viernes, 6 de junio de 2014

Capítulo 50 (Último capítulo)

*Narrador*

La chica morena sale de la ducha y se envuelve en la toalla. Aún con aquel intento de moño que se hizo minutos antes abre el armario para sacar el pijama que se pondrá. Una vez vestida se acerca al espejo, suelta su pelo y coloca el flequillo que le cubre la frente.

- ¡Elena! ¡La cena ya está lista! - Se escucha desde la cocina.
- ¡Ya voy mamá!

Tal y como dice lleva la toalla al baño y entra en la cocina para tomarse la cena.
No tarda mucho, tampoco quiere ir despacio, está un poco nerviosa porque sabe que en cuanto vuelva a entrar en su cuarto encenderá su pequeño portátil para publicar el último capítulo de lo que es su primera 'novela'.

- ¿Y el postre? - Pregunta su madre, que mira como Elena recoge rápido para salir de la cocina.
- No tengo hambre. - Dijo y justo después recorrió el pasillo que lleva hasta su habitación.

Se acerca hasta la mesa y abre un pequeño maletín, de ahí saca su ordenador. Sin pensarlo dos veces saca también el cargador y lo enchufa, no sabe cómo lo hace pero siempre acaba quedándose sin batería. Una vez que el ordenador ha arrancado inicia su sesión y abre Google para meterse en su blog. Dentro comprueba que tiene unas cuantas visitas más y un par de comentarios, algunos ansiosos por el último capítulo, otros con pena de que acabe la novela. ¿Novela? Bueno, en realidad es una de esas miles de historias que acaba inventando con sus ídolos pero que esta vez ha decidido publicar para entretener a todo el que lo lea. ¡Ojalá ocurrieran cosas así en la vida real!
Abre Word y copia el texto que escribió horas antes, vuelve a entrar en su página y lo pega escribiendo una nueva entrada. ¡Capítulo 49 ya! Parece mentira que la historia que empezó a escribir hace meses tenga ya su fin. Un fin bonito, como ella se propuso desde el primer momento. Publica el pequeño texto e inicia su cuenta de Twitter, ahora le toca avisar a la gente que la lee de que por fin el último capítulo ha sido publicado. Pronto obtiene favoritos y algún retweet, también un par de menciones, la gente lee más rápido de lo que se espera. 
Decide salir de la habitación para lavarse los dientes y ver un poco la tele, tampoco puede acostarse muy tarde, al día siguiente le toca madrugar para ir al instituto y sabe lo duro que es eso.
Después de esto vuelve a su cuarto dispuesta a dormirse. Antes coge el móvil, pone la alarma y lee los últimos mensajes.

'Mañana ven muy puntual a por mí, tengo un examen global a primera y quiero llegar pronto'. Es Paula, su mejor amiga.

Con ese mensaje se acuerda del primer capítulo: ella iba a recoger a una de sus amigas, Ana, y al llegar al instituto resulta que los chicos de Auryn están allí para cantar en fin de curso. Ahora es verano como en ese día escrito, pero ni tiene dieciocho años, ni esos jóvenes que la tienen loca estarán allí. Aún así imaginárselo no hace mal a nadie.
Contesta ese mensaje y unos cuantos más.
Apaga su lámpara de noche y se mete dentro de la cama. Una vez más se pone a pensar. ¡Han sido tantas las historias que ha vivido con esos cinco chicos! Gracias a ellos ha conocido a gente que realmente merece la pena, como una de sus amigas en la novela. También a gente por las redes sociales, que aunque no ha podido conocer en persona sabe que puede confiar en ellas. Y sobretodo a sus lectoras, ha reído, ha 'sufrido' cuando no tenía tiempo para escribir aunque era lo que más quería, pero lo más importante, ha vivido aquella historia que ella inventó con todas ellas y se lo agradece enormemente.
Poco a poco sus párpados van cayendo, al principio se resiste un poco, pero acaba dormida. Ahora podrá soñar que Álvaro, Blas o cualquiera de los cinco la cogen la mano, la abrazan o simplemente que tienen un encuentro, ahora sí que puede soñar, como cuando escribía todos sus capítulos.


¡Bueno chicas! Como os avisé en el capítulo anterior este es el último capítulo de la novela. Espero que os haya gustado y hayáis disfrutado de la historia tanto como yo. Una vez más os agradezco los comentarios tanto aquí como por Twitter, ¡sois lo mejor! Os vuelvo a repetir que en cuanto acabe el curso empezaré a escribir una novela nueva también de Auryn y si queréis que os avise como hasta ahora sólo tenéis que ponérmelo aquí abajo en un comentario o mencionándome o por MD en mi cuenta de Twitter (@EleenaQuesadaa).
Con esto me despido y os agradezco una vez más todo el apoyo. ¡Un beso enorme!(:

domingo, 25 de mayo de 2014

Capítulo 49.

*Narra Rocío*

Hacía casi dos años de aquella proposición y parecía mentira que mañana fuera a ser el gran día. Aunque había pasado bastante tiempo desde el día en el que Dani me pidió matrimonio todo seguía igual. Bueno... ¡Todo era muchísimo mejor! Auryn ya era reconocido por cualquier rincón del mundo, cada componente del grupo seguía con la pareja con la que empezó hace casi cinco años y todo iba sobre ruedas.
Ahora me tocaba descansar, intentar dormir aunque fuera un poco para mañana estar lo suficiente despierta para pronunciar el esperado 'sí quiero'. Cada vez que pensaba en aquello conseguía que la piel se me erizara. Estaba bastante nerviosa y cualquiera que me viera podría notarlo, aunque ahora estaba sola. Prefería no dormir con Dani para no molestarle, al fin y al cabo sería yo la que tendría que madrugar para ir a la peluquería y todo lo que conlleva una boda en condiciones. Antes de que pudiera seguir pensando en lo nerviosa que estaba mi teléfono comenzó a sonar. Me acerqué a él y descolgué.

