miércoles, 29 de enero de 2014

Capítulo 38.

*Narra Clara*

Decidí no despertarme muy tarde para poder llegar temprano a casa de Blas. Esta semana mis padres se iban de vacaciones, de manera que estaría sola, así que decidí llamar a Blas para que estuviera conmigo unos días. Así no tendríamos que estar yendo y viniendo de un lado a otro para vernos.
Cogí el bolso con todas mis cosas y salí de casa. Llegué a la calle y me dirigí hasta donde había aparcado el coche, por suerte la tarde anterior conseguí aparcarlo no muy lejos. Seguí caminando y ahí estaba, abrí la puerta, me senté en el asiento y empecé el pequeño viaje.
Veinte minutos después me encontraba llamando al timbre de casa de Blas.

- ¿Todo listo? - Pregunté cuando abrió la puerta.
- Compruébalo tú misma. - Me sonrió y se apartó a un lado. Pasé dentro del piso y comprobé que había una gran maleta.
- ¿Todo eso? - Dije sorprendida.
- ¿Qué? ¡Tú hiciste lo mismo cuando nos fuimos de vacaciones el año pasado!
- Pero creo que hay una pequeña diferencia... ¡Esa vez fueron quince días! Esta vez son sólo cinco. - Reí.
- ¿Crees que me he pasado? - Preguntó algo avergonzado.
- Bueno, ahora no te vas a poner a deshacer todo, así que vamos. - Respondí sonriendo.
- Vamos entonces. - Salí por la puerta y él agarró la maleta saliendo detrás de mí. - Cielo, aún no me has saludado. - Dijo parándose.
- ¡Hola chiquitito! - Me acerqué y le abracé. Era tonto, pero mi tonto. - ¿Ya? - Dije cuando nos separamos.
- Bueno, me sirve. - Sonrió.
- ¡Anda vamos!

No tardamos mucho más en salir y volver de nuevo a mi casa. El viaje volvió a ser corto y se pasó rápido. Una vez cerca de mi urbanización, busqué un sitio para aparcar y bajamos del coche. Me acerqué a la parte de atrás y abrí el maletero, saqué la maleta como pude y la arrastré por el camino mientras nos dirigíamos a mi portal.

- ¿De verdad no quieres que te ayude? - Me preguntó Blas viendo lo costoso que me resultaba poder realizar aquel viaje.
- Tranquilo, yo puedo. - Mentira, no podía, pero a estas alturas si lo seguía haciendo era por orgullo. ¡Tenía que poder llevarla, era sólo una maleta!
- ¿Estás segura? Es que ya no sé quién es más grande... - Me dijo entre risas.
- ¡He dicho que puedo! - Contesté como pude. En el fondo tenía razón, entre que la maleta era enorme y yo bajita, la altura entre aquel armatoste y yo era parecida.
- Madre mía... - Dijo y siguió riendo. Por suerte llegamos al portal, saqué mis llaves y abrí la puerta. Pasamos dentro y llamé al ascensor.
- Uf. - Resoplé. Menos mal que habíamos llegado.
- Podías, ¿no?
- ¿Has visto que me haya tropezado, caído o haya dejado la maleta por el camino? - Le contesté desafiante.
- Todavía queda camino hasta tu casa.
- ¿Qué pretendes? ¿Qué me caiga en el ascensor? - Los dos nos reímos. La verdad es que eso que me dijo no tuvo mucho sentido.
- Quién sabe...
- ¡No vale que me tires! - Sus ideas se podían oler a kilómetros. El ascensor llegó a la planta baja, él abrió la puerta y me dejó pasar a mí primero. Cuando los dos estuvimos dentro el pulsó el botón de mi piso, yo me encontraba algo apretujada.
- Bueno, creo que tú eres más alta.
- ¡Claro que lo soy! - Me coloqué erguida y bajé el asa de la maleta, de 
esa manera parecería aún más alta.
- Me da que sólo te falta ponerte de puntillas.
- ¡Te encanta meterte conmigo eh!
- Es divertido, pero sabes que te quiero.
- Se nota mucho, ¡no dejas de demostrármelo! - Respondí irónicamente mientras me abría la puerta para poder salir sin problemas.
- ¿Acaso piensas lo contrario? - Me contestó mientras yo abría la puerta.
- ¿Hace falta que responda? - Respondí riendo y los dos pasamos dentro de mi piso.
- Anda tonta, no me digas eso.
- El daño ya está hecho. - Dramaticé e intenté trasladar todas sus cosas a mi habitación. 
- Clara, yo te quiero mucho. - Respondió apoyado en la puerta de mi cuarto contemplando toda la escena entre la maleta y yo.
- Ya lo sé bobo. - Me acerqué a él para decírselo.
- ¿De verdad? - Preguntó mientras se acercaba más a mí.
- De verdad. - Me incliné y le besé. Me encantaba cuando se ponía cariñoso. - Y ahora ayúdame a colocar todas tus cosas, que me da que no va a ser fácil.
- ¡Con todo lo que tienes aquí dentro lo veo complicado! - Me dijo al ver toda la cantidad de ropa que tenía guardada en el armario. Sí, iba a ser bastante difícil.

