*Narra Rocío*
Me encontré con Ana y Carlos y fuimos un rato a casa de ésta. Al principio iba a ser una pequeña charla, pero ninguno de los tres nos dimos cuenta de que ya habían pasado varias horas.
- ¡Pero no es justo! ¡Éramos muy pequeñas! - Ana intentaba defenderse de las anécdotas que le contaba a Carlos de cuando teníamos unos siete u ocho años. ¡Nos conocíamos desde hace tanto tiempo, y habíamos hecho tantas burradas!
- ¡Veo que os lo pasabais bien eh!
- ¡Puf! ¡Y la de cosas que todavía nos quedan por contar! - Dije riendo con mi amiga.
Charlamos un rato más, los tres empezábamos a tener hambre, miré mi muñeca sorprendida al ver la hora que marcaba mi reloj.
- Chicos, me voy a tener que ir yendo, es bastante tarde, a lo mejor hasta ha llegado Dani a casa. - Dije levantándome del sofá.
- ¿Segura? Si quieres te puedes quedar a cenar aquí. - Me propuso Ana.
- No, tranquilos, prefiero ir a casa y así poder dejar todo esto. - Señalé las bolsas que había a la entrada, al fin y al cabo yo había salido a comprar.
- Bueno, vale. Pues mañana os vemos a Dani y a ti, ¿no? - Dijo Carlos mientras se levantaba con su pareja de su asiento para acompañarme a la entrada.
- Sí. ¿Al final en casa de quién comeremos? - Pregunté agarrando mis cosas.
- En la de Clara. Es la casa más grande y ahora no está nadie salvo ella. Es la mejor opción. - Respondió Ana con una sonrisa.
- Vale, ¡pues os veo mañana! - Les di dos besos a cada uno y me dirigí al piso que tenía con Dani para poder cenar agusto y dejar la compra. Al final no había sido mala idea salir aquella tarde.
Llegué a casa, coloqué todo y me descalcé. Me preparé algo de cenar y encendí la televisión, nada interesante. Miré la hora de nuevo, Dani estaría a punto de llegar, y antes de seguir pensándolo entró por la puerta.
- ¿Qué tal la cena? - Le pregunté incorporándome del sofá y dándole un cariñoso beso.
- Bien, ha estado bien. - Respondió sin muchos ánimos.
- ¿Ha pasado algo? - Pregunté entrando detrás de él a la habitación.
- No, de verdad. - Seguía triste, aunque intentó sonreír falsamente. Me acerqué a él y le abracé, seguramente habría sido duro tener que juntarse con parte de su familia con todo lo que les está pasando. - Gracias Rocío.
- ¡Anda tonto! Sabes que siempre que necesites un pequeño abrazo me tienes aquí. - Al terminar la frase me apretó más contra él. - ¡Ey! No me voy a ir, tranquilo.
- Te quiero.
- Y yo bobo. - La verdad es que el abrazo fue bastante largo, incluso se le escapó alguna que otra lágrima. Me necesitaba y ahí estaba. Como le prometí hace tanto tiempo. - Bueno, acuérdate de lo de mañana, al final la comida es en casa de Clara. - Le conté sonriendo después de separarnos.
- ¿Mañana? Bueno... Yo... A la comida no podré ir... - Respondió tartamudeando.
- ¿Y eso? ¿Ha pasado algo más?
- No, no. Es que... Bueno, antes me dijo Lara que quería quedar conmigo para comer y que si podía ser mañana.
- ¿Y no la has dicho que ya habíamos quedado todos juntos?
- Sí, pero se puso muy pesada. A insistir y tal... - Contestó agachando la cabeza.
- Bueno, creo que no hace falta que te diga lo que pienso.
- Ya lo sé. Y tranquila, no va a decirme nada.
- Me da igual Dani. Después de todo la estás cambiando por todos nosotros y no me parece justo...
- Ya, lo sé. - Salí de la habitación. - ¡Pero no te enfades! - Me siguió hasta el salón.
- No, no me enfado. Simplemente sabes que no me parece bien después de todo. Tú haz lo que quieras, pero no lo veo justo por los chicos... - De nuevo entré en la habitación y me metí en la cama. Si seguía hablando seguramente acabarían mal las cosas.
*Narra Dani*
Hoy me tocaba madrugar otra vez. Tenía pensado prepararme rápido para salir de casa pronto y así hice. En cuanto estuve listo cogí el coche y fui al hospital de nuevo.
Un rato después ya había llegado. Me sorprendió no ver a nadie en la sala de espera enfrente de la habitación de mi madre. Decidí dar dos golpecitos en la puerta y pasar dentro. Allí estaba mi padre. Vi cómo mi madre me miraba, ¡se había despertado! Mi padre me contó todo lo que había pasado aquella noche, él se quedó durmiendo en el hospital y ella despertó. Los médicos le dijeron que había mejorado muchísimo, que se iba recuperando poco a poco del accidente.
Me acerqué a la cama y hablé con ella, ¡la echaba tanto de menos! Seguí dentro de la habitación hasta que uno de los doctores me informó de que debía salir, ya nos avisarían cuándo podíamos entrar.
Decidí llamar a Rocío para contarle todo, ¡estaba tan contento!
*Llamada telefónica*
- ¿Sí? - Contestó somnolienta. Seguramente acababa de despertarla.
- Siento haberte llamado pronto.
- No pasa nada pero, ¿qué ha pasado? ¿Qué tal va todo?
- ¡Genial! ¡Se ha despertado! - Dije eufórico.
- ¿En serio? Dani, ¡me alegro muchísimo!
- Muchas gracias, ¡luego os veo!
- Vale, ¡dale recuerdos a todos! ¡Te quiero!
- ¡Vale! ¡Yo también!
Colgué y bajé a la cafetería. Había salido tan rápido de casa que ni siquiera pude desayunar.
- ¡Dani! - Escuché detrás de mí.
- ¡Vaya! ¿Ya estás aquí?
- Sí, me apetecía verte pronto y al final he venido más temprano.
- ¿Has desayunado?
- Aún no, ¿quieres que desayunemos juntos aquí?
- Bueno, prefiero en una cafetería que hay fuera. Es... Mejor. - Salimos del hospital para poder tomar algo. No quería que una de la primeras cosas que viera mi madre al despertar fuera a Lara. Ellas si que no podían ni verse...
*Narra Álvaro*
Elena y yo iríamos más pronto a casa de Clara. Queríamos ayudar a la pareja a preparar toda la comida, ya que éramos bastantes y esos dos solos en la cocina eran un peligro. Casi dos horas antes fui a recoger a Elena y llegamos a casa de Clara dando un paseo, era un día de verano soleado y agradable.
- ¿Quién es? - Preguntaron al descolgar el telefonillo.
- Somos Álvaro y yo. - Respondió la del flequillo.
- ¿Quién es yo?
- ¡Ábrenos Blas! - Respondió riendo. El moreno la hizo caso y nos abrió. Subimos al piso y empezamos a preparar la comida de aquella tarde.
- Sabéis que al final somos nueve, ¿no? - Dijo Clara mientras sacaba un mantel para cubrir la mesa.
- ¿Por qué? ¿Quién falta? - Pregunté.
- Dani, al final no come con nosotros...
- ¿Y eso? - Preguntó Blas.
- Va... A comer con Lara... Ya nos lo explicará luego... De todas formas vendrá más tarde. - Todos mantuvieron el silencio. No había nada que decir. - Pero hay una buena noticia... ¡Su madre despertó esta madrugada! - Miré a Elena y levanté las cejas en señal de que hablara. A lo mejor hasta podríamos prepararle la fiesta aquella tarde.