*Llamada telefónica*

- ¿Aún no te has dormido?
- ¿Tú tampoco? - Contesté riendo.
- Supongo que estoy igual de nervioso que tú.
- No creo que tanto como yo. ¿Te imaginas que me piso el vestido? ¿Y si me caigo con los tacones?
- Vale, estás más nerviosa que yo.
- Bueno, ¿y qué tal en la despedida de soltero?
- Bien, ya sabes, con los cuatro cabras y los demás las risas están más que aseguradas. ¿La tuya qué tal?
- Mejor ni hablamos... Entre Clara y Elena que bueno, ya sabes que en bastantes ocasiones se las sigue yendo la cabeza, he pasado vergüenza en varias ocasiones. Pero bien, ha estado muy bien.
- Me alegro entonces. - Dijo antes de que un bostezo de apoderara de él.
- Anda, vete a dormir. Mañana tienes que ser un novio guapo, no un novio con sueño.
- A ver si soy capaz...
- Ya verás que sí cielo. ¡Aunque la que también tiene que ser capaz soy yo! 
- Buenas noches anda. Descansa y no te pongas más nerviosa. Te quiero.
- Te quiero Dani. - Colgué.

Sinceramente hablar con él me había hecho relajarme un poco aunque no lo pareciera. Tenía que concienciarme de que mañana todo iba a salir bien. Mañana era el gran día, mañana... Mañana sin duda tendría que ser increíble. Y tras pensar en cómo sería de mil maneras distintas, acabé dormida sobre el gran colchón.

*Narra Ana*

Sólo eran las seis y media de la mañana y ya tenía que levantarme. Cogí toda la ropa, zapatos, maquillaje y demás y habiéndome preparado minutos antes, fui hasta casa de Rocío.

- ¿Me puedes explicar por qué he dormido menos de hora y media y no tengo nada de sueño? - Me dijo en cuanto abrió la puerta para entrar en su casa.
- Se llaman nervios, y me da que tú los tienes por los dos a la vez. - Respondí mientras dejaba todo lo que había traído.
- Tengo que relajarme. - Dijo inspirando y espirando lentamente.
- Anda, vamos a preparar las cosas y nos vamos a que te peinen.
- Es verdad, vamos que sino luego estamos con las prisas.

Las dos entramos en su habitación y comenzamos a organizar la ropa que llevaría ese día. Su gran vestido y el que llevaría más tarde para la fiesta, los zapatos de tacón y las sandalias planas para cuando le costara andar, la diversidad de lacas, orquillas y peines que Rocío insistía en que eran 'imprescindibles'. Y, cuando por fin pudimos ordenar todo para meterlo en mi coche, fuimos a la peluquería donde la maquillarían y peinarían.
Horas después salimos para el lugar en el que tendría que ponerse el vestido. Se acercaba el gran momento y había conseguido ponerme nerviosa hasta a mí.

- ¡Rocío! ¡Estás preciosa! - Dije una vez que se había  cambiado. A ninguna nos dejó verla antes con el vestido puesto. Y ahora que lo llevaba y que iba tan bien arreglada, había que reconocer que estaba impresionante.
- ¿Te gusta?
- ¡Me encanta! 
- ¿Lo dices de verdad?
- ¡Y tanto! Y ahora, intenta tranquilizarte un poco, todo va a salir bien. Todos los demás vamos a estar ahí para apoyaros a los dos hoy. Es vuestro gran día y eso no lo va a cambiar nadie. - Dije y acto seguido la abracé. Ahora a penas quedaba media hora para que la ceremonia empezara.
Tuve que irme con el resto de invitados. La verdad que en cuanto vi a Carlos me impresioné. Él con traje. Sólo lo había visto en fotos y algún que otro vídeo, según él no era 'su estilo'.
Y fue así, entre trajes y vestidos, que llegó la hora de pasar todos dentro  de la iglesia y poco tiempo después Rocío comenzó a andar hacia el altar por el pequeño pasillo mientras dos de sus pequeñas sobrinas la sujetaban el vestido por la parte de atrás. Dani la esperaba sonriente, algo nervioso, pero con los ojos brillantes. Nunca antes le había visto mirar así a alguien, estaba claro que quería a Rocío y mucho. Por fin ella llegó al altar y Dani le cogió la mano. Entrelazando sus dedos, la ceremonia comenzó.
Todo se me pasó demasiado rápido y antes de lo que esperaba llegó el famoso:

- Sí quiero. - Dijo Rocío respondiendo a la pregunta que acababan de formularle.
- Yo os declaro marido y mujer. - Vino después. Y acto seguido, los dos se fundieron en el beso más sincero hasta entonces.

Pronto la gente empezó a aplaudir. '¡Viva los novios!' se escuchaba repetidamente mientras la pareja salía de la iglesia. A la salida amigos y familiares les esperaban con puños de arroz para tirárselos encima.