Creo que cerca que una hora después conseguimos organizar todo. No fue fácil, pero al final lo logramos. Salimos al salón y me acerqué para encender la televisión, así nos distraeríamos un rato.

- No es por molestar pero... Empiezo a tener hambre. - Protestó sentándose conmigo en el sofá.
- ¿Ya? - Pregunté.
- Sí...
- Pues vamos a ver qué podemos cocinar. - Me levanté cogiéndole de la mano y fuimos a la cocina. A mí precisamente no se me daba muy bien cocinar y si a Blas le sacabas de las lentejas estaba perdido. Si seguíamos así acabaríamos alimentándonos a base de cereales el resto de la semana.
- ¿Ves algo que te guste? - Pregunté abriendo la nevera.
- ¿Pizza? - Dijo cogiendo la última que quedaba.
- Claro, eso sí lo sabes cocinar, ¿no? - Reí.
- Ya iremos a comprar más comida. Hoy se come pizza, que es fácil de hacer.
- Mientras no prepares tu plato estrella...
- ¡Mis lentejas están riquísimas!
- Ya... Seguro... - Preparó la comida, que era bastante básico, y mientras puse la mesa. Pronto empezamos a comer y disfrutamos del resto de la tarde. Por lo menos nosotros ese día nos dejaríamos de preocupaciones.

*Narra Rocío*

- ¿Y por qué no me avisaste? - Le pregunté.
- Rocío, ya se ha ido, ahora vamos a comer y ya está, no hay nada de lo que preocuparse. - Salimos del hospital dirigiéndonos a un restaurante cercano.
- Eso no es lo que dicen los que la conocen... - Murmuré.
- ¿Qué?
- Nada, nada. - Disimulé. Estuvimos sin hablar un rato, quizás era lo mejor con tal de no seguir peleando. El caso es que Lara siempre estaba en medio desde ayer, siempre, y lo mejor de todo es que Dani la defendía. Cuando entré aquella mañana en la habitación del hospital estaba cogiéndole de la mano, diciendo cualquier chorrada que se le pasaba por la cabeza para llamar la atención y narrándome todas y cada una de las historias que vivieron cuando pasaban tiempo juntos. Vamos, que muy buena no había sido la mañana.
- ¿Qué vas a pedir para comer? - Acabó diciendo Dani. El camarero se acercó a nuestra mesa y pedimos la bebida y la comida. - ¿Vas a seguir así toda la comida?
- ¿Así cómo?
- Enfadada.
- No es eso, no sé, es que no me fío y punto.
- ¿Y te fías de mí? - Dani alargó su brazo y cogió una de las manos que tenía apoyadas en la mesa.
- De ti sí. - Esbocé una pequeña sonrisa.
- Entonces no tienes de qué preocuparte. - Respondió acompañado de otra sonrisa. La conversación en el resto de la comida mejoró, poco a poco se me fue olvidando todo y ambos actuábamos como si no hubiera pasado nada ese día. La verdad era que esa mañana no había pasado nada entre Lara y el rubio de ojos azules pero, ¿de verdad debería fiarme de lo que pudiera pasar más adelante?

martes, 14 de enero de 2014

Capítulo 37.

*Narra Elena*

Los dos subimos al coche de Álvaro. Iríamos a su casa a pasar la tarde viendo una película, no teníamos ganas de ir al cine.
Mientras el coche comenzaba a avanzar me quedé embobada mirando a la ventana pensando en lo que había pasado en el día de hoy. La familia de Dani y él no se merecían nada de esto, sé que había sido un accidente y eso nadie lo puede predecir pero, verle así de hundido sabiendo que él siempre era el optimista que nos ayudaba a Álvaro y a mí cuando estábamos mal... Habría que prepararle algo.

