobre una de las paredes de el estrecho ascensor, crucé los brazos. - Bueno, ¿y qué hacía ese otra vez aquí?
- Espera, ¿me preguntas a mí?
- No, hablo con mi barba. ¿A ti qué te parece?
- Ah, no sé, como en mí no se puede confiar...
- Lo siento, ¿vale? Me pasé.
- Ya, ya lo sé.
- ¿Por qué estás tan borde?
- Entiéndelo. Estoy enfadada, igual que tú ayer. - Contesté mirando al suelo.
- Por lo menos mírame, ¿no? - Levanté la mirada y le miré a los ojos.
- ¿Contento? - Él sonrió. Perfecto, miraba sus preciosos ojos verdes y encima me sonreía. ¿Cómo podía seguir enfadada si eso era lo que echaba de menos?
- Mucho. ¿Sabes? ¿Por qué no olvidamos todo este lío? - El ascensor paró. Ninguno de los dos préstamos atención a eso.
- ¿Y lo dices ahora?
- Mejor tarde que nunca. - Hizo que sonriera. - Ves, así estás mucho mejor.
- Álvaro, ¿por qué? ¿Por qué ayer discutías conmigo y hoy estás tan tranquilo?
- ¿Te crees que no estaba enfadado al verte al abrir la puerta? También me ha dolido que dijeras que te ibas y eso, ha sido lo que me ha hecho reflexionar. - Se paró un instante. - Me duele pedirte perdón y que sigas igual de enfadada, como si no te hubiera dicho nada.
- ¿No te das cuenta de que eso es lo que me hiciste a mí?
- Y también por eso te pido perdón. - Me cogió una mano.
- Álvaro... Ya hemos llegado. - Quise salir del ascensor, pero él se puso contra la puerta impidiendo mi salida.
- Vamos Elena, ¿en serio?
- ¿En serio qué?
- ¿En serio te parece tan difícil olvidar este problema?
- Sigo sin entender por qué has cambiado tan rápido de opinión, no sé, es raro.
- ¿Aún no lo entiendes? - Me cogió de la otra mano. - Entiende que si he salido detrás de ti hace unos minutos ha sido porque no creo que haya ningún problema que sea más importante que lo que hemos vivido. - Tenía razón.
- Lo siento... - Hizo que me emocionara.
- No, no, no. No llores. - Me secó la lágrima que caía por mi mejilla. - Yo ya he olvidado esto, ¿vale? Lo último que recuerdo es... - Se paró a pensar.- Esa conversación por teléfono, ¿recuerdas? ¡Hasta Dani se quejó de que nos 'peleáramos' por quién quería más a quién! - Contesté riendo. - Así mejor. Gracias por esa sonrisa.
- ¿Gracias?
- Sí, porque esa ha sido una de las razones por las que sonrío yo.
- Anda, ven aquí. - Me acerqué a él y le abracé. 
- ¿Sólo un abrazo? - Me preguntó aún entre mis brazos. Yo no respondí. - Bueno, tampoco hace falta que digas nada. - Buscó mi boca. - Te quiero. - Nuestros labios rozaron al hablarme. - Nunca lo olvides.- Terminé besándole yo, siempre me provocaba para que acabara besándole y esta vez no iba a ser diferente.
Alguien abrió la puerta del ascensor.

- ¡Lo sabía! ¡Estos lo arreglaban! - Dijo David al vernos juntos.
- ¿Ya hasta hacíais apuestas? - Pregunté.
- Puede ser... - Contestó Carlos.
- Anda, ¡vamos a dar una vuelta! - Dijo Ana.
Todos bajamos y salimos del edificio. Pasamos la tarde bastante bien.

*Narra Lucía*

[Cuatro días después]

- ¡Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te desea tu pastelito, cumpleaños feliz! - Y eso fue lo primero que escuché al despertarme. Bueno, miento, primero sonó en móvil porque él me había llamado.
- ¡Muchas gracias tonto!
- Anda, baja abajo, tengo una sorpresa...
- ¡Dame cinco minutos!
- ¡Vale! - Colgué y me vestí corriendo. Bajé y ahí me estaba esperando David. ¿Qué me querría decir?

viernes, 1 de noviembre de 2013

Capítulo 28.