- Oye, en nuestra boda nada de arroz, a nosotros que nos tiren chocolate. - Me dijo Carlos.
- ¿Tan seguro estás de que sea capaz de soportarte para siempre? - Le pregunté sonriendo y levantando las cejas.
- ¿Tan malo soy? 
- Sólo un poco. - Dije antes de darle un pequeño beso.

*Narra Clara*

Un rato después nos repartieron en varios autobuses en los que nos llevarían al lugar en el que se celebraría la boda. 

- Aún no me has dicho nada de mi traje. - Me dijo Blas poniendo morritos.
- Estás muy guapo y lo sabes.
- No creo que tanto como tú, vas más que preciosa.
- ¡Tampoco te pases!
- ¡Pero si es la verdad!
- Blas tiene razón. - Dijo Lucía asomando la cabeza entre los dos asientos.
- ¡Lucía! - Dije mientras reía a carcajadas.
- ¡Ves como tengo razón! 
- Anda, para arriba, que ya vamos a llegar.
- ¡Uy! ¡Qué pronto! - Dije poniéndome en pie.

Todos bajamos ordenadamente y vimos un gran restaurante rodeado de un pequeño lago y varias mesas llenas de comida. Todo decorado y adornado con flores. Eso sí que era precioso.

- ¡Venga Carlos! ¡Que puedes comer libremente! - Dijo Álvaro mientras el rubio miraba con los ojos bien abiertos la cantidad de comida que había.
- ¡Pero deja un poco al resto! - Exclamó Elena viendo lo rápido que se acercó la pareja de rubios a la comida.
- Demasiado tarde... - Dije riendo.

Fui con Blas a investigar un poco por la zona. Aún no teníamos hambre y todo el lugar era precioso para dar una vuelta.

- ¿Te imaginas que todo esto es por nosotros algún día? - Me preguntó mientras agarraba mi mano.
- ¿Te refieres a casarnos?
- Sí. Todo esto es precioso y si es para celebrar que vas a compartir el resto de tu vida con alguien lo es más aún. - Dijo sonriendo y sin dejar de mirarme.- ¿Te gustaría? 
- ¡Chicos! ¿Qué hacéis ahí? ¡Que la fiesta está en el otro lado!
- Lucía, ¡al final hoy no sales viva!- Dije alzando la voz para que me escuchara.
- Bueno venga, venid que Dani quiere decir algo.


Blas y yo nos acercamos de nuevo con el resto del grupo. 

- Te quiero para siempre Clara. - Me susurró Blas en el oído mientras Dani cogía un micrófono para hablarnos a todos.
- Yo más y mucho más que para siempre. - Le respondí proporcionándole un dulce beso.
- ¿Se oye? - Dijo Dani probando el micrófono.
- ¡Ya está Dani cantando! - Dijo su hermana riendo.
- Bueno, en primer lugar gracias a todos por haber venido. Es increíble que estéis todos vosotros aquí hoy para compartir uno de los días más felices de mi vida, la vida que desde hace tiempo decidí compartir con alguien más, con Rocío. - Dijo tendiendo una mano para que ella se acercara a él. - Ella ha sido una de las personas que mejor ha sabido ayudarme y soportarme estos últimos años. Ella, tanto como sus cuatro mejores amigas que son ya como hermanas para mí y mis hermanos, Auryn, han sabido hacerme sonreír día a día y quería agradecerlo hoy delante de todos. También gracias a mi familia y a todos mis amigos, que aunque al principio esto fuera un poco una locura, han sabido entender que esto es lo que de verdad siento, la decisión más importante y de la que estoy seguro que es una de las mejores que he tomado. Porque te quiero Rocío, te quiero y sabes que muchísimo. - La abrazó intentando calmar las lágrimas de emoción que caían sobre sus mejillas y acto seguido llamó al resto de Auryn ofreciéndoles un par de micrófonos más. Los cinco empezaron a entonar Me gusta, una de las canciones más preciosas que tenían. Y así, cada uno de los cinco cantó una pequeña declaración de amor a cada una de nosotras.



¡Hola a todos! Bueno, sólo quería avisaros de que el próximo será el último capítulo de la novela. También quería daros las gracias por haber dedicado el más mínimo tiempo en leer cualquier capítulo de la novela, gracias también por los comentarios o los mensajes por Twitter. ¡Sois lo mejor! También quería informaros de que dentro de poco empezaré a subir otra novela nueva, también de Auryn, y si queréis que os avise cuando suba los capítulos simplemente decírmelo a mi Twitter @EleenaQuesadaa. ¡Muchas gracias de verdad!(:

domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 48.

*Narra Lucía*

Cogí mi pijama y me lo puse rápidamente, hoy el sueño podía notarse. Cogí mi móvil junto con el cargador y lo enchufé al lado de la cama para que cargara. Lo desbloqueé y leí algunos de los últimos mensajes. La mayoría eran del grupo que teníamos los diez juntos.