- ¿Te pasa algo? - Preguntó Álvaro apartando un par de segundos la mirada de la carretera y mirándome.
- No, nada. Sólo pensaba. - Respondí devolviéndole la mirada.
- ¿Qué pensabas?
- Creo que deberíamos organizarle algo a Dani cuando termine todo esto y las cosas vuelvan a estar bien. No sé, una fiesta o algo parecido.
- ¿Para qué?
- ¿Cómo que para qué? Él lo está pasando mal. Organizarle una fiesta ahora pienso que sería algo inútil, ya que el estado de su madre no va a cambiar en cuestión de minutos y al terminar él volvería a estar como ahora. Sin embargo, si esperamos a que se recupere, podríamos alegrarle bastante.
- Vale... - Resopló.
- ¿Qué pasa?
- Nada, nada.
- Álvaro, ¿qué te pasa? - Centré mi mirada en él. Me miró de reojo y suspiró.
- No me parece buena idea. Pienso que esto nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros y no por eso nos mereceríamos una fiesta.
- ¿Te estás escuchando? - Elevé el tono. Siempre era la misma historia, siempre igual. Los dos sabíamos perfectamente por qué se negaba. - ¿Si le hubiera pasado a algún familiar tuyo no te gustaría que intentáramos animarte?
- Bueno, viéndolo así sí, pero...
- ¿Pero qué? - Le interrumpí. Odiaba ponerme de esta manera. - Es como mi mejor amigo. No es porque le haya pasado a él Álvaro, si esto hubiera pasado con cualquiera de los demás habría dicho lo mismo. Y de todas formas, ¿no recuerdas todas las veces que él nos ha ayudado con nuestra relación? Es el que más nos ha apoyado, el que siempre nos decía que teníamos que intentarlo todas las veces que la distancia podía con nosotros. ¿No recuerdas cuando viniste a mi casa y me dijiste que me querías? Si Dani no te hubiera aclarado lo sucedido la tarde anterior no te habrías presentado allí. - Se quedó callado. Seguramente me había pasado.
- Claro, si te acuerdas de lo bueno él siempre queda como el mejor, ¿no?
- Creo que en lo malo Dani nunca ha tenido nada que ver, si hemos discutido ha sido por nuestra culpa.
- Sabes perfectamente como soy y...
- ¿Celoso? - Interrumpí soltando una leve carcajada.
- Bueno, sí, celoso. - Rió conmigo.
- ¿Cuántas veces te tengo que decir que debes confiar en mí?
- No es eso, confío en ti, pero no en cualquiera que se te pueda acercar. Sabes que en este caso digamos que tengo preferencia a ponerme celoso de Dani, porque él fue el primero que vi que se llevaba muy bien contigo dentro del grupo y me preocupó que pudiera pasar algo entre vosotros dos.
- Ya, pero, piénsalo. Él es feliz con Rocío y lo lleva siendo más de tres años. No tiene sentido que acabemos discutiendo casi siempre por lo mismo.
- ¿Y tú? - Me preguntó quitando las llaves del coche, ya habíamos llegado.
- ¿Yo qué? - Salimos del coche y entramos por la puerta que llevaba a su bloque.
- ¿Tú eres feliz conmigo? - Llamó al ascensor.
- ¿Tú que crees? - Le sonreí.
- Dímelo tú, ¿no? - Las puertas del ascensor se abrieron y pasamos dentro.
- Obviamente, soy feliz contigo tonto.
- Cariño, ¿puedo decirte algo?
- Dime.
- Te quiero. Te quiero muchísimo. Últimamente no dejo de cagarla, no era fácil, sabiendo como soy, estar tranquilo mientras estábamos de gira. Me imaginaba que te pasaba cualquier cosa y, aunque habláramos todos los días, nunca era suficiente. Las chicas me contaban que tú tampoco estabas muy bien aquí, ya no sé si por la distancia o por nuestras múltiples discusiones por muy rápido que se arreglaran. Lo siento, lo siento por cada vez que he hecho que no fueras más feliz que el día anterior, al fin y al cabo mi 'reto', por así decirlo, es seguir haciéndote feliz día tras día. - La puerta del ascensor se abrió. Se volvía a repetir la misma escena vivida años atrás. Salí sin poder decir una palabra, él me siguió y entramos en su casa.
- Creo... Creo que me he pasado. - Tartamudeé. - No tienes que decir todo eso. Yo también la he liado muchas veces.
- No mientas tonta.
- ¿Sergio?
- ¿De quién fue la culpa?
- Ya pero, ¿quién decidió quedar con él?
- Es igual, tú no sabías que iba a pasar.
- Álvaro, eres el mejor.
- Dilo otra vez.
- ¿Que eres el mejor?
- No, lo de Álvaro.
- ¿Álvaro?
- Me encanta cuando dices mi nombre.
- ¡No me seas cursi! - Reí.
- ¡Pensé que te gustaba! - Protestó.
- Pero hasta cierto punto Alvarito. - Poniéndome de puntillas le besé y fui directa al salón. Miré los títulos de las películas que había repartidas en las distintas estanterías.
- Tengo una idea. -Dijo detrás de mí.
- ¿Cuál?
- ¿Y si jugamos a esto? - Me giré y vi como en su mano sostenía el Just Dance. Sonreí.
- ¿Preparado para perder? - Dije desafiante.
- Preparado.