*Narra Álvaro*

- Vale, la quiero, pero si estoy enfadado, ¿no crees que tengo motivos como para no querer hablar con ella?
- ¿No crees que ella estará también algo enfadada? 
-¿Ella? Me puedo reír, ¿no?
- Enfadada no, pero sí algo ofendida. Hombre, yo veo a otro chico besando a Clara y me diga lo que me diga el chico se lleva la torta pero como está mandado. Pero tú eres más dramático...
- Y tú más bruto.
- Puede ser, pero yo la habría dejado que me lo explicara y la habría creído.
- Blas, dilo ya. ¿Por qué no me dices directamente que tengo que buscarla, llamarla o comportarme de otra manera? No dejas de insinuarlo...
- Sólo te digo que te lo pienses. Piensa en la situación, en su versión y en lo que viste, en lo que crees y en lo que no. Piensa en todo lo que habéis vivido y en lo que podríais vivir. Piensa en ella y quizás sabrás la respuesta de todo este problema. - Me quedé callado unos instantes después de haber escuchado a Blas. Tenía razón, tengo que pensar en todo esto antes de hacer algo que no deba.
- Gracias.
- De nada. ¡Luego te veo!
- Vale, adiós. - Colgué y fui a mi habitación, quizás allí estaba lo que necesitaba en estos momentos. Entré y fui a la mesita que tenía, ahí estaban. Cogí el pequeño taco de fotos y comencé a verlas detenidamente. Las había imprimido hace poco para poner alguna en un marco y otras regalárselas a ella. Ahí estaban muchas de nuestras fotos. Estaba la primera, hace meses en aquella firma, y también la última. No sé cuál de las dos me, ¿dolía ver más? ¿Realmente me dolía? Estaba hecho un lío. Cogí la siguiente foto, salíamos haciendo el tonto. Sin darme cuenta ya tenía una sonrisa dibujada en la cara. Bueno, una cosa ya tenía clara: más que dolerme recordar todos esos momentos, me ilusionaba, me hacía feliz. Seguramente la explicación fuera fácil, ahí estábamos juntos y felices, todo lo contrario a ahora mismo. Pasé a ver la siguiente foto, quizás habría sido mejor no haberlo hecho. Ahí estábamos ella y yo... Besándonos. Entonces volví a recordar la escena de ayer. Dejé las fotos de lado y decidí ir a prepararme algo de comer. Necesitaba olvidarme un poco y hablar el tema con los chicos, ellos me ayudarían con todo esto.

*Narra Lucía*

¡Faltaban cinco días para mi cumpleaños! Justo coincidía para cuando los chicos estuvieran en Madrid, porque casi todas las semanas tenían varios conciertos. Ya estaba pensando en cómo organizarlo y llegué a la conclusión de que no tenía ni idea. Para estas cosas Elena suele ser bastante buena. Aunque parezca mentira quizás por influencia de su hermana, sí, la pequeña, la verdad es que siempre tenían buenas ideas y hacían unas fiestas bastante chulas. Ya la había llamado y habíamos decidido que para empezar a organizarlo un poco me iría a comer y a pasar la tarde a su casa. Las demás estaban en la piscina de Ana y sinceramente a mí no me apeteció mucho ir y a Elena... Ella estaba mal. Mejor que fuera hacerla compañía en intentara animarla.