'Carlos, temo por el lugar al que nos lleves' - Clara.
'Seguro que es algo en plan chocolatelandia o algo así' - Ana.
'Eso seguro' - David.
'Vosotros venid, os va a encantar de verdad.' - Carlos.
'No, si yo eso no lo pongo en duda, pero el miedo sigue ahí. Jajaja' - Elena.
'Tranquila, no habrá que escalar' - Carlos.
'Uh...' - Blas.
'Rubiales, eso ha sido muy cruel' - Clara.
'Él es cruel' - Rocío.
'Encima que os voy a llevar de excursión...' - Carlos.
'No intentes hacerte la víctima, el daño ya está hecho' - Elena.
'¡Anda que no sois pavas Clara y tú! - Dije al terminar de leer la conversación.
'¿Acaso lo dudabas? - Clara.
'Eso es imposible dudarlo' - Blas.
'Qué triste todo, nadie nos defiende' - Elena.
'Pobrecillas, encima que Carlos "las hiere"' -Álvaro.
'¡Pelota, pelota, pelota!' - Dani.
'Ya empezamos...' - Álvaro.
'Bueno, ahora hablando como personas normales y civilizadas... ¿A qué hora quedamos?' - Dije intentando poner orden.
'Quedamos en mi casa a las once' - Carlos.
'¿Tan pronto?' - Ana.
'Una cosa es pronto Ana, y otra muy distinta que a ti te lo parezca porque te levantes a horas no muy decentes' - David.
'¿Entonces me toca madrugar?' - Ana.
'Va a ser que sí' - Rocío.
'Bueno, pues si me permitís, me pongo la alarma y me duermo. ¡Buenas noches!' - Escribí para despedirme.

Tras enviar esto y poner la alarma para el día siguiente tal y como les dije a los demás, dejé el móvil sobre la mesilla y me dormí.

*Narra Ana*

Creo que ya era la cuarta alarma que apagaba, aunque según mi rutina mañanera, hasta que no apagaba siete no me despertaba. Y así fue, en cuanto apagué la última alarma y tras varios comentarios quejándome, me estiré y salí de la cama. Subí la persiana, sol, más sol y ni una sola nube que estropeara el claro cielo.
Fui al baño y en cuanto me duché entré en la habitación para escoger la ropa. Pero, ¿cómo tendría que ir? ¡No sabía ni el lugar al que íbamos! ¿Tendría que ir arreglada? ¿Con ropa cómoda? Como mis preguntas aumentaban por momentos decidí que lo mejor sería preguntarle a Carlos y, minutos después, obtuve la respuesta.

'No hace falta que vayas arreglada, vístete normal aunque te aconsejo que lleves calzado cómodo y sobretodo sé puntual, que ya nos conocemos.
¡Te quiero rubia!'

Vale, ahora sí que podría elegir la ropa con tranquilidad. De nuevo volví a abrir el armario y saqué una de mis camisetas preferidas junto con unos vaqueros cortos de color negro.
Me dirigí a la cocina para tomar algo de desayuno. Esto casi parecía algo nuevo, llevaba casi todo el verano levantándome a la hora de comer o incluso más tarde. Me preparé un par de tostadas y un café. Lo tomé rápido y con ganas, aún ume quedaba maquillarme y secarme y arreglarme el pelo. Recogí la mesa y rápidamente cogí el estuche de maquillaje, una vez que estuve lista me arreglé el pelo. Me sobraron incluso quince minutos, así salí de casa cogiendo el coche para llegar la primera a casa de Carlos.

*Narra Carlos*

Antes de lo previsto el timbre sonó y fui a abrir. Me asomé por la mirilla y tras la puerta se encontraba Ana.

- Parece mentira que haya llegado antes y todo, ¿verdad? - Me dijo bromeando en cuanto abrí la puerta.
- La verdad es que no es muy normal. - Reí. Ana se inclinó para darme un beso y los dos entramos dentro de mi piso.
- Bueno, ¿a dónde nos vas a llevar? - Me preguntó en cuanto pudo.
- Ya dije que es una sorpresa.
- ¿Pero tiene algo de especial?
- A mí me llevaron una vez hace años y la verdad es que me encantó.
- ¿Habrá chocolate? - Me preguntó levantando las cejas.
- Sólo digo que habrá que llevar todo eso. - Dije señalando varias mochilas que había sobre el sofá.
- ¿Ahí que hay? 
- Básicamente es comida. La necesitaremos.
- ¿Hablas por ti o por todos?
- ¡Ni que comiera tanto! Es para todos, ya lo verás...
- Pero... - El timbre volvió a sonar interrumpiéndola. El resto del grupo empezaba a llegar.

Unos quince minutos más tarde los diez estábamos listos para salir así que, en diferentes coches empezamos lo que sería una pequeña excursión.

*Narra David*

- ¿Falta mucho? - Preguntó Álvaro desde unos de los asientos de la parte de atrás del coche.
- No lo sé, yo sólo me limito a seguir a Carlos, el sabrá cuándo parar, ¿no? - Contestó Lucía, que dirigía el vehículo.
- ¿Cuánto tiempo llevamos de viaje? - Nos preguntó Elena que dejaba caer su cabeza sobre uno de los hombros de Álvaro.
- Más de una hora. - Contesté después de mirar el reloj.
- ¡Mirad! ¡Ya para! - Exclamó Rocío al ver que el coche del rubio aparcaba en un pequeño parking.

Los cinco bajamos del coche y nos acercamos al otro grupo. Miré a mi alrededor y sólo veía varias montañas y campo, mucho campo.

- Pues yo me esperaba que nos llevara a un bufet libre... - Dijo Clara mirando a Carlos.
- No es tan bueno como eso pero os aseguro que valdrá la pena. - Contestó él.
- ¿Y ahora qué hacemos?
- Blas, ahora nos toca andar.
- Pues venga, vamos.

Tras dos largas horas que parecieron eternas el grupo entero seguíamos un pequeño camino marcado en una de las pequeñas montañas. Hacía bastante calor y teníamos que cargar con el peso de la mochila que Carlos había preparado libremente para cada uno de nosotros.