*Narra Rocío*

Me levanté temprano. No pude dormir desde que Dani se despertó para ir al hospital. Me dijo que no hacía falta que le acompañara, iba a ir con su hermana, pero yo le prometí que iría más tarde. Me levanté y desayuné un poco, no tenía mucha hambre. Encendí la televisión e hize un poco de zapping, no había nada interesante. Me duché y cogí el móvil. Ni mensajes, ni llamadas y Twitter estaba un poco abandonado. Era verano y aún era temprano, la gente estaba durmiendo. Me vestí y me maquillé un poco. Cogí el bolso con mis cosas y salí de casa. Con el coche fui hasta el hospital, no tenía nada que hacer así que haría compañía a Dani y su familia. Aparqué sin problemas y subí hasta la planta correspondiente. En la sala de espera estaba la hermana de Daniel.
- ¡Hola Noelia! - La saludé.
- ¡Rocío! - Me dio dos besos. - Dani está dentro.
- Gracias. - La sonreí y abrí cuidadosamente la puerta de la habitación. Rápido escuché esa voz chillona. ¿Por qué tenía que estar ella aquí también?

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 36.

*Narra Álvaro*

Paseaba tranquilamente con Elena. Eran casi las dos de la tarde así que dentro de poco iríamos a mi casa a comer. Supongo que por la tarde saldríamos con los demás. Había que aprovechar que por fin habíamos vuelto de la gira y que era verano y podíamos vernos sin problema.
Mi móvil empezó a sonar, lo saqué del bolsillo y descolgué.

*Conversación telefónica*

- ¿Si?
- Álvaro estoy con Dani en...
- ¿Ya lo tenéis?- Le interrumpí.
- Sí, pero ahora eso es lo de menos. Estamos en el hospital.
- ¿Qué? ¿Qué os ha pasado? - Pregunté asustado.
- A nosotros nada... Es la madre de Dani, ha tenido un accidente hace más o menos una hora.
- Pero, ¿qué la ha pasado? ¿Está bien?
- Accidente de tráfico, un hombre conducía muy deprisa y bueno... La atropelló. El propio hombre llamó a la ambulancia y la acompañó hasta el hospital, algo es algo, pero por ahora no nos han dicho nada de su estado, dicen que en un rato nos dejarán pasar a la habitación.
- Joder... ¿Rocío lo sabe?
- Dani no tiene batería y a mí a penas me queda, necesitamos que vayáis a decírselo a ella y a los demás, yo me quedaré aquí con Dani hasta que vengáis alguno de vosotros, obviamente no le vamos a dejar solo.
- Vale, yo estoy con Elena, ahora llamaremos a los demás pero yo creo que lo mejor es que vayamos a casa de Rocío y nos acercamos a veros.
- Vale, hasta luego.
- ¡Adiós! Estate pendiente de Dani. - Colgué y le conté a Elena toda la historia. Cogimos rápidamente mi coche y fuimos a casa de la pareja.

*Narra Rocío*

No tardamos en llegar al hospital. Preguntamos en recepción cual era la habitación en la que estaba Mari Carmen. Subimos corriendo a la planta indicada y los tres encontramos rápidamente a Dani sentado en la sala de espera.

