Narra Álvaro*
Una y media de la mañana. Los diez aún aguantábamos en el salón.
- Oye, ¿y Elena? - Me preguntó Ana.
- Me dijo que me iba a coger una chaqueta, que tenía algo de frío. - Respondí.
- ¿Frío? ¡El otro día sí que hacía más frío y ella se quejaba del calor! Esta chica tiene el termostato estropeado... - Dijo Rocío haciendo que todos riéramos.
- Pero ha ido hace un rato, voy a ver qué hace. - Añadí mientras me levantaba del sofá.
- Verás... - Dijo Ana en un tono más bajo.
Avancé por el pasillo hasta llegar a mi habitación. Al entrar comprobé que la luz aún estaba encendida. Miré hacia la cama y ahí estaba, tendida sobre ella con una chaqueta mía por encima. Totalmente dormida.
Sonreí y volví con los demás.
- Está dormida. - Dije volviéndome a sentar en mi sitio de antes.
- ¿En serio? Yo esto no me lo pierdo. - Lucía intentó levantarse del sofá tras decir esto. Por suerte, David la paró.
- Déjala, pobrecilla. - Le contestó él.
- Bueno Álvaro, entonces yo creo que mejor nos vamos. Ella que se quede aquí durmiendo y mañana nos vemos todos otra vez. - Opinó Dani. - Muchas gracias a todos de verdad.
Entre abrazos y besos todos recogieron sus cosas marchándose unos diez minutos después. Cuando por fin me encontraba sólo fui de nuevo a mi habitación. Allí seguía Elena y, aunque esta vez abrazada a mi chaqueta, seguía durmiendo plácidamente. Con cuidado la quité los zapatos y mi chaqueta y, dispuesto a taparla con una manta, se despertó.
- ¿Qué hora es? - Preguntó frotándose la cara con una mano.
- Casi las dos. - Respondí sonriendo. El flequillo del que tanto presumía ahora estaba bastante revuelto.
- ¿Y los demás?
- Se han ido hace poco.
- ¿Llevo durmiendo mucho rato?
- No, tranquila. - Reí.
- ¿Puedo dormir aquí?
- La verdad es que yo tenía la intención de echarte...
- Tonto. - Reí.
- Bueno venga, porque te quiero, ¡que sino te tocaba volver a casa andando!
- ¡Qué buena persona eres, eh!
- Me lo suelen decir. - Ella se incorporó riendo y se acercó para darme un beso. Tras esto, abrió mi armario.
- ¿Ahora qué vas a quitarme? - Solté una carcajada.
- ¿No me va a dejar mi novio precioso una camiseta suya para que duerma agusto?
- ¿Soy un novio precioso?
- ¡Buf! ¡Preciosísimo!
- Entonces sí, te la dejo.- Elena cogió una y salió de la habitación. Minutos después volvió a entrar con una camiseta roja, unas cuantas tallas más grande que ella, y mucho más peinada.
- ¡Lista!
- El rojo te sienta muy bien.
- Y las camisetas más grandes que yo también. Deberías darme una tuya. - Dijo levantando las cejas y sonriendo.
- Con una condición.
- ¿Cuál?
- Que tú me des otra tuya. - Ella estalló en carcajadas mientras yo la miraba asombrado, para el sueño que tenía había conseguido despejarse en pocos minutos.
- Me encantaría verte con alguna de mis camisetas puestas. Eso sí que te sentaría realmente bien.
Se metió en la cama y cogió el móvil. Mientras ella respondía algunos mensajes y ojeaba Twitter o Instagram, fui poniéndome el pijama.
Al terminar me tumbé en el lado de la cama que quedaba libre.
- Buenas noches pequeña. - Dije tras darla un pequeño beso.
- Te quiero. - Apagué la luz.
- Y yo. - Respondí.
- Álvaro. - Me llamó minutos después. Con suerte aún seguía despierto.
- Dime.
- Que ahora no tengo sueño. - Contestó haciendo que riera.
- Anda ven. - La rodeé con uno de mis brazos abrazándola. Poco después los dos acabamos dormidos.
*Narra Clara*
Hoy tocaba día de tirolinas, escalar y todas esas cosas en las que soy bastante patosa. Por suerte anoche decidimos quedar después de comer, así que aún tenía tiempo para concienciarme de que aquello no iba a ser fácil.