- ¿Vamos a parar pronto? - Preguntó Rocío.
- Ya no queda nada, tranquilos.

Efectivamente, tan sólo diez minutos después llegamos a lo que sería la cima. Aunque la montaña no era alta las vistas eran increíbles.

- Me trajeron hace varios años aquí y por muy cansado y pesado que fuera el viaje siempre había querido volver. Y puesto que ahora nos toca volver al trabajo, quería compartir todo esto con los nueve. - Nos contó Carlos sin apartar la vista del grupo.
- La verdad es que todo esto es increíble. - Dijo Dani, que miraba asombrado a su alrededor.

Un rato después cada uno comprobamos que dentro de las mochilas había bocatas y bebidas para cada uno de nosotros. Así que, extendiendo varias mantas, nos sentamos a comer disfrutando del paisaje. Era algo que ninguno de nosotros nos esperábamos y que, sinceramente, nos había encantado.

viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 47.

*Narra Clara*

Sentí el aliento de alguien cerca de mi cara. No sabía quién o qué era eso que me había despertado, así que simplemente abrí los ojos.
Entre algunos de los peluches que había colocados sobre mi cama vi cómo Blas intentaba hacer hueco para colocar... ¿Una bandeja?

- ¿Blas? - Pregunté mientras seguía extrañada de que él estuviera en mi casa.
- ¿Te he despertado?
- Bueno... Más bien sí, pero supongo que será tarde, así que no pasa nada. - Me incorporé y le di un pequeño beso. - ¿Qué haces aquí?
- ¿No lo ves? - Dijo mostrándome la bandeja que llevaba cogida. En ella estaba lo que supongo que sería mi desayuno.
- ¡Vaya! ¿Todo eso es para mí?
- Bueno, si quieres podemos compartir algo, tengo que reconocer que sólo me ha dado tiempo a tomar un café.
- Entonces todo esto para los dos. - Respondí con una gran sonrisa. Él siempre sorprendiéndome.
- Bueno, el plan era que lo tomaras en la cama, pero creo que acabaríamos manchándolo todo.
- ¿Vamos al salón?
- Va a ser mejor. - Rió.

Él salió primero de la habitación, yo me cambié y salí varios minutos después, entré en el baño para peinarme y cuando ya estaba lista fui al salón con Blas.

- ¿Qué quieres que hagamos esta tarde? - Me preguntó una vez que comenzamos a desayunar.
- ¿Hoy no ibais al estudio?
- Al final es en un par de días cuando tenemos que empezar a trabajar otra vez. Por eso he venido hoy, para poder aprovechar estas últimas horas.
- Si quieres hoy pasamos la tarde juntos y mañana con el resto.
- ¡Vale! ¿Y qué te apetece hacer esta tarde?
- Pues no sé, ¡lo que tú quieras!
- ¿Vamos al Retiro?
- ¡Vale! La verdad es que hace bastante tiempo que no voy.
- Si quieres comemos aquí y vamos por la tarde.
- Mejor, porque sabes que hasta que me arregle... - Me levanté de la mesa recogiendo el desayuno y dejándolo en la cocina. Seguro que hoy sería un buen día.

*Narra Ana*

Poco después de comer cogí el coche y fui a casa de Carlos. Él no sabía que llegaría tan temprano, pero me apetecía verle. Pronto tendrían que empezar a trabajar duro de nuevo y había que aprovechar los últimos días.
Una vez que ya estaba allí llamé al timbre y Carlos, bastante despeinado, abrió la puerta.

- ¡Vaya! ¿Tan pronto? - Dijo al abrir la puerta con una gran sonrisa.
- ¡Sí! No quería esperar más, me apetecía verte.
- Bueno, ayer me viste. - Respondió dejando que pasara dentro del piso.
- ¿Acaso eso importa? 
- Ven anda. - Me acerqué a él, que me dio un dulce beso. - Antes de nada, me tienes que dejar que intente arreglar esto. - Dijo señalando el pelo rubio bastante revuelto que le caía por la frente.
- Va a ser mejor. - Dije riendo.

Acto seguido él entró al baño para peinarse y yo di una vuelta por la casa. Me paré en una gran vitrina. Ahí estaban todos los discos, álbumes, tazas y derivados con el logotipo de Auryn y cualquier foto de los cinco. ¡Habían conseguido tanto! 
Seguí andando por el piso hasta llegar a su habitación, era una de las pocas veces que estaba realmente ordenada. En ella había varios marcos y algún que otro álbum de fotos sobre la mesa. Decidí abrir el primero. Ahí estaban todas las fotos de los diez, desde la primera hace años hasta la última de hace escasos días. Cogí el otro álbum que había al lado.  Al abrirlo me vinieron miles de recuerdos, aquella era la foto de mi primera firma, mi primera foto con Carlos. Seguí pasando las páginas. ¡Había tantas fotos! Lo mejor de estos últimos años había sido haberlos compartido con él. Comprobé que una pequeña lágrima comenzaba a resbalar por mi mejilla, ¡eran tantos recuerdos! Poco después llegué a la última página, en ella había un pequeño mensaje:

'Por todo esto y mucho más. Estoy seguro de que aún quedan miles de historias por vivir, pero eso sólo si son a tu lado. Te quiero rubia.'