-¿Lucía? - Respondió Elena descolgando el telefonillo.
- ¡Sí, soy yo! - Me abrió la puerta del portal y después pasé a su casa.
- ¿Qué tal vas? - La abracé en cuanto la vi. Lo necesitaba.
- Yo que tú cambiaría de pregunta...
- Anda tonta, ¡alegra esa cara! - La cogí de los mofletes. Observé sus ojos rojos y sin maquillar. Su rostro hoy estaba más pálido que nunca. - ¿Está tu hermana en casa?
- ¡Que va! Se ha ido a la piscina del polideportivo. La mayoría de los días de verano se los pasa allí con sus amigas. Pero tranquila, me ha dado varias ideas para tu fiesta.
- Ya te vale... Que tenga cinco años menos que tú y que tenga mejores ideas. - Reí.
- Gracias Lucía, yo también te quiero mucho.
- Lo sé, lo sé. - Ella me respondió con un pequeño codazo. Pasamos dentro de la cocina y nos preparamos una pizza, ninguna de las dos tenía ganas de ponerse a cocinar. Al terminar las dos entramos en su habitación y encendimos el ordenador. Allí buscamos varios lugares y locales en los que podría celebrar la fiesta. Al final encontramos un local cercano. Era una sala bastante amplia y con un pequeño escenario, sería perfecto, así los chicos nos podrían cantar algo.
- Dicen las demás que vienen aquí para que me vaya ahora con ellas a casa. Además así las podemos contar lo de la fiesta. - La verdad es que habíamos dedicado toda la tarde a buscar el sitio para organizar el cumpleaños, de manera que las chicas no tardarían mucho en llegar.
- ¡Vale! Oye y, ¿a quién vas a invitar?
- Pues los demás del instituto a los que quería invitar me han dicho que ya están de vacaciones, así que supongo que estaremos nosotros diez.
- Vale.
- No te preocupes boba.
- ¿Yo? ¿Por qué debería estar preocupada?
- Tranquila que seguro que ya lo habréis arreglado. - No dijo nada, se quedó callada mirando el suelo. La abracé de nuevo esa tarde, la veía tan mal...

*Narra Dani*

¡Firma terminada! Había venido muchísima gente pero al final nos dio tiempo a que todos y todas salieran con sus discos firmados. Los cinco fuimos junto con Magí a una pequeña sala en la que estuvimos minutos antes de empezar la firma. Allí pasaríamos una media hora y después volveríamos a Madrid en la furgo. Era hora de que habláramos con Álvaro. Antes ya estuve hablando con David sobre Lucía, ya estaba arreglado el pequeño problema que había con el mensaje que la mandaron y... ¡Por fin me confirmó que la gustaba! Pero bueno, estaba claro.

- Álvaro, los cuatro queríamos hablar contigo. - Comenzó hablando Carlos.
- Lo suponía. Yo necesito que me ayudéis.
- ¿Has pensado algo más? - Preguntó Blas.
- Te hice caso y lo he estado pensando toda la mañana. Sigo igual, no sé que hacer.
- Yo si fuera tú hablaría con ella aunque sólo fuera para aclarar el tema. - Propuse.
- ¿La llamo?
- ¡Sí! - David fue el primero en contestar.
- ¿Y qué la digo?
- Pues empieza diciendo que tenéis que aclarar todo esto. Luego pues... No sé... Ya avanzaréis vosotros la conversación.
- Carlos, me has dejado igual que antes. - Vimos como Álvaro sacaba su móvil.
- ¿La vas a llamar ya? - Pregunté.
- Claro, si no voy a estar pensándolo todo el rato y yo creo que va a ser peor... - Él se alejó un poco y la llamó.

*Narra Elena*

Estábamos todas en mi casa. Entre Lucía y yo ya las habíamos contado todos los planes que teníamos para su fiesta de cumpleaños y las pareció bien, ahora sólo faltaba comentárselo a los chicos. Las cinco estábamos en mi habitación, algunas sentadas en la cama y otras en alguna silla. Hablábamos de cómo podíamos decorar la sala que habíamos alquilado pero, nos interrumpió mi móvil, que comenzó a sonar. Lo cogí sin pararme a leer quién me estaba llamando.