Pasé toda la mañana bastante aburrida. No tenía nada que hacer y tampoco tenía ganas de hacer nada. Un poco de televisión, ojear algunas revistas y contestar los mensajes que me llegaban al móvil fue todo lo que hice.
Había quedado con Blas para comer así que, cuando llegó la hora y ya estaba lista, cogí el coche y fui hacia su casa.
No tarde mucho y, una vez que ya había llegado, llamé al timbre y esperé a que me abriera.
- ¡Hola enana! - Dijo nada más abrir la puerta.
- Vaya, huele bastante bien. - Dije después de saludarle con un cariñoso beso.
- Normal, he preparado mi plato estrella.
- ¿Lentejas? - Pregunté.
- ¿Lo dudabas?
- Más te vale que estén ricas, algo bueno tiene que pasarme hoy.
- ¿Por qué lo dices? - Me preguntó mientras dejaba mis cosas sobre el sofá.
- Porque vosotros no me habéis visto escalar... Madre mía lo que puede pasar esta tarde... - Dije poniéndome las manos sobre la cara.
- ¡Ya verás que no pasa nada! A demás, no eres la única, ¿no? Dijisteis ayer que a Elena también se le daba bastante mal.
- Mira, hacemos una cosa, como allí hay que pasar por orden, primero que pasen todos menos Álvaro, Elena, tu y yo. Así por lo menos no retrasamos al resto del grupo.
- ¿Y pretendéis dejarnos a Álvaro y a mí con vosotras dos?
- Hombre, alguien tendrá que rescatarnos si nos quedamos a medio camino, ¿no?
- ¡Ya verás que seguro que nos os pasa nada!
- Eso pensé yo la última vez... Eso pensé...
- Cambiando de tema, ¿comemos ya?
- ¡Vale! ¡A ver cómo están esas lentejas! - Dije riendo de camino a la cocina.
Poco después cada uno estaba sentado en un extremo de la pequeña mesa que había en el salón a punto de probar la comida.
- Te dejo los honores. - Me dijo Blas sonriendo.
- Pues entonces... - Cogí la cuchara y probé la comida. La verdad es que tenía razón, ¡estaban riquísimas! - ¡Me encantan Blas!
- ¿Lo dices para que te rescate en mitad de las tirolinas o va en serio?
- ¡Va en serio tonto!
- Entonces me alegro. - Sonrió.
Seguimos comiendo hasta que tocó la hora de marcharnos. El sitio al que iríamos estaba a una hora de camino en coche. Teníamos que subir hasta Navacerrada para llegar.
- Blas, sinceramente, tengo miedo.
- ¡No te preocupes boba! Ya verás que, en el caso de que te pase algo, voy a estar ahí.
- ¿Me lo juras?
- Te lo juro.
- Aún así sigo teniendo miedo.
- Anda, deja de preocuparte, hoy hemos venido a pasarlo bien. Te recuerdo que dentro de poco nos tocará otra vez estar con conciertos y firmas y a penas podremos veros.
- Vale, ahora tengo miedo y estoy deprimida.
- Es por ahí. - Indicó cambiando de tema. Señaló a la derecha. 'De pino a pino' ponía en un gran cartel. - ¿Lista para la aventura?
- ¿Tengo que ser sincera?
- Ya verás que todo sale bien Clara, confía en mí.
- Más bien debería confiar en mí.
- Bueno pues, confía en ti.
Quité las llaves del coche y suspiré.
- Cielo, - Blas me cogió una mano.- estate tranquila de verdad. - Me dio un beso para tranquilizarme. La verdad es que me vino bien.
Bajamos del coche y nos reunimos con el resto. Sacamos cada una de las entradas y pronto nos equiparon a los diez. También nos explicaron cómo funcionaba todo y, una vez que ninguno tenía ninguna duda, comenzamos la 'aventura'.
- ¡Menos mal que esto va por niveles! - Dijo Elena acercándose a mí.
- ¿Te vienes al de principiante conmigo? - La pregunté.
- Está claro que sí. - Las dos nos acercamos. Teníamos que pasar varias pruebas. Escalar, algunas de equilibrio, tirolinas... Aunque todo a un nivel bastante fácil y con arnés.
- ¿Hace falta que os acompañemos? - Nos preguntó Blas mirándonos a las dos.
- Yo lo agradecería. Por si acaso. - Dije mientras me recogía el pelo en una coleta al igual que Elena.