- ¿Así mejor? - Dijo Carlos asomándose por la puerta. Me giré y le vi, esta vez peinado. Corriendo fui a abrazarle. - ¿Eso es un sí?
- Gracias por todo Charlie. - Vio cómo encima de su escritorio permanecían los dos álbumes que había dejado, aunque esta vez uno de ellos estaba abierto, entonces lo entendió.
- Quería regalártelo luego, pero bueno, me da que te has adelantado. - Me llevó con el hasta la pequeña mesa y me dio el álbum. - Para ti pequeña. - Nos fundimos en un tierno beso y poco después comenzamos a hacer los planes para esta tarde.
- ¿Y si damos una vuelta por el Retiro? Hoy no hace tanto calor y se está genial en la calle. - Propuse.
- ¡Vale! Si quieres salimos ya y aprovechamos toda la tarde.
- Pues vamos entonces. - Recogí mi bolso, que había dejado en el sofá, y minutos después los dos entramos en mi coche.

Una vez que habíamos llegado, sin pensarlo dos veces nos acercamos a uno de los puestos en los que vendían helados. Cada uno no compramos uno y seguimos andando.
Llegamos a la parte del parque en la que la gente solía pagar una entrada para coger su barca y remar por un pequeño lago. La mayoría eran parejas o padres acompañados de sus hijos. Me quedé mirando una pareja que me resultaba bastante familiar.

- ¿Esa no es Clara? - Pregunté a Carlos que estaba a punto de terminar su helado.

*Narra Blas*

- Cariño, sabes que te quiero mucho, pero creo que lo de remar se me da mejor a mí, llevamos dando vueltas en círculos un buen rato. - Me dijo Clara que, sinceramente, tenía razón.
- Tú remas cuando toque remar y yo escalo cuando toque escalar, va a ser mejor así.
- ¿Me lo vas a estar recordando toda la vida? - Preguntó riendo.
- ¡Sólo unos cuantos días!
- Bueno, algo es algo.
- ¡Venga Blas, tú puedes! - Escuché gritar a alguien de fondo.
- ¿Carlos? - Preguntó Clara achinando los ojos para poder localizarlo.
- ¡Parece que hoy todos tenemos los mismos planes! - Dije mientras la barca de nuestros amigos se acercaba a la nuestra.
- ¡Me da que aquí cualquiera rema mejor que tú, eh! - Me dijo Carlos una vez que estábamos cerca.
- ¡Oye, que yo lo he intentado! - Contesté mientras Clara reía.
- Otra cosa es que te haya salido bien. - Opinó Ana, que también comenzaba a reír.

Unos diez minutos más tarde, las dos parejas abandonábamos nuestro pequeño paseo en barca para seguirlo a pie.
Horas después los cuatro acabamos cenando en un restaurante cercano.

- Mañana deberíamos quedar otra vez los diez juntos. Es vuestro último día. - Dijo Ana mientras acababa su plato.
- Eso me ha dicho antes Clara. Podríamos ir a algún sitio.
- ¡Yo sé uno perfecto! - Exclamó Carlos.
- Verás... - Murmuró Clara.
- No, de verdad, está genial. Fui una vez y me encantó.
- ¿Cómo se llama? - Pregunté.
- Mañana lo veréis. ¡Os va a encantar!
- ¿Soy la única que tiene miedo? - Preguntó Clara bromeando.
- Me da que no. - Respondió Ana.
- Confiad en mí, vamos a pasarlo genial.

domingo, 20 de abril de 2014

Capítulo 46.

Narra Álvaro*

Una y media de la mañana. Los diez aún aguantábamos en el salón.

- Oye, ¿y Elena? - Me preguntó Ana.
- Me dijo que me iba a coger una chaqueta, que tenía algo de frío. - Respondí.
- ¿Frío? ¡El otro día sí que hacía más frío y ella se quejaba del calor! Esta chica tiene el termostato estropeado... -  Dijo Rocío haciendo que todos riéramos.
- Pero ha ido hace un rato, voy a ver qué hace. - Añadí mientras me levantaba del sofá.
- Verás... - Dijo Ana en un tono más bajo.

Avancé por el pasillo hasta llegar a mi habitación. Al entrar comprobé que la luz aún estaba encendida. Miré hacia la cama y ahí estaba, tendida sobre ella con una chaqueta mía por encima. Totalmente dormida.
Sonreí y volví con los demás.

- Está dormida. - Dije volviéndome a sentar en mi sitio de antes.
- ¿En serio? Yo esto no me lo pierdo. - Lucía intentó levantarse del sofá tras decir esto. Por suerte, David la paró.
- Déjala, pobrecilla. - Le contestó él.
- Bueno Álvaro, entonces yo creo que mejor nos vamos. Ella que se quede aquí durmiendo y mañana nos vemos todos otra vez. - Opinó Dani. - Muchas gracias a todos de verdad.

Entre abrazos y besos todos recogieron sus cosas marchándose unos diez minutos después. Cuando por fin me encontraba sólo fui de nuevo a mi habitación. Allí seguía Elena y, aunque esta vez abrazada a mi chaqueta, seguía durmiendo plácidamente. Con cuidado la quité los zapatos y mi chaqueta y, dispuesto a taparla con una manta, se despertó.