- ¡Mi niña! - Dijo cuando me vio.
- ¿Está bien? - Le pregunté.
- Aún no nos han dejado entrar a ninguno. - Me fijé en que también estaban el padre y la hermana de Dani y les saludé.
- David, ahora llegará Lucía para que podáis ir a comer algo. - Le informó Elena.
- Vale, muchas gracias chicos. - Respondió.
- Cielo no te preocupes, todo va a estar bien. - Dije tomando asiento al lado de mi pareja.
- Muchas gracias. - Me besó. Estaba triste, se podía notar a simple vista. Tenía los ojos rojos e hinchados. Me costaba verle así.
- Recuerda que siempre me vas a tener a tu lado. - Le abracé. Me apretó contra él, podía sentir como comenzaban a caerle lágrimas. Estuve abrazándole un rato hasta que una voz un tanto chillona saludó.
- ¡Hola Dani! - Se separó extrañado y sonrió al ver a aquella chica. Yo no la conocía, no era muy alta pero la verdad es que era bastante guapa.
- ¡Cuánto tiempo! - Respondió Dani.
- Casi cuatro años, ¿no? - Él asintió. - Me he enterado y bueno, quería venir a apoyaros.
- Muchas gracias Lara. - Ni idea, aunque ahora supiera su nombre no me sonaba de nada. - Ah, perdona. - Se giró y me miró. - No os he presentado. - Me cogió de la mano y me levanté. - Esta es Rocío, mi novia. - La chica sonrió falsamente, se notó bastante, y me dio dos besos.
- Encantada. - Dije.
- Igualmente. - Me contestó. Los tres permanecimos callados. - Bueno y, ¿lleváis mucho tiempo? - Preguntó ante aquel incómodo silencio.
- Un poco más de tres años. - Contesté sonriendo.
- Vaya, vaya, te olvidaste rápido de mí eh. - Respondió ella y añadió una risa bastante escandalosa. Miré a Dani pidiendo una explicación, no entendía nada. Él sólo miraba sorprendido, no sé si por lo que había dicho o por la risa que tenía la chica.
- ¡Hola chicos! - Lucía había llegado. La verdad es que lo agradecía bastante.
- ¡Lucía! - La abracé y la di un par de besos. Ella repitió lo mismo con Dani y le dijo alguna que otra frase apoyándole.
- Ella es Lara. - Dijo él presentándolas.
- Encantada. - Respondió aquella chica alegremente.
- Bueno, me voy con David a comer algo, que ya tiene bastante hambre. ¡Hasta luego! - La pareja se despidió y se alejaron hambrientos por el pasillo del hospital. Decidí sentarme con Álvaro y Elena, no parecía que me fuera a llevar muy bien con esa chica.
- ¿Qué tal está? - Me preguntó Álvaro.
- Para qué engañarte, le veo bastante mal. Espero que dentro de poco le dejen pasar a verla porque aún no les han informado a penas del estado de su madre.
- Vaya...
- Oye y, ¿quién es esa? - Preguntó Elena.
- Se llama Lara, creo que fueron pareja.
- ¿Pareja? No Rocío, son amigos, desde hace bastante tiempo, pero nunca han sido pareja, tranquila. - ¿Entonces por qué habría dicho ese 'te olvidaste rápido de mí'? - Pero no te fíes mucho de ella, a mí nunca me pareció que le hiciera bien a Dani. - Me susurró.
- ¿Son ustedes de la familia de Mari Carmen? - Preguntó un doctor que salía de la habitación de ésta.
- Sí. - Respondió Dani el primero. Estaba nervioso.
- Tenemos alguna que otra noticia. - Continuó el médico.
- ¿Se pondrá bien? - Preguntó Noelia igual de nerviosa que su hermano.
- Aún es pronto para saberlo. Está en coma ha sido un golpe bastante fuerte, pero está estable. A lo largo de esta semana se recuperará.
- Gracias doctor. - Dijo como pudo el padre de Dani. Me fijé en Lara, se inclinó para abrazar a mi rubio.
- Rocío, ¿avisas a Dani y nos vamos a tomar algo? Aún no hemos comido. - Me propuso Álvaro.
- Vale, voy a decírselo. - Me acerqué interrumpiendo el abrazo, al final iba a ser buena idea eso de ir a comer.
- Rubio, dicen Álvaro y Elena que si vamos a la cafetería a comer algo. - Mostré la mejor de mis sonrisas, para animarle y para fastidiar a la otra.
- Vale. ¿Te vienes con nosotros Lara? - No, no, no, no se viene, pensé.
- Gracias, pero ya he comido. Además me tengo que ir ya a casa. Mañana me paso por aquí para volver a verte. - Se despidió con dos besos, sólo a él, conmigo se despidió moviendo la mano. Me huelo problemas...
- ¿Te pasa algo? - Me preguntó Dani que podía notar mi enfado.
- No, nada cielo. - Me besó y los dos seguimos a la pareja de morenos a la cafetería.
- Yo tengo mucha hambre. - Dijo Elena al ver toda la barra con comida.
- Yo no, no tengo ganas de comer. - Añadió Dani.
- Tienes que comer. Sé que ahora no te apetecerá hacer nada pero tienes que comer, feo. - Le respondí.
- Tonta. - Le besé y cada uno pedimos nuestra comida y nos sentamos en la mesa libre más cercana.
- Chicos, en cuanto terminemos de comer vendrán Clara y Blas, ¿vale? - Nos informó Elena.
- No hace falta que acabéis viniendo todos, salid por ahí anda.
- Dani, somos tus amigos, vamos a estar apoyándote siempre y ahora necesitas que estemos contigo más que nunca.
- Gracias Álvaro.

Casi una hora después volvimos la sala de espera delante de la habitación de la madre de Dani. Llegaron Blas y Clara, que estuvieron apoyándole a él y a su familia. Un poco más tarde el doctor nos dijo que podíamos entrar a verla, así que entraron Dani, su hermana y su padre dentro de la habitación.

