*Narra Elena*
Los dos subimos al coche de Álvaro. Iríamos a su casa a pasar la tarde viendo una película, no teníamos ganas de ir al cine.
Mientras el coche comenzaba a avanzar me quedé embobada mirando a la ventana pensando en lo que había pasado en el día de hoy. La familia de Dani y él no se merecían nada de esto, sé que había sido un accidente y eso nadie lo puede predecir pero, verle así de hundido sabiendo que él siempre era el optimista que nos ayudaba a Álvaro y a mí cuando estábamos mal... Habría que prepararle algo.
Mientras el coche comenzaba a avanzar me quedé embobada mirando a la ventana pensando en lo que había pasado en el día de hoy. La familia de Dani y él no se merecían nada de esto, sé que había sido un accidente y eso nadie lo puede predecir pero, verle así de hundido sabiendo que él siempre era el optimista que nos ayudaba a Álvaro y a mí cuando estábamos mal... Habría que prepararle algo.
- ¿Te pasa algo? - Preguntó Álvaro apartando un par de segundos la mirada de la carretera y mirándome.
- No, nada. Sólo pensaba. - Respondí devolviéndole la mirada.
- ¿Qué pensabas?
- Creo que deberíamos organizarle algo a Dani cuando termine todo esto y las cosas vuelvan a estar bien. No sé, una fiesta o algo parecido.
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué? Él lo está pasando mal. Organizarle una fiesta ahora pienso que sería algo inútil, ya que el estado de su madre no va a cambiar en cuestión de minutos y al terminar él volvería a estar como ahora. Sin embargo, si esperamos a que se recupere, podríamos alegrarle bastante.
- Vale... - Resopló.
- ¿Qué pasa?
- Nada, nada.
- Álvaro, ¿qué te pasa? - Centré mi mirada en él. Me miró de reojo y suspiró.
- No me parece buena idea. Pienso que esto nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros y no por eso nos mereceríamos una fiesta.
- ¿Te estás escuchando? - Elevé el tono. Siempre era la misma historia, siempre igual. Los dos sabíamos perfectamente por qué se negaba. - ¿Si le hubiera pasado a algún familiar tuyo no te gustaría que intentáramos animarte?
- Bueno, viéndolo así sí, pero...
- ¿Pero qué? - Le interrumpí. Odiaba ponerme de esta manera. - Es como mi mejor amigo. No es porque le haya pasado a él Álvaro, si esto hubiera pasado con cualquiera de los demás habría dicho lo mismo. Y de todas formas, ¿no recuerdas todas las veces que él nos ha ayudado con nuestra relación? Es el que más nos ha apoyado, el que siempre nos decía que teníamos que intentarlo todas las veces que la distancia podía con nosotros. ¿No recuerdas cuando viniste a mi casa y me dijiste que me querías? Si Dani no te hubiera aclarado lo sucedido la tarde anterior no te habrías presentado allí. - Se quedó callado. Seguramente me había pasado.
- Claro, si te acuerdas de lo bueno él siempre queda como el mejor, ¿no?
- Creo que en lo malo Dani nunca ha tenido nada que ver, si hemos discutido ha sido por nuestra culpa.
- Sabes perfectamente como soy y...
- ¿Celoso? - Interrumpí soltando una leve carcajada.
- Bueno, sí, celoso. - Rió conmigo.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que debes confiar en mí?
- No es eso, confío en ti, pero no en cualquiera que se te pueda acercar. Sabes que en este caso digamos que tengo preferencia a ponerme celoso de Dani, porque él fue el primero que vi que se llevaba muy bien contigo dentro del grupo y me preocupó que pudiera pasar algo entre vosotros dos.
- Ya, pero, piénsalo. Él es feliz con Rocío y lo lleva siendo más de tres años. No tiene sentido que acabemos discutiendo casi siempre por lo mismo.
- ¿Y tú? - Me preguntó quitando las llaves del coche, ya habíamos llegado.
- ¿Yo qué? - Salimos del coche y entramos por la puerta que llevaba a su bloque.
- ¿Tú eres feliz conmigo? - Llamó al ascensor.
- ¿Tú que crees? - Le sonreí.
- Dímelo tú, ¿no? - Las puertas del ascensor se abrieron y pasamos dentro.