*Llamada telefónica*

- ¿Diga?
- Hola Elena.
- ¿Álvaro? - Las cuatro abrieron los ojos como platos. Me aparté el móvil de la cara para poder ver el nombre de quién me había llamado. Sí, era él.
- Sí, soy yo...
- ¿Qué tal la firma? - No sabía qué decirle.
- Bien, bastante bien.
- Me alegro.
- Elena, yo quería que habláramos de lo que pasó ayer...
- Sí, deberíamos aclarar ya esto...
- Primero tengo que pedirte perdón por no dejarte explicarme lo que pasó, pero entiende que estaba enfadado. - No sé por qué pero estaba molesta, seguro que él solito no había llegado a esa conclusión, estaba segura que los chicos habían estado hablando con él.
- Yo ya te pedí perdón. La verdad es que creo que te pasaste un poco con lo que le dijiste a David, no querer hablar conmigo vale, pero de ahí a decir que se me da muy bien mentir... ¿Qué crees? ¿Que no te quería? - Empezaba a enfadarme. Seguramente luego me arrepentiría. Quizás dentro de muy poco, pero no le había dicho a nadie que pensaba eso y necesitaba desahogarme aunque, no debí haberlo hecho con él.
- Relájate porque aquí el que debería estar enfadado soy yo y sin embargo aquí estoy, llamándote. - Elevó el tono de voz.
- ¿Y qué quieres que te diga? ¿Voy a arrodillarme para que me perdones por algo que no ha sido culpa mía?
- ¿Qué no ha sido culpa tuya? ¿Quién decidió quedar con ese chico?
- Yo, pero porque es mi amigo.
- Sí, tu amigo...
- ¿Qué insinúas?
- Tú sabrás, ¿no?
- ¿Te tengo que repetir otra vez que Sergio y yo no somos nada? ¡Que me besó él! - Las chicas estaban atentas a la conversación y la verdad es que todas estaban alucinando. Sí, estábamos discutiendo, tampoco era nada de otro mundo aunque, para la relación que teníamos sí que era un poco raro.
- ¡Pues él no decía lo mismo! - Cada vez los dos íbamos aumentando el tono de voz.
- ¿Y le crees a él y a mí no?
- ¿Quién de los dos me ha engañado y se ha puesto a besar a otro chico?
- Mira, paso. 
- ¿Por qué? Porque tengo razón, ¿no?
- No, Álvaro, no.
- Sí, Elena, sí. Sólo te falta admitirlo. Con un 'vale, tienes razón' me sirve.
- ¡Pero es que no tienes razón!
- ¿Ya estás otra vez?
- ¿Ya estás otra vez tú? ¿Quién es quien no confía en quién?
- ¡Como para confiar en ti! - Eso último me dolió, pero no lo suficiente, estaba tan enfadada que me daba igual.
- Creo que te acabas de pasar. Adiós. - Y colgué, no iba a seguir hablando con él.


- ¿Qué narices ha pasado? - Preguntó Ana.
- Nada, aquí el amigo que me llama y se pone chulito.
- Pero, ¿quién ha empezado?
- Mmm... Creo que yo, pero porque le he dicho que se pasó al decirle a David que le mentí.
- No podéis estar así. ¡Si cuando estabais juntos no os separabais!
- Bueno, pues cuando a ti te diga Dani '¡Como para confiar en ti!' Me cuentas como estáis.
- A ver, mírame. - Me pidió Lucía.- Tienes que ser sincera, ¿vale?
- Vale.
- Tú le quieres, ¿no?
- Sí.
- ¿Y a Sergio?
- ¿Después de lo que ha hecho? Le quiero cuanto más lejos mejor.
- ¿Y entonces que problema hay?
- No sé, pregúntale a Álvaro. Pero claro, como soy una mentirosa y no se puede confiar en mí...
- Bueno Elena, nosotras nos tenemos que ir ya. Relájate un poco que estás muy alterada, ya verás que esto se soluciona. - Me dijo Clara.
- Pues no sé cómo....
- Eso es porque ahora estás enfadada. ¡Ya verás mañana! - Las cinco nos despedimos y cada una fue a su casa.

