sábado, 22 de febrero de 2014

Capítulo 40.

*Narra Rocío*

Me encontré con Ana y Carlos y fuimos un rato a casa de ésta. Al principio iba a ser una pequeña charla, pero ninguno de los tres nos dimos cuenta de que ya habían pasado varias horas.

- ¡Pero no es justo! ¡Éramos muy pequeñas! - Ana intentaba defenderse de las anécdotas que le contaba a Carlos de cuando teníamos unos siete u ocho años. ¡Nos conocíamos desde hace tanto tiempo, y habíamos hecho tantas burradas!
- ¡Veo que os lo pasabais bien eh!
- ¡Puf! ¡Y la de cosas que todavía nos quedan por contar! - Dije riendo con mi amiga.

Charlamos un rato más, los tres empezábamos a tener hambre, miré mi muñeca sorprendida al ver la hora que marcaba mi reloj.

- Chicos, me voy a tener que ir yendo, es bastante tarde, a lo mejor hasta ha llegado Dani a casa. - Dije levantándome del sofá.
- ¿Segura? Si quieres te puedes quedar a cenar aquí. - Me propuso Ana.
- No, tranquilos, prefiero ir a casa y así poder dejar todo esto. - Señalé las bolsas que había a la entrada, al fin y al cabo yo había salido a comprar.
- Bueno, vale. Pues mañana os vemos a Dani y a ti, ¿no? - Dijo Carlos mientras se levantaba con su pareja de su asiento para acompañarme a la entrada.
- Sí. ¿Al final en casa de quién comeremos? - Pregunté agarrando mis cosas.
- En la de Clara. Es la casa más grande y ahora no está nadie salvo ella. Es la mejor opción. - Respondió Ana con una sonrisa.
- Vale, ¡pues os veo mañana! - Les di dos besos a cada uno y me dirigí al piso que tenía con Dani para poder cenar agusto y dejar la compra. Al final no había sido mala idea salir aquella tarde.
Llegué a casa, coloqué todo y me descalcé. Me preparé algo de cenar y encendí la televisión, nada interesante. Miré la hora de nuevo, Dani estaría a punto de llegar, y antes de seguir pensándolo entró por la puerta.

- ¿Qué tal la cena? - Le pregunté incorporándome del sofá y dándole un cariñoso beso.
- Bien, ha estado bien. - Respondió sin muchos ánimos.
- ¿Ha pasado algo? - Pregunté entrando detrás de él a la habitación.
- No, de verdad. - Seguía triste, aunque intentó sonreír falsamente. Me acerqué a él y le abracé, seguramente habría sido duro tener que juntarse con parte de su familia con todo lo que les está pasando. - Gracias Rocío.
- ¡Anda tonto! Sabes que siempre que necesites un pequeño abrazo me tienes aquí. - Al terminar la frase me apretó más contra él. - ¡Ey! No me voy a ir, tranquilo.
- Te quiero.
- Y yo bobo. - La verdad es que el abrazo fue bastante largo, incluso se le escapó alguna que otra lágrima. Me necesitaba y ahí estaba. Como le prometí hace tanto tiempo. - Bueno, acuérdate de lo de mañana, al final la comida es en casa de Clara. - Le conté sonriendo después de separarnos.
- ¿Mañana? Bueno... Yo... A la comida no podré ir... - Respondió tartamudeando.
- ¿Y eso? ¿Ha pasado algo más?
- No, no. Es que... Bueno, antes me dijo Lara que quería quedar conmigo para comer y que si podía ser mañana.
- ¿Y no la has dicho que ya habíamos quedado todos juntos?
- Sí, pero se puso muy pesada. A insistir y tal... - Contestó agachando la cabeza.
- Bueno, creo que no hace falta que te diga lo que pienso.
- Ya lo sé. Y tranquila, no va a decirme nada.
- Me da igual Dani. Después de todo la estás cambiando por todos nosotros y no me parece justo...
- Ya, lo sé. - Salí de la habitación. - ¡Pero no te enfades! - Me siguió hasta el salón.
- No, no me enfado. Simplemente sabes que no me parece bien después de todo. Tú haz lo que quieras, pero no lo veo justo por los chicos... - De nuevo entré en la habitación y me metí en la cama. Si seguía hablando seguramente acabarían mal las cosas.