- Nunca le había visto así. - Nos contó Clara.
- Bueno, yo le conozco desde mucho antes y la verdad es que se le ve bastante mal, pero tenemos que esperar, el accidente ha sido hoy y por lo que os dijeron antes, ella iría mejorando y seguro que el rubiales estará como antes.
- A mí lo que me preocupa es lo que pueda hacer Lara, no me ha dado muy buena impresión y por lo que dijo Álvaro, tendría que ir con cuidado con ella. - Dije.
- ¿Quién es Lara? - Preguntó Clara. Blas decidió contestarla. La verdad es que nos contó muchas de las cosas que le pasaron con Dani, se conocía la historia perfectamente, y si antes no me fiaba, ahora mucho menos.

martes, 7 de enero de 2014

Capítulo 35.

*Narra Dani*

Me levanté temprano. Salí de la cama lentamente para no despertar a Rocío, que seguía durmiendo profundamente. Entré en el baño y me duché, tenía que prepararme para ir con David. Me di prisa para no molestar mucho en casa, al fin y al cabo lo mejor era que Rocío no se despertara, si no empezaría a hacerme cientos de preguntas respecto a que saliera esa mañana y en ninguna podría responder con sinceridad. Media hora después ya estaba listo para salir. Entré en la habitación por última vez y coloqué una pequeña nota en la mesilla, me acerqué a Rocío y la di un cariñoso beso en la mejilla, por último fui al salón. Cogí la cartera, el móvil y las llaves y salí de casa para coger el coche y recoger a David.

- ¿Bajas ya? - Pregunté por el telefonillo al llegar a casa de mi compañero.
- Sí, no tardo. - Me contestó.

Minutos más tarde los dos subimos al coche y fuimos al centro comercial más cercano. Recorrimos todas las tiendas en las que creíamos que estaría lo que buscamos y finalmente o no encontrábamos nada o no nos gustaba.  Decidimos probar con otro centro comercial que no pillaba muy lejos y así un par de veces más.

- Dani, se está haciendo tarde y aún no tenemos nada. - Dijo David mientras se sentaba para poder descansar de tanta tienda.
- Creo que sé dónde puede estar la tienda indicada.
- ¿Seguro?
- Sí, si no lo dejamos para otro día.
- Vale. - Resopló y los dos seguimos con nuestro camino pero esta vez acertando con el lugar al que nos dirigíamos.

*Narra Carlos*

Arranqué el coche y fui a recoger a Ana. Pensábamos en pasar el día juntos. Iríamos a ver alguna camiseta o algo, comeríamos juntos y por la tarde iríamos al cine. Era un buen plan, me apetecía estar con ella. 
La llamé para avisarla de que había llegado y que había aparcado en frente de su casa. A los pocos minutos salió alegre de su portal y entró en el coche sonriente.

- ¡Hola rubio! - Se inclinó y me besó. Cerró la puerta del coche y se abrochó el cinturón. Ya estábamos listos.
- ¿Al final primero miramos alguna tienda? - Pregunté mientras volvía a la carretera.
- Sí, ¿no?
- ¡Por mí vale!
- Pues entonces vamos. - La sonreí y veinte minutos después ya habíamos llegado al parking. No nos costó encontrar un hueco libre, era pronto así que aún no había llegado mucha gente.
Subimos por las escaleras, que nos pillaban más cerca, y fuimos entrando en tiendas. Ella no tardaba en coger ropa para probársela, aunque yo ya estaba acostumbrado a esto. Al final me acababa pareciendo hasta divertido, ella de un lado a otro rebuscando y preguntándome todo el rato si le quedaba bien la ropa que cogía. Entró por última vez en el probador y yo salí fuera de la tienda a esperarla en la puerta, empezaba a tener calor. Pasaron por allí Dani y David, sabía perfectamente lo que buscaban. Me vieron y se acercaron.

- ¿Mañana de chicas? - Bromeó el moreno.
- Estamos mirando tiendas.
- Bueno, veo que tú ya te has rendido. - Dijo Dani.
- ¡Es que dentro hacía calor! - Me quejé.
- Ya... Seguro, seguro.
- Anda, nos vamos porque va a salir Ana y va a empezar a preguntar. ¿Tú le has dicho algo?
- Dani, dijiste que no dijéramos nada y no lo he hecho. Tranquilo.
- Muchas gracias. - Respondió con una sonrisa.
- Bueno Carlitos, ¡hasta luego!
- ¡Adiós chicos! 

Pocos segundos después salió Ana de los probadores. ¡Justo a tiempo! No se dio cuenta de la presencia de Dani y David así que me ahorraría muchas excusas en respuesta a sus preguntas.