*Narra Clara*

- Bueno, mañana les juntamos, ¿no? - Rocío ya empezaba a planear.
- ¿Cómo? - Preguntamos Lucía y yo.
- Pues a mí me dijo Carlos que podíamos ir a su casa. Para empezar si Álvaro pregunta si Elena va a venir le decimos que no, y si pasa al revés decimos lo mismo. Un plan sencillo, le decimos a Álvaro que hemos quedado a las cinco y media y nosotras también iríamos a esa hora para que no sospechara, pero, le decimos a Elena que en casa de Carlos a las seis, así el tiempo que estemos todos menos Elena en casa de Carlos, Álvaro no sospechará porque ella no estará y, cuando llegue, ya veremos qué pasa. ¡Tachán! - Ana propuso ese plan.
- Bueno, parece buena idea. ¿Llamo a Blas y se lo digo? - Pregunté y ellas asintieron.

*Llamada telefónica*

- ¿Tú también lo has escuchado? - Me respondió al coger el teléfono.
- Sí y ya tenemos plan para arreglarlo mañana. - Le conté todo lo que nos acababa de decir Ana. - ¿Te parece bien?
- Vale, Carlos ya nos había dicho antes lo de su casa así que ahora le cuento a todos menos a Álvaro el 'plan' y mañana nos vemos. 
- ¡Perfecto! ¿Os ha dicho él algo más de la conversación que acaban de tener?
- Bueno, no mucho, pero esta vez los dos se han pasado...
- Cuanto antes lo arreglen mejor. A ver si mañana lo conseguimos.
- Yo creo que sí, estos en cuanto se vean...
- Bueno, mañana veremos.
- Cariño, nos tenemos que ir, luego hablamos.
- Vale. ¡Hasta luego cielo!
- Te quiero.
- ¡Y yo! - Colgamos. Nosotras nos fuimos a casa porque ya era tarde y entre todos seguimos planeando lo de mañana. Creo que todo iba a salir bien.

* Narra Carlos*

Miré el reloj de nuevo, estaba hasta nervioso por lo que pudiera pasar esta tarde. Ya era hora de que empezaran a llegar y así fue, el timbre sonó. Abrí la puerta y entraron Daniel y David.
 
- ¿No han llegado aún los demás? - Preguntó David.
- No, ahora llegarán. Elena viene en media hora. - Volvieron a llamar al timbre, entraron las chicas.
- ¿Y Álvaro y Blas? - Preguntó Clara.
- Ahora vienen, tranquila. - Contesté.
- Que no lleguen muy tarde, que veo que se cruzan con Elena por el camino. - Dijo Ana.
- No creo. Álvaro suele retrasarse, pero Blas llega muy pronto y si vienen juntos tienen que llegar en breve. - Respondió Dani.
- Oye... ¿Y si se enfadan? - Preguntó Rocío.
- No creo, al final... - El timbre sonó y me interrumpió. Todos nos miramos y sonreímos. - Que no se os escape nada. - Abrí la puerta y recibí a mis dos compañeros.
- ¿Nos vamos a quedar aquí toda la tarde? Hace muy bien día, podríamos salir a dar una vuelta, ¿no? - Propuso Álvaro.
- Bueno... Mejor nos quedamos aquí un rato más. - Respondió Ana rápidamente.
- ¿Y aquí qué vamos a hacer?
- Pues no sé Álvaro, pero aquí se está bien. - Contestó Blas.
- Bueno, vale. - Acabó accediendo. Saqué bebidas y algo para picar, así pasamos el rato. Entonces volvió a sonar el timbre. Todas nuestras miradas nerviosas se cruzaron. Era la hora.
- ¿Quién es? - Preguntó Álvaro.
- No sé, ¿puedes abrir tú? - Respondí.
- Vale, voy. - Álvaro salió del salón y se fue a abrir la puerta. ¿Saldrían bien las cosas?