- ¿Qué hora es? - Preguntó frotándose la cara con una mano.
- Casi las dos. - Respondí sonriendo. El flequillo del que tanto presumía ahora estaba bastante revuelto.
- ¿Y los demás?
- Se han ido hace poco.
- ¿Llevo durmiendo mucho rato?
- No, tranquila. - Reí.
- ¿Puedo dormir aquí?
- La verdad es que yo tenía la intención de echarte...
- Tonto. - Reí.
- Bueno venga, porque te quiero, ¡que sino te tocaba volver a casa andando!
- ¡Qué buena persona eres, eh!
- Me lo suelen decir. - Ella se incorporó riendo y se acercó para darme un beso. Tras esto, abrió mi armario.
- ¿Ahora qué vas a quitarme? - Solté una carcajada.
- ¿No me va a dejar mi novio precioso una camiseta suya para que duerma agusto?
- ¿Soy un novio precioso?
- ¡Buf! ¡Preciosísimo!
- Entonces sí, te la dejo.- Elena cogió una y salió de la habitación. Minutos después volvió a entrar con una camiseta roja, unas cuantas tallas más grande que ella, y mucho más peinada. 
- ¡Lista!
- El rojo te sienta muy bien.
- Y las camisetas más grandes que yo también. Deberías darme una tuya. - Dijo levantando las cejas y sonriendo.
- Con una condición.
- ¿Cuál? 
- Que tú me des otra tuya. - Ella estalló en carcajadas mientras yo la miraba asombrado, para el sueño que tenía había conseguido despejarse en pocos minutos.
- Me encantaría verte con alguna de mis camisetas puestas. Eso sí que te sentaría realmente bien. 

Se metió en la cama y cogió el móvil. Mientras ella respondía algunos mensajes y ojeaba Twitter o Instagram, fui poniéndome el pijama.
Al terminar me tumbé en el lado de la cama que quedaba libre.

- Buenas noches pequeña. - Dije tras darla un pequeño beso.
- Te quiero. - Apagué la luz.
- Y yo. - Respondí.
- Álvaro. - Me llamó minutos después. Con suerte aún seguía despierto.
- Dime.
- Que ahora no tengo sueño. - Contestó haciendo que riera.
- Anda ven. - La rodeé con uno de mis brazos abrazándola. Poco después los dos acabamos dormidos.

*Narra Clara*

Hoy tocaba día de tirolinas, escalar y todas esas cosas en las que soy bastante patosa. Por suerte anoche decidimos quedar después de comer, así que aún tenía tiempo para concienciarme de que aquello no iba a ser fácil.
Pasé toda la mañana bastante aburrida. No tenía nada que hacer y tampoco tenía ganas de hacer nada. Un poco de televisión, ojear algunas revistas y contestar los mensajes que me llegaban al móvil fue todo lo que hice. 
Había quedado con Blas para comer así que, cuando llegó la hora y ya estaba lista, cogí el coche y fui hacia su casa.
No tarde mucho y, una vez que ya había llegado, llamé al timbre y esperé a que me abriera.

- ¡Hola enana! - Dijo nada más abrir la puerta.
- Vaya, huele bastante bien. - Dije después de saludarle con un cariñoso beso.
- Normal, he preparado mi plato estrella.
- ¿Lentejas? - Pregunté.
- ¿Lo dudabas?
- Más te vale que estén ricas, algo bueno tiene que pasarme hoy.
- ¿Por qué lo dices? - Me preguntó mientras dejaba mis cosas sobre el sofá.
- Porque vosotros no me habéis visto escalar... Madre mía lo que puede pasar esta tarde... - Dije poniéndome las manos sobre la cara.
- ¡Ya verás que no pasa nada! A demás, no eres la única, ¿no? Dijisteis ayer que a Elena también se le daba bastante mal.
- Mira, hacemos una cosa, como allí hay que pasar por orden, primero que pasen todos menos Álvaro, Elena, tu y yo. Así por lo menos no retrasamos al resto del grupo.
- ¿Y pretendéis dejarnos a Álvaro y a mí con vosotras dos?
- Hombre, alguien tendrá que rescatarnos si nos quedamos a medio camino, ¿no? 
- ¡Ya verás que seguro que nos os pasa nada!
- Eso pensé yo la última vez... Eso pensé...
- Cambiando de tema, ¿comemos ya?
- ¡Vale! ¡A ver cómo están esas lentejas! - Dije riendo de camino a la cocina.

Poco después cada uno estaba sentado en un extremo de la pequeña mesa que había en el salón a punto de probar la comida.

- Te dejo los honores. - Me dijo Blas sonriendo.
- Pues entonces... - Cogí la cuchara y probé la comida. La verdad es que tenía razón, ¡estaban riquísimas! - ¡Me encantan Blas!
- ¿Lo dices para que te rescate en mitad de las tirolinas o va en serio?
- ¡Va en serio tonto!
- Entonces me alegro. - Sonrió.

Seguimos comiendo hasta que tocó la hora de marcharnos. El sitio al que iríamos estaba a una hora de camino en coche. Teníamos que subir hasta Navacerrada para llegar. 

- Blas, sinceramente, tengo miedo.
- ¡No te preocupes boba! Ya verás que, en el caso de que te pase algo, voy a estar ahí. 
- ¿Me lo juras?
- Te lo juro.
- Aún así sigo teniendo miedo.
- Anda, deja de preocuparte, hoy hemos venido a pasarlo bien. Te recuerdo que dentro de poco nos tocará otra vez estar con conciertos y firmas y a penas podremos veros.
- Vale, ahora tengo miedo y estoy deprimida.
- Es por ahí. - Indicó cambiando de tema.  Señaló a la derecha. 'De pino a pino' ponía en un gran cartel. - ¿Lista para la aventura?
- ¿Tengo que ser sincera? 
- Ya verás que todo sale bien Clara, confía en mí.
- Más bien debería confiar en mí.
- Bueno pues, confía en ti. 