*Narra Rocío*

Miré el reloj. Me había quedado dormida hasta tarde. Dani ya se había levantado y había salido de la habitación, estaría en el salón viendo algún programa. Me incorporé rápidamente llevándome como castigo un pequeño mareo.

- Puf, ¡qué cansancio! - Susurré.

Salí del cuarto bostezando y estirándome.

- ¿Cielo? - Alcé la voz. No obtuve ninguna respuesta. - ¿Dani? - Insistí. Tampoco me respondió nadie. Entré de nuevo en la habitación y vi una nota sobre la mesilla.

'¡Buenos días princesa! Espero que hayas dormido bien. He tenido que salir ha comprar un par de cosas, en un rato llegaré a casa a tiempo para la comida. Te amo tonta.'

Pues nada, otra vez sola. Lo bueno de esta vez es que Dani llegaría en un par de horas.
Desayuné y entré otra vez en la habitación, la recogí un poco y me fui a asearme. Una hora después ya había terminado y no tenía nada que hacer así que decidí llamar a alguna de las chicas. Primero probé con Ana pero no obtuve respuesta, estaría con Carlos. Después lo intenté con Elena que, tras varios segundos de espera respondió.

*Conversación telefónica*

- ¿Diga?
- ¡Hola! - Respondí alegre.
- ¡Hola Roci!
- ¿Qué tal la mañana?
- Estás aburrida, ¿no? 
- ¿Cómo lo sabes? - Pregunté algo sorprendida.
- Porque normalmente no me llamas para preguntarme que qué tal, ¡para eso ya está WhatsApp! Siempre que llamas es o por cotilleos o porque es algo urgente.
- Puede ser, puede ser.
- ¿No está Dani contigo?
- No, ha salido a comprar.
- ¿Osea que me llamas porque estás sola y te aburres?
- No hombre, para saber cómo estás, ¡que yo te quiero mucho!
- Ya, ya... Bueno, que me tengo que ir tonta.
- ¿Y eso? ¿Tú también me abandonas?
- Sí, tengo que ir a ayudar a mi hermana un momento. ¡Luego hablamos!
- Vale. ¡Adiós!
- ¡Chao! - Las dos colgamos.

*Narra David*

¡Por fin lo habíamos conseguido! Después de dar tantas vueltas por los centros comerciales finalmente fuimos a una tienda de Madrid que conocía Dani. Allí encontramos lo que él quería y pudimos irnos tranquilos. Subimos al coche y nos dirigimos a nuestras casas. De camino su móvil comenzó a sonar. 

- ¿Quién es? - Me preguntó ya que yo podía ver su móvil desde el sitio.
- No sé, no tienes guardado ese número. - Dani alargó el brazo y cogió el teléfono.
- ¿Hola?- Descolgó.- Sí, soy yo. ¿Ha pasado algo? - Respondió primero. Al otro lado del teléfono alguien parecía estar dándole una mala noticia, se podía ver como sus ojos se iban aguando. - Vale, salgo ya para allá. - Colgó.
- ¿Ha pasado algo Dani?
- Tenemos que ir al hospital.

miércoles, 1 de enero de 2014

Capítulo 34.

*Narra Clara*

- Luego te veo cielo. Te quiero. - Blas se acercó y me besó. Salí de su casa y me dirigí a mi urbanización. Eran casi las cuatro y media, había quedado con las chicas dentro de dos horas porque hacía mucho calor, así que tendría tiempo para arreglarme, ya que luego nos veríamos todos.
Cogí el coche y en unos veinte minutos ya estaba aparcando en el garaje. Llamé al ascensor y vi como Rocío se acercaba corriendo a mí para que la esperara.

- ¡Rocío! ¿No habíamos quedado más tarde? - La pregunté.
- Sí, pero digamos que Dani me ha echado de casa un par de horas. Me dijo que tenía que hablar con los demás y que era cosa de ellos, no sé, estaba muy raro...
- No te preocupes, ya verás que es una chorrada, además, ¡luego les vemos!
- Ya... 
- ¿Te subes a mi casa? - Propuse sonriente.
- Sí, ¡que si no a ver qué hago yo hasta que llegue la hora!
- Se te echa de menos por aquí Rocío...
- ¡Pero nos seguimos viendo casi todos los días!
- No es lo mismo, antes sólo tenía que bajar las escaleras.
- Anda, ven aquí. - Me abrazó. - Le voy a tener que decir a Blas que te dé un poco más de cariño, que luego me vienes sensible.
- ¡Mira que eres tonta! - Llegamos a mis piso y las dos pasamos. Una vez dentro, fuimos a mi habitación y ella me ayudó a elegir la ropa para esta tarde. Echaba de menos estos momentos.