*Narra Dani*

Hoy me tocaba madrugar otra vez. Tenía pensado prepararme rápido para salir de casa pronto y así hice. En cuanto estuve listo cogí el coche y fui al hospital de nuevo. 
Un rato después ya había llegado. Me sorprendió no ver a nadie en la sala de espera enfrente de la habitación de mi madre. Decidí dar dos golpecitos en la puerta y pasar dentro. Allí estaba mi padre. Vi cómo mi madre me miraba, ¡se había despertado! Mi padre me contó todo lo que había pasado aquella noche, él se quedó durmiendo en el hospital y ella despertó. Los médicos le dijeron que había mejorado muchísimo, que se iba recuperando poco a poco del accidente. 
Me acerqué a la cama y hablé con ella, ¡la echaba tanto de menos! Seguí dentro de la habitación hasta que uno de los doctores me informó de que debía salir, ya nos avisarían cuándo podíamos entrar.
Decidí llamar a Rocío para contarle todo, ¡estaba tan contento!

*Llamada telefónica*

- ¿Sí? - Contestó somnolienta. Seguramente acababa de despertarla.
- Siento haberte llamado pronto. 
- No pasa nada pero, ¿qué ha pasado? ¿Qué tal va todo?
- ¡Genial! ¡Se ha despertado! - Dije eufórico.
- ¿En serio? Dani, ¡me alegro muchísimo!
- Muchas gracias, ¡luego os veo!
- Vale, ¡dale recuerdos a todos! ¡Te quiero!
- ¡Vale! ¡Yo también!

Colgué y bajé a la cafetería. Había salido tan rápido de casa que ni siquiera pude desayunar. 

- ¡Dani! - Escuché detrás de mí.
- ¡Vaya! ¿Ya estás aquí?
- Sí, me apetecía verte pronto y al final he venido más temprano.
- ¿Has desayunado?
- Aún no, ¿quieres que desayunemos juntos aquí?
- Bueno, prefiero en una cafetería que hay fuera. Es... Mejor. - Salimos del hospital para poder tomar algo. No quería que una de la primeras cosas que viera mi madre al despertar fuera a Lara. Ellas si que no podían ni verse...

*Narra Álvaro*

Elena y yo iríamos más pronto a casa de Clara. Queríamos ayudar a la pareja a preparar toda la comida, ya que éramos bastantes y esos dos solos en la cocina eran un peligro. Casi dos horas antes fui a recoger a Elena y llegamos a casa de Clara dando un paseo, era un día de verano soleado y agradable.

- ¿Quién es? - Preguntaron al descolgar el telefonillo.
- Somos Álvaro y yo. - Respondió la del flequillo.
- ¿Quién es yo?
- ¡Ábrenos Blas! - Respondió riendo. El moreno la hizo caso y nos abrió. Subimos al piso y empezamos a preparar la comida de aquella tarde.
- Sabéis que al final somos nueve, ¿no? - Dijo Clara mientras sacaba un mantel para cubrir la mesa.
- ¿Por qué? ¿Quién falta? - Pregunté.
- Dani, al final no come con nosotros...
- ¿Y eso? - Preguntó Blas. 
- Va... A comer con Lara... Ya nos lo explicará luego... De todas formas vendrá más tarde. - Todos mantuvieron el silencio. No había nada que decir. - Pero hay una buena noticia... ¡Su madre despertó esta madrugada! - Miré a Elena y levanté las cejas en señal de que hablara. A lo mejor hasta podríamos prepararle la fiesta aquella tarde.

sábado, 15 de febrero de 2014

Capítulo 39.