- Obviamente, soy feliz contigo tonto.
- Cariño, ¿puedo decirte algo?
- Dime.
- Te quiero. Te quiero muchísimo. Últimamente no dejo de cagarla, no era fácil, sabiendo como soy, estar tranquilo mientras estábamos de gira. Me imaginaba que te pasaba cualquier cosa y, aunque habláramos todos los días, nunca era suficiente. Las chicas me contaban que tú tampoco estabas muy bien aquí, ya no sé si por la distancia o por nuestras múltiples discusiones por muy rápido que se arreglaran. Lo siento, lo siento por cada vez que he hecho que no fueras más feliz que el día anterior, al fin y al cabo mi 'reto', por así decirlo, es seguir haciéndote feliz día tras día. - La puerta del ascensor se abrió. Se volvía a repetir la misma escena vivida años atrás. Salí sin poder decir una palabra, él me siguió y entramos en su casa.
- Creo... Creo que me he pasado. - Tartamudeé. - No tienes que decir todo eso. Yo también la he liado muchas veces.
- No mientas tonta.
- ¿Sergio?
- ¿De quién fue la culpa?
- Ya pero, ¿quién decidió quedar con él?
- Es igual, tú no sabías que iba a pasar.
- Álvaro, eres el mejor.
- Dilo otra vez.
- ¿Que eres el mejor?
- No, lo de Álvaro.
- ¿Álvaro?
- Me encanta cuando dices mi nombre.
- ¡No me seas cursi! - Reí.
- ¡Pensé que te gustaba! - Protestó.
- Pero hasta cierto punto Alvarito. - Poniéndome de puntillas le besé y fui directa al salón. Miré los títulos de las películas que había repartidas en las distintas estanterías.
- Tengo una idea. -Dijo detrás de mí.
- ¿Cuál?
- ¿Y si jugamos a esto? - Me giré y vi como en su mano sostenía el Just Dance. Sonreí.
- ¿Preparado para perder? - Dije desafiante.
- Preparado.
- No, nada. Sólo pensaba. - Respondí devolviéndole la mirada.
- ¿Qué pensabas?
- Creo que deberíamos organizarle algo a Dani cuando termine todo esto y las cosas vuelvan a estar bien. No sé, una fiesta o algo parecido.
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué? Él lo está pasando mal. Organizarle una fiesta ahora pienso que sería algo inútil, ya que el estado de su madre no va a cambiar en cuestión de minutos y al terminar él volvería a estar como ahora. Sin embargo, si esperamos a que se recupere, podríamos alegrarle bastante.
- Vale... - Resopló.
- ¿Qué pasa?
- Nada, nada.
- Álvaro, ¿qué te pasa? - Centré mi mirada en él. Me miró de reojo y suspiró.
- No me parece buena idea. Pienso que esto nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros y no por eso nos mereceríamos una fiesta.
- ¿Te estás escuchando? - Elevé el tono. Siempre era la misma historia, siempre igual. Los dos sabíamos perfectamente por qué se negaba. - ¿Si le hubiera pasado a algún familiar tuyo no te gustaría que intentáramos animarte?
- Bueno, viéndolo así sí, pero...
- ¿Pero qué? - Le interrumpí. Odiaba ponerme de esta manera. - Es como mi mejor amigo. No es porque le haya pasado a él Álvaro, si esto hubiera pasado con cualquiera de los demás habría dicho lo mismo. Y de todas formas, ¿no recuerdas todas las veces que él nos ha ayudado con nuestra relación? Es el que más nos ha apoyado, el que siempre nos decía que teníamos que intentarlo todas las veces que la distancia podía con nosotros. ¿No recuerdas cuando viniste a mi casa y me dijiste que me querías? Si Dani no te hubiera aclarado lo sucedido la tarde anterior no te habrías presentado allí. - Se quedó callado. Seguramente me había pasado.
- Claro, si te acuerdas de lo bueno él siempre queda como el mejor, ¿no?
- Creo que en lo malo Dani nunca ha tenido nada que ver, si hemos discutido ha sido por nuestra culpa.
- Sabes perfectamente como soy y...
- ¿Celoso? - Interrumpí soltando una leve carcajada.
- Bueno, sí, celoso. - Rió conmigo.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que debes confiar en mí?