*Narra Dani*

La verdad es que estaba bastante nervioso. Llevaba pensándolo un tiempo, pero primero se lo tenía que decir a los chicos. ¿Me apoyarán? Bueno, son como mis hermanos, seguro que sí. Pero aún así no sé si iban a estar de acuerdo con mi decisión, pensarían que es precipitado. En estos momentos sólo quería que llegara la hora para poder decírselo a ellos.
Un rato después los cinco estábamos reunidos.

- Bueno, dinos, ¿qué es eso que nos tienes que contar? - Preguntó primero David.
- Oye, ¿y Rocío? - Dijo Carlos.
- Creo que ha ido a casa de Clara, ella no podía estar aquí.
- ¿Y eso? ¿No puede saber lo que nos tienes que decir? - Preguntó Blas.
- ¡No! A ver, os lo voy a contar a vosotros pero por favor, que de aquí no salga. - Rogué.
- Vale. - Me respondieron los cuatro a la vez. Minutos después les había contado lo que quería hacer. Todos tenían la cara que me esperaba, estaban sorprendidos.
- ¿Lo dices de verdad? - Me preguntó Álvaro.
- Pero, ¿ya? - Blas no terminaba de creérselo.
- ¿En serio? - Dijo David.
- Sí, lo digo de verdad, y no, aún no, pero dentro de poco.
- Qué fuerte. - Término diciendo Carlos.
- ¿Creéis que hago bien? - Pregunté mirando al suelo.
- Si es lo que de verdad sientes y lo que quieres, está claro que haces bien. - Opinó Blas.
- Yo creo que Blas tiene razón. Pero de todas formas piénsatelo bien. - Continuó Álvaro.
- La verdad es que creo que lo tengo bastante claro. - Seguimos hablando un buen rato y todos me apoyaron.
- ¿Entonces mañana voy contigo? - Me preguntó David.
- Sí, así lo tengo ya comprado y dejo de agobiarme, bueno, y si quiere venir alguno más que venga, pero supongo que querrán estar sus chicas. - Lo demás asintieron.

*Narra Lucía*

Ya estaba abajo esperando a que Clara bajara. Con el paso del tiempo se había ido volviendo más puntual, pero parecía que hoy volvía a tardar. Miré la hora en el móvil y vi que ya eran las seis y media, Elena y Ana estarían esperándonos.

- ¡Lo siento! - Exclamó Clara saliendo de su portal. Detrás de ella iba Rocío.
- Muy mal Clara, ¡yo que pensé que ya eras puntual! - La dije bromeando.
- ¡Ha sido su culpa! - Señaló a Rocío.
- ¡Encima! Yo que te estaba haciendo compañía...
- Bueno chicas, el caso es que las otras dos ya deben estar esperándonos, ¡así que vamos! - Tras decir esto las tres salimos de nuestra urbanización y fuimos con las demás. Poco después ya habíamos llegado.

- ¿Esta vez de quién ha sido la culpa? - Preguntó Elena cuando llegamos.
- ¡De ella! - Rocío y Clara se señalaron mutuamente. 
- Pobre Lucía... - Acabó respondiendo Ana.
- Bueno, ¿ahora qué hacemos?
- Ni idea. ¿Damos una vuelta hasta que nos llamen los chicos? - Propuso Clara.
- Por mí vale. - Respondió Elena. Pero justo cuando empezamos a caminar me llamó David.
- Chicas, creo que ya vienen. - Dije sacando mi móvil del bolsillo. Me alejé un poco para poder hablar mejor.

* Conversación telefónica*

- ¡Hola cariño! ¿Os queda mucho?
- No, ya estamos de camino. En unos diez minutos os llamamos para que nos digáis donde estáis e ir con vosotras.
- ¡Perfecto!
- ¡Pues hasta luego cielo!
- Espera un momento.
- Dime.
- ¿Sabes por qué no podía estar Rocío hoy con vosotros? Me han contado Clara y ella que habíais quedado los cinco para hablar en casa de Dani y él no la dejaba estar,  y ella , bueno... Ella está algo preocupada.
- Em... No, no pasa nada con ella. Eran cosas de trabajo, nada más.
- ¿Y entonces por qué no podía estar?
- Pues... Bueno, no sé, cosas de Dani.
- Vale... Luego hablaré yo con él.
- ¡No! Tranquila, ahora le digo yo algo, pero tú no le digas nada, hazme caso.
- Estáis muy raros los dos.
- ¿Raros? No. Anda tonta, ahora te veo. Te quiero.
- Hasta ahora. Te quiero. - Colgué pensativa.


- Dicen que ya están de camino, que un rato nos llamarán para saber dónde estamos. - Dije una vez que había vuelto con la demás. Decidí no contarlas el resto de la conversación. Ya lo diría cuando consiguiera enterarme de algo más.