*Narra Dani*

Decidí pasar por casa y darme una ducha para despejarme. La verdad es que tenía algún que otro lío en la cabeza...
Abrí la puerta y entré. Me descalcé bastante rápido y abrí el grifo de la ducha. 
Poco después había terminado. Salí del cuarto de baño. Rocío aún no había llegado. Me dijo que iría a comprar algo de comida, que no había mucha en casa. Me vestí eligiendo la ropa adecuada para esta noche, había quedado con mi hermana y mi padre para cenar e intentar animarles un poco, aunque también era yo quién necesitaba esos ánimos. Salí hasta el salón y cogí el móvil de encima de la mesa. Tenía una llamada perdida de Lara y mensajes de WhatsApp, alguno de amigos, otros de familiares y de Rocío. Ésta última decía que llegaría un poco más tarde a casa porque se había encontrado con Carlos y con Ana. Decidí leer los demás mensajes. Todo eran tonterías y gente que preguntaba por el estado de mi madre. Respondí a todos y abrí Twitter, me apetecía contestar las menciones de Auryners. 
Un rato después me acordé: ¿Qué querría Lara? Busqué su número entre mis contactos del móvil y la llamé.

*Llamada telefónica*

- ¿Diga? - Descolgó.
- ¡Hola Lara! Acabo de ver que me has llamado hace un rato y no me había dado cuenta. ¿Pasa algo?
- No tranquilo, era simplemente para ver si mañana podíamos quedar para comer. Como hoy has ido con Rocío...
- ¿Mañana? Verás... Había quedado con ella y todos los demás para comer y pasar la tarde juntos.
- ¿Y no puedes quedar con ellos otro día?
- Bueno, a ver, si fuera una o dos personas... Pero sería cambiar los planes de nueve.
- No creo que pase nada por un día Dani. - Respondió molesta.
- Ya te aviso luego y te cuento.
- ¿Qué pasa? ¿No quieres quedar conmigo?
- ¡No es eso! ¡Claro que quiero verte! - Respondí de la manera que pude. Verla sí que quería verla, pero si fuera otro día que no hubiera quedado con todos, todo sería mejor.
- ¿Entonces cuál es el problema? Mira, si quieres te acompaño al hospital por la mañana, como hoy, comemos y te vas con el resto de Auryn y las demás, ¿te parece buena idea?
- Bueno... Vale. Ahora aviso al resto.
- ¡Vale! - Respondió eufórica.
- Mañana te veo. Un beso Lara.
- ¡Chao Dani! Te quiero. - Colgué.

Volví a dejar el teléfono encima de la mesa. De nuevo entré en el baño para arreglarme un poco el pelo. Una vez que me gustó el peinado entré en la habitación. Con los altavoces puse música para relajarme un poco. Me vendría bien para pensar. 

*Narra Lucía*

- ¿Te queda mucho? - Preguntó David desde el salón.
- ¡No, ya salgo! - Respondí elevando la voz mientras metía a presión en el bolso las cosas que me llevaría aquella tarde.
- Lucía que vamos al cine, allí apagan las luces, de manera que no te sirve de mucho arreglarte. - Dijo.
- Si el problema es que ahora no encuentro el móvil... ¿Sabes dónde lo he dejado?
- ¿En el mismo lugar donde dejaste la cabeza? - Rió.
- ¡Como si tú no fueras despistado! - Protesté.
- ¿Quieres que te llame? - Preguntó unos segundos más tarde.
- ¡Aquí está! - Contesté con el móvil en la mano. Estaba segura que el estar con David me había vuelto aún más despistada. 
- Anda, vamos que al final no llegamos. - Dijo abriendo la puerta de mi casa. Salí detrás de él y cerré con llave.
Subimos en su coche y nos acercamos a unos cines bastante amplios que había cerca. Nos paramos enfrente de las taquillas y miramos la cartelera.

- Ya ha empezado. - Dije mirando el título de todas aquellas películas.
- ¿Hay otra que te guste o quieras ver?
- Pues... - Miré un poco más pero nada. No había nada interesante. -
La verdad es que no. ¿Qué quieres que hagamos?
- Propongo dos cosas: la primera es que miremos algunas de las tiendas que hay por aquí y la segunda es que hagamos nuestro propio cine en casa. ¿Qué opinas?
- ¡Prefiero la segunda! Hoy me apetece descansar un poco. ¿Volvemos a mi casa?
- Por mí vale.