- No es eso, confío en ti, pero no en cualquiera que se te pueda acercar. Sabes que en este caso digamos que tengo preferencia a ponerme celoso de Dani, porque él fue el primero que vi que se llevaba muy bien contigo dentro del grupo y me preocupó que pudiera pasar algo entre vosotros dos.
- Ya, pero, piénsalo. Él es feliz con Rocío y lo lleva siendo más de tres años. No tiene sentido que acabemos discutiendo casi siempre por lo mismo.
- ¿Y tú? - Me preguntó quitando las llaves del coche, ya habíamos llegado.
- ¿Yo qué? - Salimos del coche y entramos por la puerta que llevaba a su bloque.
- ¿Tú eres feliz conmigo? - Llamó al ascensor.
- ¿Tú que crees? - Le sonreí.
- Dímelo tú, ¿no? - Las puertas del ascensor se abrieron y pasamos dentro.
- Obviamente, soy feliz contigo tonto.
- Cariño, ¿puedo decirte algo?
- Dime.
- Te quiero. Te quiero muchísimo. Últimamente no dejo de cagarla, no era fácil, sabiendo como soy, estar tranquilo mientras estábamos de gira. Me imaginaba que te pasaba cualquier cosa y, aunque habláramos todos los días, nunca era suficiente. Las chicas me contaban que tú tampoco estabas muy bien aquí, ya no sé si por la distancia o por nuestras múltiples discusiones por muy rápido que se arreglaran. Lo siento, lo siento por cada vez que he hecho que no fueras más feliz que el día anterior, al fin y al cabo mi 'reto', por así decirlo, es seguir haciéndote feliz día tras día. - La puerta del ascensor se abrió. Se volvía a repetir la misma escena vivida años atrás. Salí sin poder decir una palabra, él me siguió y entramos en su casa.
- Creo... Creo que me he pasado. - Tartamudeé. - No tienes que decir todo eso. Yo también la he liado muchas veces.
- No mientas tonta.
- ¿Sergio?
- ¿De quién fue la culpa?
- Ya pero, ¿quién decidió quedar con él?
- Es igual, tú no sabías que iba a pasar.
- Álvaro, eres el mejor.
- Dilo otra vez.
- ¿Que eres el mejor?
- No, lo de Álvaro.
- ¿Álvaro?
- Me encanta cuando dices mi nombre.
- ¡No me seas cursi! - Reí.
- ¡Pensé que te gustaba! - Protestó.
- Pero hasta cierto punto Alvarito. - Poniéndome de puntillas le besé y fui directa al salón. Miré los títulos de las películas que había repartidas en las distintas estanterías.
- Tengo una idea. -Dijo detrás de mí.
- ¿Cuál?
- ¿Y si jugamos a esto? - Me giré y vi como en su mano sostenía el Just Dance. Sonreí.
- ¿Preparado para perder? - Dije desafiante.
- Preparado.
*Narra Rocío*
Me levanté temprano. No pude dormir desde que Dani se despertó para ir al hospital. Me dijo que no hacía falta que le acompañara, iba a ir con su hermana, pero yo le prometí que iría más tarde. Me levanté y desayuné un poco, no tenía mucha hambre. Encendí la televisión e hize un poco de zapping, no había nada interesante. Me duché y cogí el móvil. Ni mensajes, ni llamadas y Twitter estaba un poco abandonado. Era verano y aún era temprano, la gente estaba durmiendo. Me vestí y me maquillé un poco. Cogí el bolso con mis cosas y salí de casa. Con el coche fui hasta el hospital, no tenía nada que hacer así que haría compañía a Dani y su familia. Aparqué sin problemas y subí hasta la planta correspondiente. En la sala de espera estaba la hermana de Daniel.
- ¡Hola Noelia! - La saludé.
- ¡Rocío! - Me dio dos besos. - Dani está dentro.
- Gracias. - La sonreí y abrí cuidadosamente la puerta de la habitación. Rápido escuché esa voz chillona. ¿Por qué tenía que estar ella aquí también?
- ¡Rocío! - Me dio dos besos. - Dani está dentro.
- Gracias. - La sonreí y abrí cuidadosamente la puerta de la habitación. Rápido escuché esa voz chillona. ¿Por qué tenía que estar ella aquí también?
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