Comenzamos las pruebas bastante bien, por ahora no era nada complicado, y aunque alguna vez nos costaba avanzar, acabábamos haciéndolo. Por lo menos lo bueno de todo esto era que no parábamos de reír.
- ¿Vamos al nivel medio? - Preguntó Blas. Miré a Elena, ahora íbamos mucho más seguras tras haber conseguido pasar todas las pruebas sin hacer demasiado el ridículo.
- Venga... Vale. - Conseguí decir.
Esta vez cambiamos el orden y pasé yo primero, luego Elena, detrás Blas y por último Álvaro. De nuevo comenzamos con la prueba de escalar, que no me costó tanto, luego pasamos por un puente, nos tiramos por una pequeña tirolina y... Ahora nos tocaba avanzar por unas pequeñas tablas de madera que colgaban entre dos árboles.
- ¿Esto es seguro? - Pregunté una vez que los cuatro estábamos en la plataforma que había antes de empezar la prueba.
- Si no lo fuera no lo pondrían, ¿no? - Preguntó Elena mirando a los dos chicos.
- Chicas, vais sujetas con un arnés, no os puede pasar nada. - Nos dijo Álvaro.
- Allá voy... - Dije no muy segura. Cada una de las las tablas que colgaban eran bastante inestables.
Conseguí avanzar a la primera sin problema, luego a la segunda, a la tercera, a la cuarta y... Nada más. La quinta estaba aún más separada que las anteriores y no conseguía alcanzarla. Y pensar que aún me faltaban seis más...
- ¡Chicos! - Grité girándome. Dos puestos detrás de mí se encontraba Elena. Blas y Álvaro aún esperaban en la plataforma. - ¡Que no me llega la pierna!
- ¡Cómo no te va a llegar! - Me dijo Blas.
- ¡Que no me llega! ¡Está muy lejos! - No sabía si reír o llorar. Así que opté por lo primero y un ataque de risa se apoderó de mí. Conseguí 'contagiar' a Elena, también incapaz de avanzar pero en su caso por la risa.
- ¿Voy a ayudarte? - Me preguntó Blas alzando la voz para que le oyera.
- ¡Sí por favor!
Hicimos retroceder a Elena hasta la plataforma. Aquello resultó incluso más cómico que la escena que estaba montando.
- A ver, me subo contigo a la tabla y te acerco la siguiente, ¿vale? - Me dijo Blas exponiéndome su plan.
- Vale.
- ¡Blas, no creo que eso soporte el peso de dos personas! - Nos dijo Álvaro.
- ¿Y qué quieres que haga? - Preguntó encogiéndose de hombros.
- En caso de que tenga que ir alguien que vaya Elena, es la que menos pesa de los tres.
- ¿Yo? ¡Álvaro tú estás loco! ¡Que nos quedamos las dos ahí atascadas! - Protestó la morena mientras Blas volvía hacia ellos.
- Te toca a ti Elena. - Le dijo Blas dándola una palmada en la espalda.
- Por si acaso que sepáis que os quiero y al resto también.
- Anda tonta, ve a por Clara.
- ¡Venga Elena tú puedes! - Dije animándola.
- A ver, entonces me subo aquí contigo e intento acercarte la siguiente tabla, ¿no?
- Sí. - Respondí algo nerviosa.
- Vale. - Dijo cogiendo aire. En realidad la prueba era bastante tonta y nosotras muy exageradas. Aunque teníamos motivos, aquello nunca se nos dio bien.
- ¡Venga Clara, pasa! - Me gritó una vez que había conseguido acercarme la quinta tabla de madera.
- ¡Ya voy! - Y con un paso conseguí avanzar.
- ¡Bien! - Gritaron Blas y Álvaro mientras reían y aplaudían.
- Oye, ¡de esto ni una palabra a nadie! - Dije girándome y mirando a los dos chicos.
Una media hora después conseguimos terminar el resto de las pruebas y nos reunirnos con los demás.
- ¿Qué tal os ha ido? - Preguntó Blas a los seis restantes.
- Bastante bien. ¡A mí me ha encantado! - Contestó Dani.
- ¿Vosotros qué tal? - Preguntó David.
- No quieras saberlo... - Contesté mientras me ponía algo roja.
Finalmente acabamos el día cenando en un restaurante que había por allí cerca. ¡Menos mal que al final había conseguido salir de allí!