Cogimos el ascensor más cercano y bajamos al garaje del centro comercial. Antes de llegar a casa pasamos por un supermercado que había al lado. Queríamos comprar chuches, palomitas y refrescos. Tenía que ser un cine en condiciones.

- ¿Blas? - Escuché que preguntaba David detrás de mí. Me giré y le encontré hablando con la pareja.
- ¡Vaya! ¿Qué hacéis aquí? - Pregunté.
- Un poco de compra, vamos a pasar estos días en mi casa y la verdad es que mucha comida que sepamos preparar no hay. - Me respondió Clara.
- ¿Queréis veniros con nosotros a ver una película? Cuando hemos llegado al cine ya había empezado la que queríamos ver y vamos a hacer un cine en casa de Lucía. - Explicó David.
- ¡A mí me apetece! - Respondió Blas animado. 
- ¡A mí también! ¿Terminamos de comprar las cosas y nos vemos en un rato en casa de Lucía?
- Sí, ¡nos vemos ahora os vemos! - Respondí.

David y yo pasamos por las cajas para pagar lo que queríamos comprar y subimos a mi casa a organizarlo todo. Media hora después llamaron al timbre.

- ¡Voy yo! - Dije acercándome a la puerta. Abrí y Blas y Clara pasaron dentro. Nos saludamos y entramos en el salón.
- ¿Qué peli vamos a ver? - Preguntó David tomando asiento en el sofá. Blas y yo nos miramos y reímos, sabíamos que si Clara y el otro moreno se ponían de acuerdo acabaríamos viendo cualquiera de Disney.

*Narra Dani*

Colonia y listo. Salí de casa con las cosas necesarias para la cena y me dirigí al restaurante en el que había quedado con mi hermana y mi padre. Me quedé pensando en Rocío. ¿Seguiría con Ana y Carlos? Me parecía muy raro que aún no hubiera llegado a casa.
Me subí en el coche y en unos veinte minutos ya entraba por la puerta del restaurante. Pude ver como de lejos mi hermana agitaba su brazo derecho en señal de que estaban sentados en esa mesa. Me acerqué riendo y les saludé.

- Hola papá. - Le di dos besos y me acerqué a mi hermana.
- Hermanita. - Noelia se levantó de su asiento para saludarme al igual que mi padre. 

Me senté en la silla que quedaba libre y un rato después empezamos a comer.

- Hijo, ¿cómo es que no ha venido Rocío?
- Me parecía mejor que estuviéramos los tres solos. Además tampoco me dijisteis nada y no sé...
- ¡Tráela para la próxima! ¡Para mí es de la familia! - Respondió mi hermana alegre.
- Bueno, pues para la próxima le diré que se venga. - Sonreí.
- Una cosa... Sé que tampoco es mi asunto pero, ¿por qué ha vuelto Lara?
- La verdad es que no lo sé muy bien del todo. - Tragué saliva.
- ¿Otra vez esa chica por aquí? - Mi padre me miró fijamente. Con esa mirada podía entender todo el odio hacia ella o... Hacia nuestra historia.
- Ha venido para apoyarme, nada más. Me dijo que se enteró de lo de mamá y quería ayudarme.
- Y tú la dejas, ¿no?
- Noelia, ha cambiado. Incluso se disculpó el otro día.
- Daniel, ¿crees que con una disculpa se va a arreglar todo? ¡Casi abandonas el grupo por su culpa! Y a demás ahora tienes a Rocío. Esa chica me gusta para ti. Y también tienes a sus amigas que te apoyan y, como no, al resto de los integrantes de Auryn, que aunque por culpa de Lara te pusieras en contra de todos y cometieras tantos errores, siguen apoyándote día a día. - Me quedé mudo ante el pequeño discurso de mi padre.
- Yo creo que papá tiene razón. - Mi hermana le apoyó. - ¿Estás dispuesto a volver a tropezar en la misma piedra?