Quité las llaves del coche y suspiré.

- Cielo, - Blas me cogió una mano.- estate tranquila de verdad. - Me dio un beso para tranquilizarme. La verdad es que me vino bien.

Bajamos del coche y nos reunimos con el resto. Sacamos cada una de las entradas y pronto nos equiparon a los diez. También nos explicaron cómo funcionaba todo y, una vez que ninguno tenía ninguna duda, comenzamos la 'aventura'.

- ¡Menos mal que esto va por niveles! - Dijo Elena acercándose a mí.
- ¿Te vienes al de principiante conmigo? - La pregunté.
- Está claro que sí. - Las dos nos acercamos. Teníamos que pasar varias pruebas. Escalar, algunas de equilibrio, tirolinas... Aunque todo a un nivel bastante fácil y con arnés.
- ¿Hace falta que os acompañemos? - Nos preguntó Blas mirándonos a las dos.
- Yo lo agradecería. Por si acaso. - Dije mientras me recogía el pelo en una coleta al igual que Elena.

Comenzamos las pruebas bastante bien, por ahora no era nada complicado, y aunque alguna vez nos costaba avanzar, acabábamos haciéndolo. Por lo menos lo bueno de todo esto era que no parábamos de reír.

- ¿Vamos al nivel medio? - Preguntó Blas. Miré a Elena, ahora íbamos mucho más seguras tras haber conseguido pasar todas las pruebas sin hacer demasiado el ridículo. 
- Venga... Vale. - Conseguí decir.

Esta vez cambiamos el orden y pasé yo primero, luego Elena, detrás Blas y por último Álvaro. De nuevo comenzamos con la prueba de escalar, que no me costó tanto, luego pasamos por un puente, nos tiramos por una pequeña tirolina y... Ahora nos tocaba avanzar por unas pequeñas tablas de madera que colgaban entre dos árboles. 

- ¿Esto es seguro? - Pregunté una vez que los cuatro estábamos en la plataforma que había antes de empezar la prueba.
- Si no lo fuera no lo pondrían, ¿no? - Preguntó Elena mirando a los dos chicos.
- Chicas, vais sujetas con un arnés, no os puede pasar nada. - Nos dijo Álvaro.
- Allá voy... - Dije no muy segura. Cada una de las las tablas que colgaban eran bastante inestables.

Conseguí avanzar a la primera sin problema, luego a la segunda, a la tercera, a la cuarta y... Nada más. La quinta estaba aún más separada que las anteriores y no conseguía alcanzarla. Y pensar que aún me faltaban seis más...
- ¡Chicos! - Grité girándome. Dos puestos detrás de mí se encontraba Elena. Blas y Álvaro aún esperaban en la plataforma. - ¡Que no me llega la pierna!
- ¡Cómo no te va a llegar! - Me dijo Blas.
- ¡Que no me llega! ¡Está muy lejos! - No sabía si reír o llorar. Así que opté por lo primero y un ataque de risa se apoderó de mí. Conseguí 'contagiar' a Elena, también incapaz de avanzar pero en su caso por la risa.
- ¿Voy a ayudarte? - Me preguntó Blas alzando la voz para que le oyera.
- ¡Sí por favor!

Hicimos retroceder a Elena hasta la plataforma. Aquello resultó incluso más cómico que la escena que estaba montando.

- A ver, me subo contigo a la tabla y te acerco la siguiente, ¿vale? - Me dijo Blas exponiéndome su plan.
- Vale.
- ¡Blas, no creo que eso soporte el peso de dos personas! - Nos dijo Álvaro.
- ¿Y qué quieres que haga? - Preguntó encogiéndose de hombros.
- En caso de que tenga que ir alguien que vaya Elena, es la que menos pesa de los tres.
- ¿Yo? ¡Álvaro tú estás loco! ¡Que nos quedamos las dos ahí atascadas! - Protestó la morena mientras Blas volvía hacia ellos.
- Te toca a ti Elena. - Le dijo Blas dándola una palmada en la espalda.
- Por si acaso que sepáis que os quiero y al resto también. 
- Anda tonta, ve a por Clara.
- ¡Venga Elena tú puedes! - Dije animándola.
- A ver, entonces me subo aquí contigo e intento acercarte la siguiente tabla, ¿no? 
- Sí. - Respondí algo nerviosa.
- Vale. - Dijo cogiendo aire. En realidad la prueba era bastante tonta y nosotras muy exageradas. Aunque teníamos motivos, aquello nunca se nos dio bien.
- ¡Venga Clara, pasa! - Me gritó una vez que había conseguido acercarme la quinta tabla de madera.
- ¡Ya voy! - Y con un paso conseguí avanzar.
- ¡Bien! - Gritaron Blas y Álvaro mientras reían y aplaudían.
- Oye, ¡de esto ni una palabra a nadie! - Dije girándome y mirando a los dos chicos.

Una media hora después conseguimos terminar el resto de las pruebas y nos reunirnos con los demás.

- ¿Qué tal os ha ido? - Preguntó Blas a los seis restantes.
- Bastante bien. ¡A mí me ha encantado! - Contestó Dani.
- ¿Vosotros qué tal? - Preguntó David.
- No quieras saberlo... - Contesté mientras me ponía algo roja.

Finalmente acabamos el día cenando en un restaurante que había por allí cerca. ¡Menos mal que al final había conseguido salir de allí!